De la pimienta al clavo: las especias que impulsaron la primera vuelta al mundo

Casi más valiosas que las piedras preciosas en el siglo XVI eran las especias: su búsqueda motivó la extraordinaria gesta de Elcano y Magallanes

Un cargamento de canela o nuez moscada suponía en a mediados del siglo XVI una verdadera fortuna. Con un valor similar al de las piedras preciosas, las especias asiáticas, escasas y remotas, servían a la gastronomía, a la salud y a la ciencia, lo que disparó su precio pero también espoleó una de las mayores gestas de la historia de la humanidad: la primera vuelta al mundo que logró la expedición de Magallanes y Elcano.

Precisamente con motivo del quinto centenario de esta fantástica aventura, el CSIC publica un libro que traduce a olores y sabores exóticos esta gesta y que utiliza las plantas como hilo conductor de los hitos de la expedición.

En búsqueda de las especias. Las plantas de la expedición Magallanes-Elcano (1519-22) es, pues, un libro de botánica, pero también de alimentación, antropología, historia, cartografía, economía o comunicación de la época.

El rey de las especias

El 10 de agosto de 1519 partieron desde Sevilla cinco naves con 250 tripulantes a bordo. Capitaneados por Fernando de Magallanes y financiados por la Corona de Castilla, su objetivo era llegar por occidente al lugar conocido como La Especiería, en realidad el archipiélago de Las Molucas, en la actual Indonesia, y crear así una ruta marítima alternativa a la establecida por Portugal para controlar el comercio de especias.

El clavo -en aquella época ‘clavo de olor’- era tan valioso que su precio se tasaba en oro

Más de tres años después, ahora con Juan Sebastián Elcano al frente, una veintena de hombres alcanzó Sanlúcar de Barrameda, un 6 de septiembre de 1522. Habían recorrido 14.460 leguas (casi 70.000 km) y habían culminado la primera vuelta al mundo.

En sus bodegas, la nao Victoria traía 27.000 kilos (600 quintales) de clavo de olor, la especia más preciada de la época, por encima de la pimienta negra, la nuez moscada, la canela o el jengibre, y de la que se dice en el libro que “su precio se tasaba en oro”.

Solo con este cargamento fue posible recuperar la inversión económica de la expedición.

En busca de las especias. Foto CSIC.
En busca de las especias. Foto: CSIC.

Vuelta al mundo botánica

Coordinado por el investigador del CSIC en el Real Jardín Botánico Pablo Vargas, En búsqueda de las especias está escrito por una veintena de investigadores que proceden de aquellos países por los que transcurrió el viaje. Así, botánicos e historiadores de Argentina, Brasil, Chile, España, Filipinas y Portugal contribuyen a construir un relato que habla de aspectos  que rodearon la gesta, de la alimentación a la cartografía, “pero siempre con las plantas como hilo conductor”, explica Vargas.

De hecho, y aunque la finalidad del viaje era económica, su culminación permitió alcanzar otros hitos. Según el científico, “estos intrépidos y sufridos hombres de su tiempo abrieron la puerta a lo que hoy denominamos globalización y fueron la bisagra de los últimos coletazos de la Edad Media con los albores de la Edad Moderna”. En sus “roídos fardos” trajeron especias, sí, pero también “algo mucho más valioso: la constatación de la unidad del género humano, de la diversidad de culturas y de la esfericidad de la tierra”.

Por qué especias

El libro desvela además por qué eran tan importantes las especias en la época y, en particular las asiáticas, lo que las hacía tremendamente deseadas (y costosas).

Las especias fueron el motor de la una de las más fantasticas aventuras de la historia. Foto: Timothy Newman | Unsplash.
Las especias fueron el motor de la una de las más fantasticas aventuras de la historia. Foto: Timothy Newman | Unsplash.

En Europa ya había muchas hierbas que servían para aderezar las comidas y, sin embargo, estas proporcionaban nuevos sabores, se suponían útiles para curar enfermedades y, además, eran una mercancía que permitía el enriquecimiento.

También, según cuenta, sirvieron para impulsar el crecimiento y desarrollo de la ciencia: “En los siglos venideros las expediciones a los nuevos territorios ya siempre incluirían a geógrafos, geólogos, botánicos y zoólogos. La descripción exacta de una planta o animal para su posterior reconocimiento, así como de los lugares de crecimiento pasó a ser un elemento importante para seguir explorando territorios lejanos”, señalan los autores.

Pigafetta: crónica de un viaje

El italiano Antonio Pigafetta fue el encargado de dejar por escrito todo lo visto y vivido durante los tres años que duró esta aventura. Según Vargas, su diario es único por varios motivos: “Supone el primer relato de la Edad Moderna sobre un viaje de exploración que atraviesa varios continentes. Además, es la primera fuente documental donde se describen nuevos animales y plantas de Sudamérica y Asia”.

Además, se trata de un ‘cuaderno de campo’ mucho más completo que los escritos en la época, “pues no solo describió aspectos geográficos y naturales de la circunnavegación, sino que es un documento etnohistórico insustituible”, añade.

La obra incluye un análisis de todas las plantas y animales que aparecen en el diario y, como colofón, propone un perfil imaginario de Twitter escrito por Pigafetta en el que podemos leer una versión de esta crónica de gran valor histórico en mini capítulos de 280 caracteres.

En busca de las especias se incluye en la colección ‘Divulgación’ de la editorial CSIC-Catarata y puede adquirirse ya tanto en librerías como en los sitios web de Editorial CSIC y Los Libros de la Catarata.

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