Cuando la literatura es la mejor guía de viajes

En ‘Destinos literarios’ descubrimos 25 ciudades y regiones del mundo de la mano de grandes novelistas, donde muchas veces las palabras valen más que 1.000 imágenes

Hay muchas formas de viajar, y una de las más apasionantes es de la mano de la literatura. Eso que una imagen vale más que mil palabras es una tontería: las descripciones de olores, vistas, sonidos, texturas y esencias de ciudades, paisajes, personas y culturas, cuando son encarnadas por una gran pluma, son irremplazables.

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Hay muchas formas de viajar, y una de las más apasionantes es de la mano de la literatura. Eso que una imagen vale más que mil palabras es una tontería: las descripciones de olores, vistas, sonidos, texturas y esencias de ciudades, paisajes, personas y culturas, cuando son encarnadas por una gran pluma, son irremplazables.

De eso se trata el libro Destinos literarios de Sarah Baxter, editado por Anaya Touring; un recorrido por 25 destinos de la mano de 25 grandes escritores, ya sea clásicos como Cervantes o contemporáneos como J.D. Salinger.

Una guía diferente

Aviso para navegantes: esta no es una guía con recorridos señalados con líneas de puntos por mapas para descubrir el Misisipí de Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain o el San Petersburgo de Crimen y Castigo de Fiodor Dostoievsky.

Hay muchas formas de viajar, y una de las más apasionantes es de la mano de la literatura. Eso que una imagen vale más que mil palabras es una tontería: las descripciones de olores, vistas, sonidos, texturas y esencias de ciudades, paisajes, personas y culturas, cuando son encarnadas por una gran pluma, son irremplazables.
Las ilustraciones son libre interpretaciones de color. Ilustración Amy Grimes

Se trata de las impresiones que estas grandes celebridades de la literatura dieron a las ciudades y paisajes que sirvieron de escenarios para sus obras.

Baxter no deja de señalar dónde se pueden encontrar algunas huellas dejadas por los escritores, ya sea impresas en las ficciones o como marcas de su vidas en esas calles.

‘Destinos literarios’ trata de las impresiones de grandes celebridades de la literatura de las ciudades y paisajes que sirvieron de escenarios para sus obras

Por ejemplo, señala dónde está la casa de Victor Hugo cuando analiza el París de la desesperación y el hambre en Los Miserables; o qué quedó de la Alexanderplatz que Alfred Döblin sitúa como marco de su novela más emblemática, un visceral retrato del Berlín de entreguerras que respiraba las últimas bocanadas de libertad antes caer bajo las sombras del nazismo.

Hay muchas formas de viajar, y una de las más apasionantes es de la mano de la literatura. Eso que una imagen vale más que mil palabras es una tontería: las descripciones de olores, vistas, sonidos, texturas y esencias de ciudades, paisajes, personas y culturas, cuando son encarnadas por una gran pluma, son irremplazables.
Casa rural de La Mancha. Ilustración Amy Grimes

Lo bueno y lo malo de cada lugar

Tampoco es una guía de rincones idílicos y románticos. Que los hay, claro que sí, como la alegre descripción de Florencia en Una habitación con vistas de E.M.Foster. O la caribeña y colorida Cartagena de Indias que ofrece “hilos sueltos” a los libros de Gabriel García Márquez.

Porque en este viaje también se ve el lado más tenebroso, sórdido y duro que tienen muchas ciudades y regiones del mundo.

Como ejemplo, está el Londres victoriano de las desigualdades sociales reflejado en Oliver Twist por Charles Dickens; el Nápoles que sobrevive como puede al flagelo de la mafia en La amiga estupenda de Elena Ferrante; o el Soweto que es una de las cicatrices sociales que ha dejado el apartheid de Sudáfrica, relatado en La hija de Burger de Nadie Gordimer.

Hay muchas formas de viajar, y una de las más apasionantes es de la mano de la literatura. Eso que una imagen vale más que mil palabras es una tontería: las descripciones de olores, vistas, sonidos, texturas y esencias de ciudades, paisajes, personas y culturas, cuando son encarnadas por una gran pluma, son irremplazables.
El Central Park en invierno. Ilustración Amy Grimes

Cuando los destinos son protagonistas

“Los destinos recogidos no constituyen simples telones de fondo pasivos para las tragedias, romances y aventuras que se desarrollan entre ellos”, precisa la autora.

En muchas ocasiones, las calles, los barrios, las regiones enteras “se convierten en personajes con derecho propio, que surgen entre bastidores para ocupar el centro del escenario. Tienen vida propia e influyen en el argumento, las acciones, las emociones y los resultados”, describe Baxter.

Claro que cada libro es una radiografía de un momento determinado. Un antes o un después altera el resultado final.

Así se ve en el episodio de angustia adolescente de El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, que no se podría entender si no se ambientara en las avenidas del Manhattan de los años ’40, tan elegantes como sórdidas.

Hay muchas formas de viajar, y una de las más apasionantes es de la mano de la literatura. Eso que una imagen vale más que mil palabras es una tontería: las descripciones de olores, vistas, sonidos, texturas y esencias de ciudades, paisajes, personas y culturas, cuando son encarnadas por una gran pluma, son irremplazables.
Rincón de El Cairo. Ilustración Amy Grimes

O los páramos del norte de York de Cumbres borrascosas, que sirven a Emily Brontë como personajes secundarios tan importantes como Catherine y Heathcliff.

Mención aparte para España

Hay dos capítulos dedicados a España. Uno es, como cabe esperar, la Mancha de Don Quijote, “la salvaje y fértil meseta al sur de Madrid”, describe Baxter, que al igual que la novela, todo es épico: “grandes cielos azul oscuro que se extienden sobre una masa casi infinita de tierra roja, campos de lino y viñedos, interrumpidos cada poco por un molino pintado de blanco”.

“Los destinos se convierten en personajes con derecho propio, que surgen entre bastidores para ocupar el centro del escenario”.

Sarah Baxter

El otro es la Sierra de Guadarrama, escenario donde Robert Jordan espera la voladura de un puente en medio de la Guerra Civil, el relato inmortalizado por Ernest Hemingway en Por quién doblan las campanas.

Allí se puntualizan los lugares reales y ficticios descriptos en la novela, así como el cariño que el escritor norteamericano tenía por los españoles, a pesar de su ceguera en la lucha fraticida.

Hay muchas formas de viajar, y una de las más apasionantes es de la mano de la literatura. Eso que una imagen vale más que mil palabras es una tontería: las descripciones de olores, vistas, sonidos, texturas y esencias de ciudades, paisajes, personas y culturas, cuando son encarnadas por una gran pluma, son irremplazables.
Mercado de Kabul. Ilustración Amy Grimes

“ ‘El que yo sea extranjero no es mi culpa’, dice Jordan. ‘Yo hubiera preferido nacer aquí’”, cita Baxter. Pero todo el mundo sabe que quien lo pensaba era Hemingway.

El color de las láminas

Párrafo aparte se merecen las ilustraciones de Amy Grimes, que despliega dos o tres láminas por destino con postales de colores vivos.

Sus dibujos, sencillos y cálidos, no tienen por qué ser 100% fiel a las descripciones. No pretenden ser imágenes realistas, son trazos de libre inspiración que acompañan a este viaje por el mundo de la mano de grandes plumas de la literatura universal.

a.
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