Antonio J. Rodríguez: “La nueva masculinidad (de siempre) continúa perpetrando el machismo”

Traperos y raperos, literatos, oligarcas tecnológicos y otros hombres de éxito son cuestionados

“Disculpa un momento que voy a…” Antonio J. Rodríguez, editor, escritor y periodista reconvertido en creativo publicitario, va a colocar al pequeño Ulises (4 años) frente a un pasatiempo que nos permita conversar sobre su primer ensayo: La nueva masculinidad de siempre, publicado por Anagrama.  Nació en Oviedo de casualidad (octubre 1987), creció hijo único allí donde su padre bancario era destinado, y reside en Barcelona desde que acabara en la Complutense su licenciatura en Periodismo y un máster en Estudios Literarios que al hablar se le nota, que coloca la palabra justa. Fue editor jefe de Playground y ahora colabora en “sitios”: nichos de lucidez, mayormente virtuales, donde los huérfanos de esta vocación nos recolocamos, como lo hace esta tarde su hijo frente a unos dibujos animados y un bol de palomitas.

Neo y post machismo

Título el de su libro bastante elocuente, por ser un oxímoron, pero ¿cómo o por qué hablar de post y neo machismo? ¿Acaso el machismo ha cambiado o se había ido? “Neo/post machismo es el fenómeno de seguir perpetrando conscientemente el machismo en un momento en que se cuestionan los asuntos y diferencias de género”.

Según el autor, lejos de librarnos de ello, el machismo nos ha crecido como un monstruo bicéfalo, como la escoba de Mickey Mouse que reaccionaba replicándose a partir de cada pedacito tronzado por el ratón. Por un lado, sigue existiendo el prototipo reaccionario de la derecha negacionista, y por otro, cuenta AJR, “aquel que, aún siendo sensible a los postulados del feminismo, sigue reproduciendo la masculinidad, reafirmado en su virilidad heterosexual: colonización del cuerpo femenino, competitividad, etcétera”.

«Al mismo tiempo que se han abierto conversaciones urgentes y necesarias a propósito del consentimiento, la violación o la desigualdad, atendemos a un contra golpe reaccionario que plantea un duro pulso»

Antonio J. Rodríguez

Fijaos en lo que escribe: “Si en algún momento pareció que la nuestra sería una época más favorable a las mujeres, de pronto todo se torció”. ¿Perdón? “Sí, me gusta ilustrarlo con una frase de Dickens en A Tale of Two Cities: “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos (…); la era de la luz y de las tinieblas”. Es decir, creo que al mismo tiempo que se han abierto conversaciones urgentes y necesarias a propósito del consentimiento, la violación o la desigualdad, atendemos a un contra golpe reaccionario que plantea un duro pulso. El horizonte igualitario, ese momento de la luz, es más difícil de lo que parece”. Avisa: “¡Vigilemos el entusiasmo!”

Y ¿dónde estarían agazapados hoy estos neomachos? Pues curiosamente, en las subculturas más jóvenes, como el trap, “que reproduce de manera sobrecalentada los valores del capitalismo y la dominación masculina; la colonización de los cuerpos femeninos y la ostentación de marcas comerciales”. Es decir, perreo y emblemas del lujo.

Antonio J. Rodriguez es. junto a la poeta Luna Miguel, director editorial de Caballo de Troya.
Antonio J. Rodriguez es. junto a la poeta Luna Miguel, director editorial de Caballo de Troya.

¿Por qué sucedió? “Uno imaginaba que la juventud derivada de la crisis de 2008 sería cuando menos escéptica pero, paradójicamente, asistimos a una radicalización de la desigualdad, al estrés del modelo del éxito, la meritocracia, la proyección ilusoria o el ascenso social. Si a principios de siglo una firma como Nike triunfaba entre los raperos (aquellos hijos del hip-hop que surgió de modo reivindicativo en los suburbios degradados de las urbes norteamericanas), por su estrategia de promover el baloncesto en los barrios, ahora los cantantes de trap visten camisetas de Gucci de no menos de 3.000 euros, y la lectura de las clases más humildes es: yo también puedo llegar a ello, lo que tiene tanta lógica como la de una casa de apuestas”.

La industria machista

Idéntico esquema observa el autor en el universo de la industria tecnológica, “una cultura corporativa alentada por conceptos como el unicornio, la startup que alcanza el valor de 1.000 millones de dólares, pero que finalmente es siempre absorbida por el oligopolio”. El mismo concepto capitalista venerado por raperos y traperos, influencers y youtubers, y que en el universo empresarial, económico y financiero ha dado lugar a una concentración de poder jamás sospechada. “Los expertos sostienen que el sector público no es productivo y que las startups no son sino una producción desmesurada de malas ideas y trabajos de mierda”. Y así vamos.

