Xacobe Pato: un diario sin dramas

Desde la librería Cronopios de Santiago de Compostela, Xacobe Pato presenta un diario de sus reflexiones personales que destila épica cotidiana

Es saber que un museo almacena un fondo mayor del que expone y querer visitar el sótano para contemplar esas obras sin desempaquetar, que están por contemplar y fotografiar, cubiertas de polvo. Lo mismo pasa con los diarios. A nadie le interesa el diario que un autor publica; lo que los lectores queremos leer son los fragmentos que no han pasado el corte del pudor, del buen gusto, de la decencia.

Somos lo que nos pasa y contamos y también lo que ocultamos que nos pasó. Queremos leer las miserias del autor narradas en primera persona, para el postureo está Instagram y las fotos musicalizadas tomadas con drones. Sin esos elementos a un diario no lo salva ni un librero que lo coloque en el escaparate de su librería.

En una librería lo que no se ve es difícil que se venda, dice Xacobe Pato (deportivista nacido en Ourense, que ha vivido en Madrid, Coruña y en la actualidad en Santiago), librero de la librería Cronopios de Santiago de Compostela y autor del diario Seré feliz mañana, publicado por Espasa.

Vender tu propio libro

Ahora tiene que vender, entre otros libros, el suyo. Es como si fuera urólogo y tuviera que hacerse una exploración de su aparato. Resulta divertido imaginar a ese cliente lector, que desconoce que el autor del diario que tiene entre sus manos es el librero que pulula por la librería, susurrar para que se le oiga; “Psss, ya publican a cualquiera”.

De hecho, las editoriales publican por encima de sus posibilidades y de nuestra capacidad de almacenamiento, tanto que los libros pasan más tiempo ocultos que expuestos.

Mientras el número de publicaciones crece, la crítica se ha reducido a una palmada en la espalda, a la espera del siguiente libro, que suele ser una nueva genialidad, según los reseñadores profesionales, unos tipos que se valen de cuchillos desafilados para hacer un trabajo que debería ser una carnicería. Las buenísimas críticas que reciben la mayoría de autores y sus libros reflejan que el círculo literario no es una familia. A un familiar se le despelleja vivo o se le deshereda.

Seré feliz mañana, de Xacobe Pato. Editorial Espasa.
Seré feliz mañana, de Xacobe Pato. Editorial Espasa.

Lo que hacen los críticos es escribir postales a un amigo o al vecino que les riega las plantas mientras están de vacaciones. Falta sangre en los suplementos culturales y que se escriba menos de la persona que ha escrito el libro que supuestamente se está reseñando. Los pelotas se han impuesto a las pelotas.

Por eso merece la pena leer a Carlos Boyero en El País y a Alberto Olmos en El Confidencial, autor de Cuando el VIPS era la mejor librería de la ciudad, publicado por Círculo de Tiza, por poner dos ejemplos. Sus columnas salpican una mierda de tan buena calidad que durante su lectura se nos dibuja un deje de cabrón en los labios.

Estos dos tipos son como los buenos cómicos, cruzan la línea que, como público, esperamos que crucen. No se les valora la ironía o mordacidad de sus críticas, que también, sino el hecho de atreverse a hacerlas. El riesgo que asumen es parte de su trabajo, los que no lo asumen no están haciendo un trabajo honesto. Esa honestidad engancha y fideliza, lo que nos convierte en lectores clientes, luego los sectores de los medios de comunicación y editoriales ganan con los textos de estos carniceros del cine y la literatura.

De libros y recomendaciones

Xacobe está en las antípodas del descuartizamiento de películas y libros, él es librero. Él tiene que recomendar lecturas al mayor número posible de feligreses de Cronopios, aunque lo haga de géneros que no le gustan.

Para alcanzar ese punto dice que se ha quitado prejuicios, que cada libro tiene su público. Ha aprendido a recomendar libros que no ha leído, algo que hace valiéndose de las sugerencias de los clientes de la librería en la que trabaja y desarrollando un sexto sentido.

