Trece libros para lo que queda de verano

13, un número extraño para una lista de recomendaciones lectoras, pero lo suficientemente comedido como para que quepan en una maleta de mano con licencia para viajar en una aerolínea low cost

No son pocas las ocasiones en las que mi madre y yo hacemos mención al equipaje de Otto Piffl, el joven comunista que vive en la Alemania Oriental que coprotagoniza la película Uno, dos, tres, dirigida por Billy Wilder. Una maleta en la que dice meter dos pantalones y cuatrocientos libros. La memoria me falla y ya no tengo el reproductor de video en el que vi esta cinta en formato VHS, por lo que es posible que me haya excedido en el número de pantalones.

Foto: Nadia Sitova | Unsplash.

No son pocas las ocasiones en las que mi madre y yo hacemos mención al equipaje de Otto Piffl, el joven comunista que vive en la Alemania Oriental que coprotagoniza la película Uno, dos, tres, dirigida por Billy Wilder. Una maleta en la que dice meter dos pantalones y cuatrocientos libros. La memoria me falla y ya no tengo el reproductor de video en el que vi esta cinta en formato VHS, por lo que es posible que me haya excedido en el número de pantalones.

Aunque el verano se acerca a su particular glaciación de todos los años por estas fechas, aún hay tiempo para leer lo que no se ha leído durante unas vacaciones que duran más pensadas que disfrutadas. Nuestras 13 recomendaciones son las siguientes.

La España vacía antes de la España vacía

Para empezar, un discurso convertido en un libro escrito por un hombre de campo y simple cazador, que es cómo se refería así mismo Miguel Delibes. El sentido del progreso desde mi obra era el título que llevaba el texto que leyó el 25 de mayo de 1975 con motivo de su ingreso en la Real Academia Española. Cuatro años después Plaza & Janés lo publicó como libro y lo tituló Un mundo que agoniza.

En el mismo Delibes se anticipó a todo lo que iba a suceder en relación al desarrollo supeditado al capitalismo. La España vaciada de la que tanto se habla hoy, por ejemplo, se despuebla a la par que se pierde la armonía entre la Naturaleza y el hombre. Delibes decía que “En la Naturaleza apenas cabe el progreso. Todo cuanto sea conservar el medio es progresar, todo lo que significa alterarlo esencialmente, es retroceder”, una idea de incidencia global que el autor vallisoletano plantea de manera local.

No son pocas las ocasiones en las que mi madre y yo hacemos mención al equipaje de Otto Piffl, el joven comunista que vive en la Alemania Oriental que coprotagoniza la película Uno, dos, tres, dirigida por Billy Wilder. Una maleta en la que dice meter dos pantalones y cuatrocientos libros. La memoria me falla y ya no tengo el reproductor de video en el que vi esta cinta en formato VHS, por lo que es posible que me haya excedido en el número de pantalones.

Un recurso que también se emplea en el segundo y tercer libro de esta lista de trece: Un tributo a la tierra, de Joe Sacco, traducido por Carlos Mayor Ortega y publicado por Reservoir Gráfica, y El leopardo de las nieves, de Sylvain Tesson, traducido por Juan Vivanco Gefaell y publicado por Taurus.

En el primero el periodista e ilustrador Joe Sacco cuenta la historia del pueblo de los denes, asentados en el valle del rio Mackenzie, en el noroeste de Canadá. Un territorio en el que chocan las culturas nativas que viven en él y los intereses de las empresas por extraer del mismo petróleo, gas y diamantes. Las actividades derivadas de esas extracciones para conseguir dichos recursos naturales no sólo afectan al entorno, también a las personas del sitio y su modo de vida tradicional.

Domesticar la naturaleza

En el segundo libro de esta dupla, el aventurero y nómada Sylvain Tesson, cuenta su experiencia en un viaje en el que acompañó al fotógrafo francés de naturaleza Vincent Munier (autor, a su vez, de otro libro hecho a partir de varios viajes, El leopardo de las nieves o la promesa de lo invisible, traducido por Inés Clavero y publicado por Errata Naturae), siguiendo el rastro del leopardo de las nieves por las montañas del Tíbet.

No son pocas las ocasiones en las que mi madre y yo hacemos mención al equipaje de Otto Piffl, el joven comunista que vive en la Alemania Oriental que coprotagoniza la película Uno, dos, tres, dirigida por Billy Wilder. Una maleta en la que dice meter dos pantalones y cuatrocientos libros. La memoria me falla y ya no tengo el reproductor de video en el que vi esta cinta en formato VHS, por lo que es posible que me haya excedido en el número de pantalones.

Leyendo a Tesson y a Munier el lector toma conciencia del sacrificio que hay que hacer para ver la estela de este hermoso animal, sus ojos son del color de la escarcha dicen ellos que lo han visto, en peligro de extinción. Mientras espera horas y horas, a temperaturas de menos treinta grados bajo cero, tumbado, Tesson tiene tiempo para reflexionar sobre por qué y cómo el hombre se empeña en domesticar a la naturaleza.

De lenguaje y vocabulario

Volviendo a Un mundo que agoniza, algo que se hará más veces en esta lista, a Delibes más que el despoblamiento de los pueblos, lo que le preocupaba era que fueran mudos por la falta de literatura. Por eso es tan importante para él el lenguaje, el vocabulario que emplea para contar las historias que cuenta.

