Manuel Jabois: el tenista que acabó metiendo goles en prosa

El periodista y escritor gallego presenta Miss Marte (Alfaguara), un libro que cuenta cómo es convivir con una verdad no resuelta

Cuenta Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) por teléfono que le hubiera gustado ser futbolista, aunque se le daba mucho mejor el tenis. Dice que le daba pánico cometer algún error y perjudicar al resto del equipo. Por eso le gustaba la soledad y la individualidad del tenis. Saber que sus errores sólo los pagaba él y no tener que depender de nadie le aliviaba.

Manuel Jabois. Foto: Alfredo Arias.

Cuenta Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) por teléfono que le hubiera gustado ser futbolista, aunque se le daba mucho mejor el tenis. Dice que le daba pánico cometer algún error y perjudicar al resto del equipo. Por eso le gustaba la soledad y la individualidad del tenis. Saber que sus errores sólo los pagaba él y no tener que depender de nadie le aliviaba.

Ese alivio lo ha encontrado (también) en la escritura. El oficio de periodista y escritor es uno de los más solitarios que existen. Jabois ejerce como tal desde hace más de veinte años, primero en el Diario de Pontevedra, después en El Mundo y, en la actualidad, en El País. Es un todocampista de redacción, un paracaidista que cae en aquella sección en la que se requiere sus servicios: Política, Cultura, Deportes, Sociedad, y en el formato que sea: columna, reportaje, crónica y entrevista. La literatura se ha convertido en un campo en el que aterriza cada vez con más frecuencia.

Aunque su manera de escribir haya cambiado y evolucionado, la firma de Jabois se reconoce en sus textos periodísticos y en sus libros. Los primeros más largos que los segundos, proporcionalmente hablando. No descarta presentar a la editorial Alfaguara o la que se tercie, próximamente, un manuscrito de 600 páginas y que se quede en la mitad. Cien páginas más que las que tiene Miss Marte, novela que trata, según el propio autor, sobre cómo es convivir con una especie de misterio, del que todos intuyen algo, pero que no aciertan a saber qué. Y sobre el paso del tiempo y la eterna dualidad en la que nos movemos. En el caso de la novela hay una etapa feliz que transcurre en verano y a una cierta edad, la etapa de mirar atrás y observarse así mismo y tratar de desentrañar las grandes verdades.

La urgencia como método

“De la novia se dijo que había aparecido en su propia boda de blanco «como si estuviese metida en una secta», y que la mañana anterior la había pasado regando las plantas del patio hasta ahogarlas”. Manuel Jabois  invierte tanto tiempo y esfuerzo como dinero una persona que se compra un ático con vistas al Retiro a la hora de escribir la primera frase.

No se enfrenta a una hoja en blanco, sino a amueblar los metros cuadrados más exclusivos del libro. En esa cotizada superficie se han fraguado célebres arranques literarios: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,…”, “Llamadme Ismael” y “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en la que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Antes de escribir nada, Jabois tiene que sentir la  necesidad y tener la voluntad de levantarse de la cama e ir al ordenador a teclear. La urgencia.  

Cuenta Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) por teléfono que le hubiera gustado ser futbolista, aunque se le daba mucho mejor el tenis. Dice que le daba pánico cometer algún error y perjudicar al resto del equipo. Por eso le gustaba la soledad y la individualidad del tenis. Saber que sus errores sólo los pagaba él y no tener que depender de nadie le aliviaba.

Dice que eso le cuesta, pero una vez se pone lo que le cuesta es parar. Parar en seco es lo que hizo durante unos meses cuando terminó el primer capítulo de Miss Marte. Recuerda que sabía que tenía una historia, pero no cuál. Ese primer capítulo lo cierra sin rematarlo del todo, igual que hace el actor Joe Pesci cuando entierra vivos y apaleados a los que le tocan los huevos en las películas de Martin Scorsese: “Tengo guardados los periódicos de la época. Y la gente recuerda bien los detalles, inventados y reales, porque fue la última boda por la iglesia que se celebró en el pueblo. Desde entonces Dios siguió estando presente en los bautizos y en los entierros, pero no quiso volver a saber nada del amor”.

‘Miss Marte’ se sustenta por dos postes de alta tensión como lo son la duda y la confesión

Lo que decimos recordar

Quien guarda esos recortes de periódicos hemos sido muchos alguna vez. En esta novela lo hace Nico, el narrador, los ojos a través de los que el lector ve lo que pasó veinticinco años atrás ­­–la misteriosa desaparición de la hija de Mai Lavinia el mismo día de su boda–, desde un presente etéreo. Nico, igual que lo hace Nick Carraway en El gran Gatsby, cuenta un verano en un pueblo costero de Galicia.

A Jabois le es más fácil situar la trama en su tierra que en el West Egg Village, a pesar de que su admiración por Francis Scott Fitzgerald le hizo fantasear con la posibilidad de que Miss Marte tuviera la misma cantidad de palabras que El gran Gatsby. A veces, es el editor, en este caso, editora, la que tiene una ficción que contar tan o más interesante que el manuscrito que le entrega el autor.

Cuenta Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) por teléfono que le hubiera gustado ser futbolista, aunque se le daba mucho mejor el tenis. Dice que le daba pánico cometer algún error y perjudicar al resto del equipo. Por eso le gustaba la soledad y la individualidad del tenis. Saber que sus errores sólo los pagaba él y no tener que depender de nadie le aliviaba.
Manuel Jabois. Foto: Alfredo Arias.

Miss Marte es una historia de suspense en la que la nostalgia amenaza con convertirse en protagonista. Una trama sostenida por dos postes de alta tensión, como lo son la duda y la confesión, y que sucede en ese verano adolescente de las primeras veces que nunca se consumen. Durante el mismo, el grupo de amigos del narrador Nico conoce a Mai, de quien se dice en el libro  que a todos les convertía en personajes interesantes, chicas y chicos a los que apetece conocer y con los que apetece estar.

O como dijo el propio Jabois el día de la presentación del libro en el Espacio de la Fundación de Telefónica, “Mai hizo con la pandilla del pueblo que la acogió lo mismo que Maradona con la plantilla del Nápoles, mejores”. Jabois construye a su protagonista a partir de lo que dicen recordar el resto de personajes que la conocieron veinticinco años atrás. Memoria que sale a luz porque la otra protagonista de la novela, la periodista Berta Soneira, trabaja en un documental que pretende entender quién era Mai Lavinia, la novia que perdió a su hija el día de su boda. Un terrible suceso que no eclipsa el perturbador encanto de esa joven madre que se hace llamar Miss Marte.

Jabois construye a su protagonista a partir de lo que dicen recordar el resto de personajes que la conocieron veinticinco años atrás

Un protagonista más marina que marciana

Miss Marte, más que una extraterrestre del planeta en el que la nave Perseverance ha realizado el primer amartizaje, es una criatura salina del fondo del mar. Las simas oceánicas son tan desconocidas como lo es el espacio exterior y la adolescencia. Años que justificamos y que condenamos en vez de entenderlos, no sea que nos recuerde a nuestro yo adolescente.

Manuel Jabois, que escribe de lo que le asusta, se adentra por medio de la literatura en esa edad en la que los hijos son más lo que quieren los amigos que lo que desean los padres. Padres que confiamos que a nuestros hijos les pase como a Nick Carraway, que al comienzo de El Gran Gatsby dice que; “Cuando era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo al que no he dejado de darle vueltas desde entonces”.

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