‘País nómada’: esperanza en la carretera

Mitad crónica y mitad ensayo, ‘País Nómada’, de la periodista Jessica Bruder, presenta a los supervivientes del naufragio de la gran recesión económica en los EE UU

Linda May con su pequeño remolque. Foto Capitán Swing.

Linda May con su pequeño remolque. Foto Capitán Swing.

En tiempos de crisis la carretera parece un buen escondrijo. En Las uvas de la ira, de John Steinbeck, los agricultores migran del interior a California durante la gran sequía de los años treinta; sobre el asfalto australiano circulan a toda velocidad unos vehículos tan extravagantes como sus conductores, son los personajes de Mad Max, una película que recrea un mundo donde el Estado no existe por una crisis económica y caos social derivada de la escasez de agua, petróleo y energía.

Un contexto parecido es el que ha llevado a los protagonistas de País nómada. Supervivientes del siglo XXI, una investigación de Jessica Bruder, traducida por Mireia Bofill Abelló y publicada por Capitán Swing, a lanzarse a la carretera y vivir en sus vehículos. Personas que jamás imaginaron que podrían llevar una vida itinerante. Una tribu  en movimiento en la que sus miembros tienen edad para jubilarse, pero no pueden permitírselo. Gente que se sienta alrededor de una hoguera en la que queman unos documentos de una antigua suspensión de pagos.

La carretera como recurso

El pasado verano pandémicos muchas familias españolas se decantaron por el alquiler de caravanas y autocaravanas para pasar las vacaciones y evitar posibles contagios. En Estados Unidos el incremento de las ventas de este tipo de vehículos coincide con el número de desahucios que se han realizado. Coincide porque está ligado, coincide porque en una época de salarios estancados y aumento del coste de la vivienda, son muchas personas las que se han liberado de los grilletes del alquiler y las hipotecas como una estrategia para ir tirando, escribe Jessica Bruder en relación a estos supervivientes que han cambiado el ladrillo de unas viviendas que no pueden pagar por una sobre ruedas que les ofrece una escapatoria.

(Algo que no sucede con la población negra, quienes tienen argumentos de sobra para temer miedo en la calle en caso de cruzarse con la policía, lo que es habitual cuando vives en una furgoneta. Es una manera de ahorrarse un problema que puede desembocar en la muerte para la gente de raza negra).

Un contexto parecido es el que ha llevado a los protagonistas de País nómada. Supervivientes del siglo XXI, una investigación de Jessica Bruder, traducida por Mireia Bofill Abelló y publicada por Capitán Swing, a lanzarse a la carretera y vivir en sus vehículos. Personas que jamás imaginaron que podrían llevar una vida itinerante. Una tribu  en movimiento en la que sus miembros tienen edad para jubilarse, pero no pueden permitírselo. Gente que se sienta alrededor de una hoguera en la que queman unos documentos de una antigua suspensión de pagos.
Silvianne en su monovolumen, la Reina María Esmeralda. Foto: Capitán Swing.

Su hogar es la carretera. Descansan en aparcamientos de grandes superficies comerciales, en calles tranquilas de las periferias de las ciudades, en áreas de descanso, etc. Y de madrugada emprenden la marcha, antes de que nadie se percate de su presencia. Relata Jessica Bruder que “un aparcamiento es el único espacio libre y gratuito que aún queda en Estados Unidos”. Por eso surfean de uno a otro.

Muchos se lanzaron a la carretera cuando la gran recesión consumió sus ahorros o para recuperarse de una mala inversión o de un divorcio y/o de los gastos médicos y académicos. Sin prestaciones sociales, a mucha gente no les queda nada cuando se jubila, o muy poco, y tienen que seguir trabajando. Para llenar el estómago y el depósito de gasolina, Linda May y Silvianne, algunas de las personas que siguió y entrevistó la autora del libro, tienen que trabajar duro y durante largas jornadas en pesadas y reiterativas tareas manuales en diferentes lugares del país. Empleos que la propia Jessica Bruder desempeñó y es que para escribir este libro invirtió tres años, se compró y durmió en una furgoneta, llamada Halen, y recorrió 24.000 kilómetros.