Algo que se intuye Xaco lo ratifica, es imposible leer todos los libros que llegan a las librerías, incluso es imposible saber de qué tratan. Con el tiempo este librero y autor ha desarrollado la capacidad de leer mucho en poco tiempo, aunque sea muy caótico haciéndolo. Empieza a leer un libro pendiente, pero un cliente le recomienda uno y deja el que estaba leyendo para empezar este otro, al tiempo que hace lo mismo con otro que acaba de llegar en el último pedido de la librería. Un librero jamás se libra de un libro pendiente.

Xaco no lo duda, recomendar libros es lo mejor y lo peor de trabajar en una librería. Depende de el interlocutor puede ser una maravilla o una pesadilla. Clasifica a los lectores entre los que piden una recomendación con apertura de miras, que tienen curiosidad, y a los que nada les gusta ni convence. Estos te pueden volver loco, confiesa. Lo divertido, añade, es imaginarse a ese lector al que ha recomendado un libro en su casa quejándose de la basura que le ha sugerido leer ese librero más vanidoso que escritor.

El libro del librero

El diario es un género minoritario, no es el tipo de lectura que más recomienda Xaco en Cronopios e Instagram. Los diarios que anima a leer poco tienen que ver con el suyo: los de Alejandra Pizarnik, publicado por Lumen, los de Sylvia Plath, publicado por ALBA, y los de Iñaki Uriarte, publicado por Pepitas de Calabaza.

Leyendo el diario de Xaco se adivina que no es propenso a meterse en jardines y lo que le ha tenido que costar escribir y publicar casi al mismo tiempo. A pesar de su vergüenza, que se manifiesta en tríos en adelante, se ha lanzado y ha publicado un diario en el que, como David Trueba, los héroes son anónimos y lo cotidiano épico, con toques de humor existencialista gallego.

Xacobe Pato. Foto: Ana E.M.
Xacobe Pato. Foto: Ana E.M.

Cuando escribes un diario dependes de lo que te pasa, no te puedes inventar el drama, se excusa Xaco, como si a su diario le faltaran un par de escenas de acción y una de sexo explícito.

El suyo es un diario construido a partir de autorretratos poblados de la familia, de la pareja, los amigos y los desconocidos, a quienes nombra por medio de iniciales. Cada una de las entradas las fue colgando en su cuenta de Instagram a lo largo del 2018 y 2019.

Durante todo este tiempo su manera de escribir y pensar ha cambiado, sin embargo, no ha quitado las partes en las que esos cambios quedan reflejados. A Xaco le gusta la idea de un diario más o menos desordenado, con cambios de opinión. Lo que sí ha hecho ha sido editar el texto para que fuera uniforme. Los fragmentos que más le gustan de su diario son aquellos en los que él sale mal parado. Confiesa que le gusta quedar mal para tener legitimidad para luego parodiar a la gente de su entorno.

El público quiere más

Los quince segundos de fama de los que hablaba el icono de la cultura pop a los amigos de este librero les sabe a poco. A Xaco su gente le pide un párrafo de página, como si él fuera un Andy Warhol que anda suelto por Santiago.

Xaco, con buenas palabras, está aprendiendo a esquivar las exigencias de su entorno, igual llega el día en que les espeta que aquella cena que ellos han elevado a anécdota, en realidad, fue un plan soporífero del que prefiere no dejar constancia escrita. Este librero que escribe tiende al teatro, fuerza un poco la realidad, la exagera y convierte a los protagonistas en personajes humorísticos. Lo mismo que hacen los usuarios de Instagram. Con razón, Xaco dice que se divierte más en Twitter, aunque cree que debería haber otra red social entre medias de estas dos para que todo el mundo se sintiera más cómodo.

Es verdad que en nuestra casa tenemos enmarcados retratos bonitos y fotos de buenos recuerdos, igual que las que publicamos en las redes sociales, la diferencia es que a nuestra casa invitamos a la gente que queremos, que no siempre coinciden con aquellos de quienes aceptamos una solicitud de amistad.

Con su diario Xaco nos ha invitado hasta el portal de su casa. Los lectores queremos saber si el suelo de su casa es de tarima flotante o cerámica hidráulica, él se está pensando si exponerse un poco más y escribir en esa zona donde no se está a salvo del estallido de una mina antipersona. El punto donde se toman las fotografías que todo el mundo identifica. Mientras se lo piensa, seguirá siendo más amable con todos esos clientes que entran en Cronopios y no saludan.  

a.
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