¿Quién se acuerda de Ramón J. Sender?

Las novelas de Ramón J. Sender están descatalogadas, los ejemplares de segunda mano presentan errores de bulto y, para colmo, la gente no sabe pronunciar su apellido

Ramón J. Sender ambientó El bandido adolescente en el Lejano Oeste. El protagonista es William H. Bonney, más conocido por su apodo Billy el Niño, y la narración se ajusta a los cánones del género al que pertenece: el western. La obra fue publicada en 1965 por Destino, pero la edición contenía tantos errores tipográficos que el propio autor se negaba a regalar ejemplares a sus amigos. Es más, cuando Sender corregía los fallos visibles de la primera edición, en la segunda aparecían otros nuevos.

Veamos alguno de esos errores: en cierto momento, durante un tiroteo, acribillan el piano de un personaje femenino y, unas páginas más adelante, cuando la calma ha vuelto al pueblo, un hombre comenta que ha comprado un ‘piso’ a esa misma mujer. Evidentemente, es un fallo de transcripción. Porque lo que ese individuo regala a la muchacha es un ‘piano’ nuevo. Y, claro, convendremos todos en que no es lo mismo obsequiar a alguien con un instrumento musical que con un apartamento.

El boom editorial

Se pueden apuntar dos motivos para justificar este tipo de errores. El primero primero es que los métodos de edición del último tercio del siglo XX no eran los mismos que ahora y, en aquel entonces, solía ocurrir que el redactor -o incluso el impresor- se equivocaba al transcribir el manuscrito o el mecanuscrito que llegaba a su mesa gracias al servicio de Correos.

El bandido adolescente es una de las obras de Sender reeditadas por Contraseña.

En segundo lugar, a finales de los años 60, después de que José Manuel Lara Hernández dejara estupefacta a la censura otorgando a aquel exiliado el Premio Planeta por su novela En la vida de Ignacio Morell, Sender se convirtió en una auténtica estrella literaria y los sellos editoriales, en especial los vinculados al Grupo Planeta, atiborraron las librerías con el medio centenar de títulos que hasta ese momento sólo podían ser adquiridos en países como México, Estados Unidos y Francia.

A finales de los años 80 el capitalismo consiguió respecto a Ramón J. Sender lo que el franquismo jamás logró: relegarlo al olvido

Ramón J. Sender era el autor del momento y, a mediados de la década de los 80, no había casa en España en la que no hubiera un ejemplar de Réquiem por un campesino español, La tesis de Nancy, Imán o Crónica del alba. Es más, la primera de las novelas antes citada pasó a convertirse, por supuesto tras la muerte del dictador, en lectura obligatoria de muchos institutos.

Y llegó el silencio

Y entonces llegó el silencio. Las editoriales que más atención habían prestado a su labor empezaron a descatalogar sus libros y las librerías de viejo se llenaron de ejemplares de la colección Áncora y Delfín. Ramón J. Sender ya no interesaba.

Por decirlo de un modo sencillo, el capitalismo había conseguido lo que el franquismo jamás logró: relegarlo al olvido. De hecho, hoy sólo están a la venta sus tres o cuatro títulos más famosos y todos en unas ediciones de bolsillo (Austral y Alianzan) que bien podrían venderse con una lupa que permitiera leer sus textos.

Viaje a la aldea del crimen en la nueva edición de Libros del Asteroide.

Editores independientes

Por suerte, ahora un grupo de editoriales ha empezado a recuperar su obra. Lo han hecho de un modo azaroso, sin trazar un plan conjunto, sólo por las ansias de sus responsables por recuperar la voz de un grande de nuestras letras. Hace ya algunos años, Libros del Asteroide publicó Viaje a la aldea del crimen, crónica de aquellos crímenes de estado que se cometieron en la aldea gaditana de Casas Viejas y que forzaron la dimisión del presidente del Gobierno, Manuel Azaña.

De igual forma, Fórcola recuperó Madrid-Moscú, libro en el que el autor narraba un viaje a la Unión Soviética, y Rasmia ha rescatado recientemente La noche de las cien cabezas, una novela con tintes de danza macabra en la que los muertos de un cementerio lamentan su sufrimiento.

Pero si alguna editorial ha emprendido con auténtico empeño la recuperación de Ramón J. Sender es Contraseña. En los últimos meses han publicado Contraataque, una recreación del estallido de la Guerra Civil desde el punto de vista del gobierno legítimo, y El bandido adolescente, de la que ya hemos dado cuenta en este artículo.

Y no acaba ahí la cosa. Próximamente saldrá a la venta Mister Witt en el cantón, donde el autor aragonés reconstruye la rebelión del Cantón de Cartagena, y más adelante lo hará El lugar de un hombre, novela en la que el autor expuso con claridad meridiana el problema del caciquismo en España.

La noche de las cien cabezas, de Rasmia.

¿Cómo se pronuncia Sender?

Así pues, la labor de Contraseña, Rasmia, Fórcola y Libros del Asteroide está sacando del olvido al gran narrador del exilio y, con un poco de suerte, en breve no sólo podremos leer todas y cada una de sus obras, sino también pronunciar su apellido como corresponde.

Y es que muchas personas se refieren al escritor como Ramón J. Sénder, cuando en realidad la vocal tónica es la segunda: [sendér]. De hecho, él mismo escribió un poema en el que se burlaba de semejante confusión: ‘Algunos me dicen Sénder/ y otros me dicen Sender,/ yo atiendo por los dos nombres/ no hay gran cosa que atender’.

El texto se encuentra en el Libro armilar de poesía y memorias bisiestas, publicado en 1974. Pero ustedes no pueden leerlo. Porque está descatalogado.

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