Astor Piazzolla: 100 años del músico que revolucionó el tango

Amado y rechazado, polémico y audaz. Piazzolla desarmó las estructuras del tango y lo combinó con influencias clásicas y del jazz

Un talento en estado puro. Pedante, solidario, innovador y crítico. Por sus venas corría la sangre italiana que lo llevaba, si era necesario, a defenderse con los puños cuando era adolescente. Ese carácter tormentoso lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera, donde defendería su renovación por el tango con la misma ferocidad. Era Astor Piazzolla.

ACOMPAÑA CRÓNICA: ASTOR PIAZZOLLA – USA7716. MIAMI (ESTADOS UNIDOS), 09/03/2021.- Fotografía cedida por Pupetto Mastropasqua donde aparece Astor Piazzolla, quien será homenajeado en «100 años de Piazzola. El alma del Nuevo Tango», una espectáculo que el Centro Koubek de Miami (EE.UU.) ha reunido para celebrar los 100 años del nacimiento del artista (1921-1992) en Mar del Plata (Argentina). Antítesis de la «vieja guardia» del tango, el bandoneonista y compositor argentino Astor Piazzola, una figura universal con un legado de más de 3.000 piezas musicales, es homenajeado en un espectáculo global, virtual y gratuito organizado desde Miami con motivo del centenario de su nacimiento. EFE/ Pupetto Mastropasqua SÓLO USO EDITORIAL/SÓLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

Un talento en estado puro. Pedante, solidario, innovador y crítico. Por sus venas corría la sangre italiana que lo llevaba, si era necesario, a defenderse con los puños cuando era adolescente. Ese carácter tormentoso lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera, donde defendería su renovación por el tango con la misma ferocidad. Era Astor Piazzolla.

Este músico, nacido el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata (Argentina), protagonizó una absurda polémica entre los tangueros puristas y los renovadores, una discusión que paulatinamente fue diluida por los tiempos, pero que persiste en ciertos rincones de Buenos Aires.

Incluso se llegó a extremos como su presentación en el I Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción, en que el bandoneonista fue recibido entre abucheos y lanzamientos de monedas. Según su nieto Daniel Pipi Piazzolla “lo querían echar diciendo que lo que se presentaba no era tango, pero tocó igual y ganó el segundo premio”, dijo a Radio Nacional de España.

Por suerte, el resto del mundo no tuvo tan en cuenta los reclamos de la ortodoxia y recibió las nuevas lecturas de la música rioplatense con interés.

Un talento en estado puro. Pedante, solidario, innovador y crítico. Por sus venas corría la sangre italiana que lo llevaba, si era necesario, a defenderse con los puños cuando era adolescente. Ese carácter tormentoso lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera, donde defendería su renovación por el tango con la misma ferocidad. Era Astor Piazzolla.
Astor Piazzolla, de niño, actuando con Carlos Gardel en ‘El dia que me quieras’. Foto Fundación Astor Piazzolla

El efímero encuentro con Gardel

El Gato, como lo apodó Aníbal Troilo, su primer padrino musical, logró un quiebre en el tango, y lo llevó a una dimensión internacional que no había protagonizado desde Carlos Gardel.

Precisamente, Piazzolla había actuado de extra en la película de Gardel El Día que me quieras, rodada en Nueva York en 1934.

La revelación del tango

Piazzolla, relatan sus biografías, rechazó el bandoneón que su padre le compró cuando era adolescente. Escuchaba con desdén esa música melancólica que emanaba del instrumento. Finalmente, cambió de idea y llegó a las ligas mayores cuando, a los 17 años, ingresó como bandoneonista en la orquesta de Troilo.

En un principio Piazzolla prefería la música clásica al tango. Pero la pianista y compositora Nadia Boulanger le reveló cuál era su estilo

El tango El Desbande será otra de las piedras fundamentales en su carrera, que se consolidó entre 1950 y 1954 con la producción de una serie de obras en las que moldeó su sello distintivo.

Pero la música clásica lo seducía, lo conducía a un amor ambivalente entre ambos estilos hasta que la exigente pianista y compositora Nadia Boulanger, con quien Piazzolla estudió en París gracias a una beca, le marcó el rumbo: «Acá usted se parece a Stravinsky, a Bartok, a Ravel, pero yo acá no encuentro a Piazzolla», le dijo con las partituras en la mano.

El argentino, entre el temor y el desafío, dejó el piano y tomó el bandoneón. ¡»Pedazo de idiota, esto es Piazzolla!», afirmó la mujer ante la mirada confundida de su alumno, que en ese supo lo que tenía que hacer: desarollar un estilo.

La necesidad de un cambio

Piazzolla creía que el tango corría el riesgo de perderse en las nieblas de la historia si no cambiaba y no reflejaba la cultura de una ciudad que era muy distinta a la que vio nacer a este ritmo, en los barrios periféricos a fines del siglo XIX.

Un talento en estado puro. Pedante, solidario, innovador y crítico. Por sus venas corría la sangre italiana que lo llevaba, si era necesario, a defenderse con los puños cuando era adolescente. Ese carácter tormentoso lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera, donde defendería su renovación por el tango con la misma ferocidad. Era Astor Piazzolla.
Conversando con Borges. Foto Fundación Astor Piazzolla

Creó una forma de tocar el tango en la que combinaba toques clásicos de Ravel y Schroemberg y que luego sazonaba por sonidos del jazz. Se levantaron voces en contra y menosprecios. Pero siguió adelante.

Estados Unidos, Italia, Japón, Francia y Alemania serían sus nuevos destinos, en donde también iniciaría la composición de música para películas.

