Una mañana de filosofía y miedo en la Esquerra del Eixample

Aristóteles, Foucault o Maquiavelo guían los ‘Paseos peripatéticos’ de la segunda edición de la Bienal del Pensamiento de Barcelona

Nietzsche aseguraba que los pensamientos verdaderamente importantes son los que nos vienen mientras andamos, y por eso dedicó gran parte de sus jornadas a trotar por los Alpes suizos. A Kant le gustaba despejar su mente mientras caminaba, así que cada día se reservaba una hora para recorrer los bosques de su Königsberg natal. ¿Y qué decir de Aristóteles? Sus garbeos por el Liceo ateniense en compañía de sus alumnos fueron tan fructíferos que dieron lugar a la célebre escuela peripatética.

En definitiva, paseo y filosofía son viejos amigos, así que no es de extrañar que una de las múltiples actividades de la Bienal del Pensamiento Ciudad Abierta de Barcelona, que se celebra esta semana, consista precisamente en eso: caminar al mismo tiempo que se reflexiona sobre cuestiones de enjundia. Es lo que, en un guiño aristotélico, los responsables del evento denominan Paseos peripatéticos. Rutas guiadas organizadas por La Casa dels Clàssics (institución heredera de la célebre colección editorial Bernat Metge) que permiten redescubrir la ciudad bajo la mirada de algunos de los filósofos más importantes de la historia.

Calzados con unas zapatillas cómodas y dejando el móvil en modo avión para evitar interferencias, nos embarcamos en el paseo que este martes inaugura la segunda edición de la Bienal. El tema: el miedo. La primera parada del itinerario: la antigua prisión Modelo.

La Modelo, o el poder del panóptico

Inaugurada en 1904, la Modelo es uno de los monumentos yuyu por excelencia de Barcelona. Una presencia amenazante que, como un cementerio indio, sigue emanando mal rollo a toneladas desde el corazón del Ensanche a pesar de que cesó su actividad hace tres años.

Estos paseos permiten un acercamiento diferente a la ciudad. Foto: Foto_Ajuntament de Barcelona.
Estos paseos permiten un acercamiento diferente a la ciudad. Foto: Foto_Ajuntament de Barcelona.

Óscar Lorente, el guía de este paseo peripatético, explica frente a la fachada los orígenes de la arquitectura del centro penitenciario. Se trata del modelo panóptico, ideado a finales del siglo XVIII por el pensador inglés Jeremy Bentham, padre del utilitarismo. Un diseño circular, que permite controlar desde un núcleo central las diversas galerías en las que se encuentran los internos. “Bentham creía que si los presos sentían que siempre estaban vigilados se reformarían antes”, dice Lorente.

¿Acertó el filósofo inglés? Michael Foucault, explica nuestro guía, discreparía vehementemente: “Para él, el panóptico establece la obligación de ser normal”. Si sabemos que hay un ojo que todo lo ve, no nos atrevemos a desviarnos de la línea marcada por el poder. Así, en un modelo panóptico, el miedo forma parte del día a día.

El parque Joan Miró: el miedo como diversión

Dejamos la Modelo y nos trasladamos peripatéticamente al parque Joan Miró. El nombre de este pulmón verde del congestionado Ensanche Izquierdo hace referencia al autor de la monumental escultura de forma fálica que preside el espacio desde 1983. Pero, como nos recuerda nuestro guía, el lugar recibía anteriormente una denominación más tétrica: parque del Matadero. Porque ahí, entre 1891 y 1979, estaba el matadero general de la ciudad, del que no queda ni un vestigio.

La idea de terneras que son sacrificadas para que disfrutemos de un buen entrecot nos conduce a hablar del miedo como ocio. “¿Qué sentido tiene buscar el entretenimiento en el miedo?”, se pregunta Lorente. “El miedo tiene un marcado carácter de futuro, ya que tememos lo que pensamos que nos puede pasar, pero si sabemos que los hechos no llegarán, el miedo entra en contradicción con su propia esencia”, reflexiona.

Como nos recuerda el guía, mucho antes de que llegaran Drácula, Frankenstein y compañía, el miedo ya hizo acto de presencia en la Ilíada. Fobos acompaña a su padre Ares en cada batalla. Es el miedo asociado a la guerra.

Fachada de la Modelo. Foto Daniel R. Caruncho
Fachada de la Modelo. Foto: Daniel R. Caruncho.

De la obra de Homero pasamos a los estoicos y epicúreos. Cicerón, explica Lorente, creía que no valía la pena tener miedo a la muerte: si hay vida después de ella, fantástico; si no, no hace falta sufrir. En la misma línea se movía Epicuro, que consideraba que no había que temer al futuro. ¿Para qué preocuparse por lo que no depende de nosotros?

La plaza de España o la fuerza del Estado

Última parada: la plaza de España. Ahí se encuentra la antigua plaza de toros de Las Arenas, hoy reconvertida en centro comercial pero que, como subraya nuestro guía, nos remite de nuevo a la idea del miedo como ocio. Y enfrente de Las Arenas se ubica la mayor comisaría de Mossos d’Esquadra de la ciudad, otro edificio que da pie a la reflexión.

La visión de una comisaría puede despertar sentimientos encontrados: la policía protege, sí, pero también castiga. Como explica nuestro guía, esa dicotomía entre admiración y miedo está muy presente en El Príncipede Maquiavelo. Para conservar el poder es necesario que los súbditos te quieran, pero que también te teman. Y, si hay que decidir qué es más importante, Maquiavelo -explica Lorente- se decanta por el miedo. Porque para el pensador florentino el ser humano es egoísta y, si sólo derrochas amor, acabarán aprovechándose de ti.

Antigua plaza de toros de Las Arenas. Foto: Jeffrey Greenberg | Universal Images Group via Getty Images.
Antigua plaza de toros de Las Arenas. Foto: Jeffrey Greenberg | Universal Images Group via Getty Images.

Esa visión pesimista del ser humano también se halla en la obra de Hobbes. Para el filósofo inglés, cuya vida coincidió con un período especialmente convulso, el individuo hace lo que puede para vivir en paz, y eso conduce a una guerra de todos contra todos y a un ambiente de miedo continuo. La solución: otorgarle al Estado un poder absoluto. Un Leviatán que tiene uno de sus tentáculos en la policía, garante del mantenimiento de la paz social.

Inevitablemente, el paseo peripatético concluye con una referencia a Aristóteles. ¿Cómo veía el miedo el filósofo más griego de la Antigüedad? “Él defendía la moderación, así que criticaba tanto la ausencia como el exceso de miedo. Ser un temerario no conduce a un buen camino, y la cobardía paraliza. El miedo, mejor en la justa medida”, zanja nuestro guía.

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