Para escribir el libro, Jessica Bruder entrevistó durante más de tres años a ‘furgorresidentes’ a los que siguió en su propia furgoneta camperizada a lo largo de 24.000 km,

Trabajo de temporada para trabajadores itinerantes

Son muchos los kilómetros que recorren en sus bautizados vehículos, Posada Hazte sitio, el pequeño remolque de color amarillo pálido enganchado a un viejísimo Grand Cherokee Laredo, conducido por Linda, y Reina María Esmeralda, un monovolumen Ford E350 Econoline Super Club de 1990 propiedad de Silvianne, para ir de un trabajo a otro y con unas condiciones que habría que ver si a los jefes les gustaría que tuvieran que firmarlas sus hijos: contratos de carácter discrecional; es decir, el contratante se puede desvincular del contratado cuando quiera, sin justificación alguna, no se incluye ningún tipo de prestación social y se hacen horas de más que no cobran (la que se cobra muchas veces no supera los 10 dólares la hora).

Un contexto parecido es el que ha llevado a los protagonistas de País nómada. Supervivientes del siglo XXI, una investigación de Jessica Bruder, traducida por Mireia Bofill Abelló y publicada por Capitán Swing, a lanzarse a la carretera y vivir en sus vehículos. Personas que jamás imaginaron que podrían llevar una vida itinerante. Una tribu  en movimiento en la que sus miembros tienen edad para jubilarse, pero no pueden permitírselo. Gente que se sienta alrededor de una hoguera en la que queman unos documentos de una antigua suspensión de pagos.
Los furgorresidentes forman una tribu sobre ruedas. Foto: Capitán Swing.

Don Wheeler (psuedónimo), uno de esos nómadas con los que habló Jessica Bruder, antes trabajó como ejecutivo de una empresa informática. Con 69 años se divorció, su exmujer se quedó con la casa y la crisis de 2008 se comió sus ahorros. Ahora vive en un camping de caravanas. Él habla de tecnopeones y “lobocampistas”, viajeros modernos que trabajan en empleos temporales en todo el país a cambio de un espacio gratuito en el que acampar.

Recolectan remolacha en Minnesota y Dakota del Norte, frambuesas en Vermont, manzanas en Washington y arándanos en Kentucky, cuidan los bosques, vigilan piscifactorías, controlan  el acceso a circuitos de carreras y campos petrolíferos en Texas, venden comida en eventos deportivos como el de la Súper Bowl o árboles de navidad. Estos nómadas sobre ruedas también andan, y mucho, sobre todo en los gigantes almacenes que tiene Amazon o ‘Amazoo’, como les llaman algunos en el libro, repartidos por todo el país.

En la carretera los miembros de esta tribu nómada esperan encontrar una escapatoria a un futuro sin ninguna perspectiva

En las jornadas laborales de 10 y hasta 12 horas no es raro que un trabajador (auxiliar de almacén) camine sobre el suelo de cemento de los naves de esta empresa de logística hasta entre 10 y 15 kilómetros diarios, además de tener que realizar una serie de movimientos tantas veces que acaba por convertirse en un dolor crónico para la persona que los realiza. Por ese motivo no es extraño que Amazon ponga a disposición de sus peones dispensadores gratuitos de Ibuprofeno. Al esfuerzo físico que realizan estos trabajadores, muchos de los cuales superan los sesenta años de edad, se suma el estrés. Amazon realiza un seguimiento en tiempo real de la productividad de sus empleados.

En el libro, Bruder cuenta lo que le sorprende a sus entrevistados la cantidad de juguetes sexuales que se compran en los Estados Unidos. Por su parte, la autora escribe en relación a estos Campamentos de Amazon (CamperForce), que son un microcosmos de una catástrofe nacional. Cada trabajador es una muestra de todos los desastres económicos que han sacudido al país. Son una fuerza de trabajo de quita y pon, el paradigma de la conveniencia para las empresas que buscan personal estacional. No permanecen el tiempo suficiente para poder sindicalizarse. Están tan cansados después de sus turnos que muchas veces no se juntan ni para charlar.

