Adrián Rincón, la música en sus manos

Acaba de finalizar los estudios de dirección de coro y orquesta, algo al alcance de muy pocos. En su caso, además, el mérito es mayúsculo. Adrián Rincón es ciego. Y es el primero en España en conseguirlo

A lo largo de la historia no son pocos los músicos que han alcanzado la gloria a pesar de no ser capaces de ver ni el instrumento ni la partitura que tocaban. Desde grandes figuras de la creación clásica, como el compositor Joaquín Rodrigo, a estrellas del firmamento popular como Stevie Wonder, ninguno de ellos tuvo en la ceguera un obstáculo para compartir su arte con el mundo.

Adrián Rincón.

A lo largo de la historia no son pocos los músicos que han alcanzado la gloria a pesar de no ser capaces de ver ni el instrumento ni la partitura que tocaban. Desde grandes figuras de la creación clásica, como el compositor Joaquín Rodrigo, a estrellas del firmamento popular como Stevie Wonder, ninguno de ellos tuvo en la ceguera un obstáculo para compartir su arte con el mundo.

Pero no se conocía —al menos en España— ningún caso de un ciego al frente de una orquesta. Hasta ahora. La semana pasada, la sala 2 del Auditori de Barcelona acogió el concierto de final de carrera de un estudiante de dirección de coro y orquesta de la Escuela Superior de Música de Catalunya (ESMUC), con la que comparte edificio. Un requisito por el que tienen que pasar todos los alumnos, pero que en su caso despertó inusuales expectativas.

Su nombre es Adrián Rincón Domínguez, nació en Salamanca en 1996 y a los 12 años perdió la vista a raíz de una enfermedad degenerativa de origen genético. Y aunque la pérdida no le cogió por sorpresa —“a los siete años ya había empezado a leer en Braille”—, no por ello este chaval acostumbrado a vencer obstáculos dejó de esforzarse.

A lo largo de la historia no son pocos los músicos que han alcanzado la gloria a pesar de no ser capaces de ver ni el instrumento ni la partitura que tocaban. Desde grandes figuras de la creación clásica, como el compositor Joaquín Rodrigo, a estrellas del firmamento popular como Stevie Wonder, ninguno de ellos tuvo en la ceguera un obstáculo para compartir su arte con el mundo.
Adrián Rincón.

Su lema es que no hay que tener miedo a “a perderse” y que es preciso “salir de la zona de confort e ir a ver qué pasa”. Ama los deportes de riesgo, practica el paracaidismo y el submarinismo, ha participado en la Ruta Quetzal y compite como nadador. Pero por encima de todo, es músico. “Me gusta hacer muchas cosas, pero siempre he tenido claro que lo mío es la música”, explica a Tendencias Hoy, una vez superado el subidón adrenalínico de su primer concierto.

Oído absoluto

La afición le llegó a los tres años de la mano de un tío melómano. “Me gustaban mucho las cosas que él escuchaba, así es que mis padres me apuntaron a una escuela de música”, cuenta. Curiosamente, su primer instrumento fue la trompa —“porque era donde había plazas”—, pero a los ocho, paradojas de la vida, le hicieron cambiar de instrumento “porque no veía al director”. A los 19 terminó la carrera de piano clásico en el Conservatorio Profesional de Salamanca y entonces pensó en dar un nuevo salto.

«La falta de interacción visual con los músicos es una dificultad añadida, pero creo que lo importante es tener claro lo que quieres y trabajar con la orquesta a partir del respeto y la cortesía»

Adrián Rincón

“A esa edad yo ya había comenzado a escuchar música moderna y empezaba a sacar temas de oído. Fue entonces cuando me di cuenta que tenía oído absoluto”, explica. Esa singular cualidad, que posee un porcentaje reducido de la población mundial, le ha abierto las puertas a su siguiente reto. “Empecé a ir a hurtadillas a los ensayos de la orquesta y coro. Escuchaba las correcciones que hacía el director y me daba cuenta que yo también podía hacerlo”.