Una técnica que también ha empleado Andrea Abreu, autora canaria que ha escrito Panza de burro, publicado por Barret. Una novela en la que es relevante lo que cuenta y cómo lo hace, y sin incluir un glosario. La historia está escrita desde lo quinqui y ambientada en los Piquetes, un barrio de un pueblo siempre nublado del norte de Tenerife. Uno de esos sitios en los que los turistas no reparan y las oficinas de turismo maquillan.

No son pocas las ocasiones en las que mi madre y yo hacemos mención al equipaje de Otto Piffl, el joven comunista que vive en la Alemania Oriental que coprotagoniza la película Uno, dos, tres, dirigida por Billy Wilder. Una maleta en la que dice meter dos pantalones y cuatrocientos libros. La memoria me falla y ya no tengo el reproductor de video en el que vi esta cinta en formato VHS, por lo que es posible que me haya excedido en el número de pantalones.

La isla se la cuentan al lector dos niñas amigas que a penas van a la playa y que si se bañan en una piscina es porque les da permiso el jefe de la madre de una de ellas que es limpiadora de habitaciones en un hotel de esos de todo incluido y que ayudan mucho menos de lo que dicen un puñado de interesados a la economía local.

Andrea Abreu para poder escribir Panza de burro desde lo quinqui ha tenido que realizar un importante trabajo de restauración del léxico y la sintaxis del español canario de su entorno y gente.

El progreso… o no

Delibes se anticipó a muchos acontecimientos relacionados con el progreso y el medioambiente, igual que hicieron Aldous Huxley y George Orwell a nivel político y social.

La sombra de este último autor se deja ver en La policía de la memoria, de Yoko Ogawa, traducido por Juan Francisco González Sánchez y publicado por Tusquets. Una novela que avanza al ritmo que desaparecen los pájaros, los árboles, la memoria en general de los habitantes de una pequeña isla en la que cada vez hay menos cosas que recordar. Aquel que conserve algún recuerdo de aquello que ya no existe corre el riesgo de ser detenido por la policía de la memoria.

No son pocas las ocasiones en las que mi madre y yo hacemos mención al equipaje de Otto Piffl, el joven comunista que vive en la Alemania Oriental que coprotagoniza la película Uno, dos, tres, dirigida por Billy Wilder. Una maleta en la que dice meter dos pantalones y cuatrocientos libros. La memoria me falla y ya no tengo el reproductor de video en el que vi esta cinta en formato VHS, por lo que es posible que me haya excedido en el número de pantalones.

También de oriente, en concreto de Corea del Sur, es Won-Pyung Sohn, autora que firma Almendra, traducido por Sunme Yoon y publicado por Temas de Hoy. Una novela cuyo protagonista no siente nada, por muy violento que sea lo que ve o le hacen, porque las amígdalas de su cerebro son más pequeñas que una almendra.

Yunjae, que así es como se llama el personaje principal, muy pronto tiene que crecer y descubrirse así mismo sin ayuda de nadie, al menos sin la ayuda de las personas que uno espera que le ayuden en esos trances tan importantes de la vida. Y lo hará sin sentir ni miedo ni tristeza ni felicidad y sin derramar una lágrima.

Azules y piscinas

Muchas lágrimas, de las de verdad y de las de cocodrilo, hay que derramar para llenar las piscinas que nada de camino a su casa el protagonista del cuento El nadador, de John Cheever, las que fotografía Maria Svarbova (@maria.svarbova) y que recoge en un elegantísimo libro titulado Swimming pools, publicado por New Heroes & Pioneers, y las que frecuenta, además de los mares y océanos de todo el mundo, Bonnie Tsui, en el libro Por qué nadamos, traducido por Alberto Delgado Castro y publicado por GeoPlaneta, un recopilatorio de ensayos, reportajes y crónicas en las que los protagonistas nadan en diferentes aguas y por diferentes razones.

Tanta agua hace pensar en el azul, color que nos indica el lugar en el que no estamos según la ensayista Rebecca Solnit, en su libro Una guía sobre el arte de perderse, traducido por Clara Ministral y publicado por Capitán Swing.

No son pocas las ocasiones en las que mi madre y yo hacemos mención al equipaje de Otto Piffl, el joven comunista que vive en la Alemania Oriental que coprotagoniza la película Uno, dos, tres, dirigida por Billy Wilder. Una maleta en la que dice meter dos pantalones y cuatrocientos libros. La memoria me falla y ya no tengo el reproductor de video en el que vi esta cinta en formato VHS, por lo que es posible que me haya excedido en el número de pantalones.

Las piscinas y el color azul son dos elementos ligados al verano. Estación que concentra la mayor parte de nuestros viajes, aparcados por culpa de la pandemia. Quién sabe si gracias a ella el turismo tóxico va a desaparecer y así no lo van a hacer ciertos lugares del mundo masificados por culpa de una industria más preocupada por enriquecerse que por conservar el patrimonio que explotan hasta esquilmar.

Si Venecia muere, de Salvatore Settis, traducido Nuria Martínez Deaño y publicado por Turner, es un ensayo entre la indignidad y la crítica, también una carta de amor, en la que valora la unicidad, la diferencia y la singularidad cívica y estética de Venecia. Ciudad lagunera en la que son muchos menos los vecinos que viven que los turistas que a penas pasan unas horas en sus canales para regresar a esos rascacielos flotantes a los que ya no les está permitido ni entrar ni atracar en el corazón de Venecia.

Transatlánticos como el Virginian, que hace las veces de hogar al pianista protagonista de la novela corta, Novecento, de Alessandro Baricco, publicado por Anagrama, colección Compactos. Barco en el que se dice que nació y del que nunca desembarcó.

a.
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