Ante las críticas doblaba la apuesta: «Mi tango es el Buenos Aires de hoy», decía. “Conmigo sucede que cuando la gente llega a entenderme, yo ya estoy cambiando”, proclamaba con soberbia.

La ametralladora sobre el bandoneón

Su relación con el bandoneón, según Piazzolla, adquiría características pseudo personales: «a veces pienso que es mi psicoanalista, lo empiezo a tocar y largo todo», decía el mismo hombre que describía “Yo no acaricio nada, mis dedos son una ametralladora. Es porque yo toco con violencia, mi bandoneón tiene que cantar y gritar. No concibo el color pastel en el tango”.

“Yo toco con violencia, mi bandoneón tiene que cantar y gritar. No concibo el color pastel en el tango”.

Astor Piazzolla

El Octeto Buenos Aires, hacia 1955, fue la herramienta que usó para renovar el esquema musical del tango. Tras un paso por Nueva York, en 1960 disolvió la agrupación para crear el Quinteto Nuevo Tango, una división de roles musicales más propia del jazz.

Un talento en estado puro. Pedante, solidario, innovador y crítico. Por sus venas corría la sangre italiana que lo llevaba, si era necesario, a defenderse con los puños cuando era adolescente. Ese carácter tormentoso lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera, donde defendería su renovación por el tango con la misma ferocidad. Era Astor Piazzolla.
Piazzolla, el hombre que llevó el tango a un nuevo lugar. Foto EFE

El Quinteto Buenos Aires

El Quinteto estaba formado por piano, violín, guitarra eléctrica (otro sacrilegio), contrabajo y con Piazzolla tocando el bandoneón, ahí de pie, rompiendo con el molde que este instrumento se toca sentado y en una actitud reflexiva. Cuando le decían que “eso no es tango”, respondía que él tocaba “música contemporánea de Buenos Aires”. Y punto.

Con sus músicos tenía una relación de cooperativa, otra rareza entre las agrupaciones y orquestas. El Quinteto le dio sus mayores satisfacciones artísticas, como la célebre pieza Adiós Nonino, una maravilla concebida por el dolor tras la muerte de su padre.

Ser o no ser popular

En su búsqueda de nuevos caminos, ya se había asociado con Jorge Luis Borges para el disco El Tango (1965), pero los choques fueron frecuentes y hubo que esperar 20 años hasta que el bandoneonista ponga música a unos cuentos del escritor.

A Piazzolla no le importaba no ser popular. «Si quisiera serlo, tendría que simplificar y eso sería como vender mi alma al diablo».

Un talento en estado puro. Pedante, solidario, innovador y crítico. Por sus venas corría la sangre italiana que lo llevaba, si era necesario, a defenderse con los puños cuando era adolescente. Ese carácter tormentoso lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera, donde defendería su renovación por el tango con la misma ferocidad. Era Astor Piazzolla.
Junto a Maradona. Foto Fundación Astor Piazzolla

Pero los éxitos seguían llegando, como la Balada para un Loco, interpretada por su pareja Amelita Baltar; o Libertango, grabado en Milán en 1974 y con numerosas versiones de otros artistas, como Grace Jones.

La actuación de 1983 en el Teatro Colón de Buenos Aires fue una de las más importantes en la carrera de Piazzolla

En los ’70 y ’80 consideraba al mundo como su hogar, con largas temporadas en Roma y París, con giras por Sudamérica, Europa, Japón y Estados Unidos; con premios ganados como el César en 1986 por la banda sonora de El Exilio de Gardel, y con nuevos acercamientos con el jazz como las actuaciones con Gary Burton en el Festival de Montreux.

Pero nunca abandonó a su Buenos Aires. Uno de los conciertos más importantes de su vida fue en el Teatro Colón en 1983, compartiendo escenario con la Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina. Tras bajar del escenario, en medio de una ovación, le dijo a su nieto “No te olvides nunca de la noche en que su abuelo triunfó”.

Un talento en estado puro. Pedante, solidario, innovador y crítico. Por sus venas corría la sangre italiana que lo llevaba, si era necesario, a defenderse con los puños cuando era adolescente. Ese carácter tormentoso lo acompañaría a lo largo de su prolífica carrera, donde defendería su renovación por el tango con la misma ferocidad. Era Astor Piazzolla.
Fusión de tango y jazz con Gerry Mulligan. Foto Fundación Astor Piazzolla

Homenajes en todo el mundo

Ese niño, ahora baterista, se encuentra de gira por España en el espectáculo de homenaje Piazzolla x 100, que lo ha llevado al Centro Botín de Santander, El Escorial y a Barakaldo.

En todo el mundo desde hace semanas se están organizando un centenar de conciertos, como los 20 días de presentaciones consecutivas en el Teatro Colón, con músicos de diferentes ritmos y latitudes.

También hay documentales y recuerdos de sus actuaciones que se pueden ver en la web de la Fundación Astor Piazzolla, creada por su última esposa Laura Escalada.

La música que supo evolucionar

Piazzolla murió en 1992 tras dos años enfermo por una trombosis cerebral. Su legado resiste con dignidad el paso del tiempo. Y en gran parte se debe a que supo evolucionar cuando era necesario.

«Cambian los presidentes y no dicen nada. Cambian los obispos, a los cardenales, los jugadores de fútbol, cualquier cosa, pero el tango no. Parece que al tango hay que dejarlo así como es: antiguo, aburrido, igual, repetido (…) Mi música es una música de cámara, popular, derivada del tango, en fin. Hay mil vueltas que se le pueden dar. Pero yo me conformo con hacer lo que se me da la gana, que es muy importante». Así era Piazzolla.

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