Artículos de promoción de Amazon Camperforce. Foto: Capitán Swing.
Artículos de promoción de Amazon Camperforce. Foto: Capitán Swing.

A diferencia de otras empresas, para este tipo de trabajos se opta por jubilados porque son fiables y se explotan como si fueran mano de obra esclava. Al igual que se hace con el trabajador joven, el personal jubilado acepta trabajos de muy corta duración, una manera de evitar la antigüedad en los contratos. Todo este proceso está automatizado. Como el de los falsos autónomos en España.

Bob Wells, autor del blog CheapRVLiving.com, a diferencia de los nómadas protagonistas de la novela de John Steinbeck, quienes albergaban la esperanza de que algún día las cosas volverían a ser como antes de la gran sequía y volverían a residir en una vivienda, cree que nos espera un futuro en el que las crisis económicas y medioambientales se van a normalizar, luego la tribu de nómadas de la que hace parte va a configurar un mundo paralelo al que existe sobre ruedas.

La familia lógica

Estos nómadas empujados por la precariedad laboral, entre otros factores, le hacen saber a Jessica Bruder que no quieren que se hable de ellos como estadounidenses en crisis. Ni son víctimas impotentes ni tampoco despreocupados aventureros. La autora se pregunta si estamos asistiendo a una evolución de la antigua clase media o a la aparición de una moderna clase de cazadores-recolectores.

“Un aparcamiento es el único espacio libre y gratuito que aún queda en Estados Unidos”

Jessica Bruder

Estos furgorresidentes se parecen a los cazadores y tramperos que en el pasado se buscaban la vida en las montañas en que necesitan estar solos, desplazarse, pero también reunirse, establecer contacto con gente con ideas afines que sepan comprenderlos. Una familia lógica más que biológica (conceptos prestados del novelista Armistead Maupin).

En el libro se menciona Quartzsite, en Arizona, un lugar barato según Mike Hobby al que acuden estos desplazados por la recesión, vagabundos modernos, para esconderse del descrédito, la vergüenza, la pobreza y el frío. La ya mencionada Silvianne cuenta que cuando duermes por primera vez en tu coche en la calle sientes que eres una fracasada, una persona sin hogar. Lo fantástico del ser humano es que nos habituamos a todo.

Un contexto parecido es el que ha llevado a los protagonistas de País nómada. Supervivientes del siglo XXI, una investigación de Jessica Bruder, traducida por Mireia Bofill Abelló y publicada por Capitán Swing, a lanzarse a la carretera y vivir en sus vehículos. Personas que jamás imaginaron que podrían llevar una vida itinerante. Una tribu  en movimiento en la que sus miembros tienen edad para jubilarse, pero no pueden permitírselo. Gente que se sienta alrededor de una hoguera en la que queman unos documentos de una antigua suspensión de pagos.
Una camioneta aparcada en un McDonalds. Foto: Capitán Swing.

La autora concluye que el hecho de echarse a rodar a la carretera primero fue un intento desesperado que con el paso del tiempo se ha convertido en una reivindicación más profunda: la necesidad de la esperanza, algo que va más allá de la subsistencia. Y la vida en la carretera ofrece esperanza. En la carretera esperan encontrar una escapatoria a un futuro sin ninguna perspectiva los miembros de esta tribu nómada. Un grupo de gente en el que abundan más los que viven con unos 500 dólares al mes que los endeudados. Quién sabe lo que pasará con ellos cuando sean demasiado viejos para acampar o vivir en una caravana. Sea cual sea la respuesta, raro será que el libro que responda a esta incógnita no lo venda Amazon.

País nómada ha sido llevado al cine con su título original, NomadlandLa película, dirigida por Chloé Zhao, está protagonizada por Frances MacDormand y se espera que se pueda ver en España en diciembre.

a.
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