En 2017 superó las pruebas de acceso a la Esmuc y obtuvo una de las cinco plazas para dirección de orquesta que se ofrecieron ese año. No todo fue coser y cantar, claro, pero se las apañó bien. Además de adaptarse a una nueva ciudad y a un edificio de disposición extraña, tuvo que cumplir con unas exigencias académicas que, en su caso, incluían trabajos que él no podía realizar. Como analizar un gráfico sonoro, por ejemplo. Para dirigir memoriza las monumentales partituras sinfónicas y confía en sí mismo para conseguir que los músicos estén atentos a sus indicaciones, aunque él no les vea.

Artista interdisciplinar

“Es cierto que la falta de interacción visual con los músicos es una dificultad añadida, pero creo que lo importante es tener claro lo que quieres y trabajar con la orquesta a partir del respeto y la cortesía”, apunta. Su concierto de graduación fue la mejor prueba de ello. Eso sí, “estaba tan nervioso que olvidé indicarle a los músicos que se levantaran para saludar”, confesaba después de una audición en la que dirigió la compleja Historia de un soldado, de Stravinski; la Sinfonía número 8, de Dvorak, y una obra para cobla en adaptación orquestal del que ha sido su maestro y guía estos últimos cuatro años, Salvador Brotons.

Rincón memoriza las monumentales partituras sinfónicas para dirigir y confía en sí mismo para conseguir que los músicos estén atentos a sus indicaciones, aunque él no les vea

Con infinidad de proyectos, Adrian Rincón se define como un artista interdisciplinar. Le encantaría volver al Auditori para pisar el escenario de la gran sala sinfónica, pero también está abierto a otras opciones artísticas: director de coro, pianista clásico y de jazz, arreglista, compositor o productor musical. “Nunca se sabe para lo que te pueden llamar”, dice el músico, que espera ser juzgado por sus dotes artísticas y no por su discapacidad física. Aunque, por otra parte, tampoco le importa que se hable de ella. “La minusvalía vende”, comenta, en tono de cachondeo.

Famosos en la oscuridad

El caso de Adrian no tiene precedentes en cuanto a la especialidad que ha escogido, pero la historia recoge numerosos casos de pianistas, guitarristas y compositores ciegos, empezando por la figura del organista, arpista y compositor español del Renacimiento, Antonio de Cabezón (1510-1566).

Grandes músicos desde Antonio de Cabezón a Ray Charles, Stevie Wonder, Andrea Bocelli, Tete Montoliu, Ignaci Terraza o Serafín Zubiri comparten discapacidad visual

El mundo del jazz, el blues y el rhytm & blues es pródigo en este sentido. Entre los nombres más destacados, sin duda, el del compositor, cantante y pianista Ray Charles (1930 – 2004), una de las personalidades más influyentes de la música norteamericana.

Lo mismo puede decirse de su compatriota, el pianista de Ohio Art Tatum (1909-1956), otra gran figura del género y, por descontado, el emblemático cantante, compositor y productor discográfico Stevie Wonder (1950), la gran estrella de la discográfica Motown.

Tampoco hay que olvidar al bolerista y guitarrista puertorriqueño José Feliciano (1945) y, mucho menos al tenor Andrea Bocelli, que con su prodigiosa voz ha vendido más de 90 millones de discos en todo el mundo.

En España, el caso más célebre es el del compositor Joaquín Rodrigo, cuya obra más conocida, el Concierto de Aranjuez, ha sido durante años la partitura que más derechos de autor devengaba a la SGAE. Igualmente notable es el pianista catalán Tete Montoliu (1933 – 1997), la figura más internacional del jazz español.

Siguiendo sus pasos, y en activo, están el pianista de jazz Ignaci Terraza (1962), también una de los nombres más reconocidas del género; el cantante navarro Serafín Zubiri (1964), representante de España en el Festival de Eurovisón en dos ocasiones, en 1992 y 2000, y la emergente estrella del piano clásico Ignaci Cambra (1989), que ya ha tocado en escenarios tan prestigiosos como el Teatro Mariinski de Sant Petersburgo, el Kennedy Center de Washington o las Naciones Unidas. Ahí queda.

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