“El piropo no demandado es un acto violento, sí. El propio lenguaje de la seducción legitima la división de géneros y la desigualdad innecesaria y trasnochada”

Antonio J. Rodríguez

Pero volviendo a la nueva/post masculinidad, ¿qué opina Antonio J. Rodríguez de asuntos tan cuestionados como la galantería: es una agresión machista? “El piropo no demandado es un acto violento, sí. El propio lenguaje de la seducción legitima la división de géneros y la desigualdad innecesaria y trasnochada”.  Consecuencia positiva del #MeToo, advierte, “es que ha obligado a los hombres a acercarse a las mujeres con un dispositivo de vigilancia.  Y tiene que ser así: uno tiene que ser consciente de la repercusión de sus actos. La química entre sujetos se sigue produciendo, pero se trata de que esto suceda en igualdad de condiciones”.

Hombres feministas

¿Te consideras feminista? “El feminismo de uno debe venir dado por sus actos más que pos sus palabras. Ser hombre y feminista no es un contrasentido en absoluto. Y como padre, es un desafío reflexionar sobre este asunto. En mis anteriores libros, de ficción, ya estaba muy presente el tema de la identidad masculina (es autor de las novelas Fresy CoolVidas perfectasCandidato, y coautor junto a su pareja, la poeta Luna Miguel, de los relatos Exhumación y El fin del mundo; ambos comparten además la dirección editorial de Caballo de Troya) porque mi generación ha atendido a acontecimientos de gran trascendencia como los casos de las manadas, el #MeToo, el 8 M, etcétera, pero la reflexión en torno a todo esto venía desarrollada casi exclusivamente por mujeres. Y ¿qué opinan los hombres? Creo que la opción más ética es participar, dialogar. Hemos crecido en una civilización sólidamente asentada en la distinción de géneros, en todos los ámbitos de la vida, y lo deseable sería interactuar con el otro sin atender a su aparato sexual, porque es totalmente absurdo”.

De hecho, sostiene el autor que ser hombre o mujer ha sido siempre una mera dramatización, una puesta en escena. En puridad, ¿qué seríamos entonces? ¿Plurisexuales, cisheteroqueer? Por cierto, ¿qué significa este último vocablo que he tomado de su ensayo? ¿Habríamos de ir haciéndonos un lexicón para ser sexualmente correctos? “Con el término ‘cisheteroqueer’ me refería a la circunstancia en donde un sujeto identificado como cis-hetero (persona nacida con una identidad de género coincidente con su sistema reproductivo) mantiene relaciones afectivas normativas, consciente de que está interpretando una subjetividad que no es en ningún caso estática, sino líquida; es decir, que en cualquier momento puede sentir atracción por otro género”.

Antonio J. Rodríguez dedica un capítulo a señalar a grandes machistas de la literatura
Antonio J. Rodríguez dedica un capítulo a señalar a grandes machistas de la literatura.

Entonces, ¿todos somos pansexuales, o al menos así nacemos, como sostuvo Freud en su teoría de la sexualidad ya en 1905? “Lo que entendemos por heterosexualidad es una construcción cultural y un dispositivo político solo sustentado en la supremacía de la teoría biologista, pero nuestras relaciones son culturales antes que biológicas, se construyen en torno a un sistema de signos y en pos de una expectativa sociocultural. Se trata de acabar con la masculinidad como dispositivo de control político, institucional y cultural que legitima la dominación masculina; es decir, el machismo”.

Y para ello, concluye, no hay otra vía que optar por el feminismo. He dejado para el final una de las grandes sorpresas que nos depara La nueva masculinidad de siempre; una especie de outing que señala con el dedo a grandísimos machos de la literatura universal consagrada, empezando por el boom latinoamericano que, atiendan: “Es un fenómeno de mecánica machista; sin ir más lejos, García Márquez se esforzó en ennoblecer el relato de una mujer, la suya, que se sacrifica hasta el extremo por la carrera literaria de su hombre. Pero en realidad, esto representa una desigualdad de género rampante”.

Otros que engrosan su lista son D. F. Wallace, “que fue un confeso agresor machista”. El Nobel V. S. Naipaul, un recalcitrante misántropo que abusó y maltrató a su esposa y, a la sazón, agente literaria, cocinera, criada, madre, etcétera. ¿Y Philip Roth, tan atacado por el feminismo? “Respondía a las críticas del feminismo aduciendo que eran malas lecturas de su obra, pero al menos legitimaba el movimiento. Roth anticipa la neurosis de la nueva masculinidad de siempre. Las dinámicas del trabajo tienen que cambiar y esto incluye a la literatura: confiemos en que a partir de hoy se desarrolle en mundos más nobles, libres e igualitarios”.

Y en esto que viene el niño Ulises: que se le han acabado las palomitas y que a ver si su padre le atiende ya. Pues eso.

a.
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