Donna Leon endosa al comisario Brunetti el caso número 30

Donna Leon, maestra de la novela negra y melómana, vuelve a hacer salir a las calles de Venecia al comisario Guido Brunetti en su nuevo libro, 'Esclavos del deseo'

Donna Leon (Nueva Jersey, EEUU, 1942) presenta su último libro Esclavos del deseo, traducido por Maia Figueroa Evans y publicado por Seix Barral. Lo hace en una rueda de prensa a través de la plataforma Zoom y traducida de manera simultánea por la intérprete Carol Sánchez. La autora responde a las preguntas de los periodistas desde el pueblo en las montañas de Suiza en el que vive y en el que cuenta que hay más vacas que vecinos.

Donna Leon. Foto: ©Iván Giménez | Seix Barral.

Donna Leon (Nueva Jersey, EEUU, 1942) presenta su último libro Esclavos del deseo, traducido por Maia Figueroa Evans y publicado por Seix Barral. Lo hace en una rueda de prensa a través de la plataforma Zoom y traducida de manera simultánea por la intérprete Carol Sánchez. La autora responde a las preguntas de los periodistas desde el pueblo en las montañas de Suiza en el que vive y en el que cuenta que hay más vacas que vecinos.

A pesar de haber vivido durante muchos años en Venecia, sus libros no se publican en Italia. Ni quiere ofender a nadie ni tampoco quiere hacerlo por error. No es lo mismo escupir en tu sopa que en la del vecino, dice. Cuenta que dos mujeres italianas, que no habían leído sus libros, le reprocharon al cruzarse con ella por la calle lo que había escrito sobre Italia. No quiere que ese tipo de escenas se repitan en su día a día.

Esta escritora, más activa que mayor, es de origen irlandés y de antepasados españoles. Por lo prejuicios de la época, por el que dirán, De León se convirtió en Leon, que no Lion. Donna Leon desembarcó en Italia en los años sesenta en Siena y Perugia. Lo hizo para estudiar y acabó trabajando como guía turística en Roma.

Donna Leon (Nueva Jersey, EEUU, 1942) presenta su último libro Esclavos del deseo, traducido por Maia Figueroa Evans y publicado por Seix Barral. Lo hace en una rueda de prensa a través de la plataforma Zoom y traducida de manera simultánea por la intérprete Carol Sánchez. La autora responde a las preguntas de los periodistas desde el pueblo en las montañas de Suiza en el que vive y en el que cuenta que hay más vacas que vecinos.

Antes de instalarse en Venecia en 1981 y empezar a escribir diez años después novelas negras protagonizadas por el comisario Guido Brunetti y ambientadas en la ciudad de los canales, fue profesora en varias escuelas estadounidenses en Irán, China y Arabia Saudita, además de impartir clases en una base aérea en Aviano y en una universidad próxima.

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Novelas que se leen como expedientes policiales

Más que el nomadismo, la música es esencial para comprender a Donna Leon, sobre todo la ópera barroca. Su primera novela -los libros de Donna Leon se pueden computar de manera ordinaria como expedientes policiales- arranca con el asesinato de un director de ópera en La Fenice de Venecia.

En su caso número 30, el comisario Brunetti es más oscuro, reflejo de la visión del mundo de la propia Leon

Sin embargo, a lo largo de su extensa obra (Esclavos del deseo es su libro número 30), al comisario Brunetti sólo le ha llevado a la ópera en un par de ocasiones. Donna Leon confiesa que su pasión por la ópera la aleja de sus libros. Lo que sí ha hecho ha sido recomendar a su comisario los libros que lee y con los que disfruta.

Donna Leon (Nueva Jersey, EEUU, 1942) presenta su último libro Esclavos del deseo, traducido por Maia Figueroa Evans y publicado por Seix Barral. Lo hace en una rueda de prensa a través de la plataforma Zoom y traducida de manera simultánea por la intérprete Carol Sánchez. La autora responde a las preguntas de los periodistas desde el pueblo en las montañas de Suiza en el que vive y en el que cuenta que hay más vacas que vecinos.
Recién publicado su libro número 30, asegura tener listo el 31. Foto: ©Iván Giménez | Seix Barral.

Otras de sus pasiones, junto con la ya mencionada ópera barroca, son los animales y la ecología. Brunetti, con el paso del tiempo, se ha concienciado del problema que supone el cambio climático. Este comisario ha crecido con cada nueva novela, cuenta Donna Leon que tiene cualidades de muchos de sus amigos, pero que no es una copia de carbono de nadie.

Dice la autora que el comisario Brunetti es un espejo de su propia visión del mundo, una visión que se oscurece cada año un poco más. Como confiesa que sigue disfrutando escribiendo sobre Brunetti su matrimonio con él no corre peligro. Y eso que al comisario Leon le ha casado con Paola, una mujer un tanto esnob, divertida, comprensiva y maravillosa cocinera.

Venecia como escenario

Las novelas de Donna Leon transcurren en Venecia (en este último libro parte de la trama también transcurre en la caótica Nápoles), ciudad en la que dice haber sido una don nadie que se hizo famosa a los 60 y de la que se ha tenido que ir por culpa de los treinta millones de turistas que, antes de la pandemia, visitaban cada año la ciudad lagunera y adriática.

En su nueva novela, que aborda la trata de personas, Brunetti es protector de los que se meten en líos y no se dan cuenta de que son «los buenos»

Su belleza es su condena, Salvatore Settis lo cuenta en su ensayo Si Venecia muere, traducido por Nuria Martínez Deaño y publicado por Turner. Aunque más que el turismo masivo e invasivo que sufre Venecia, fomentado por algunos políticos y empresarios, a Donna Leon le obsesiona el calentamiento global. Lo que no le priva de seguir leyendo Il Gazzettino y estar al tanto de lo que ocurre en su Venecia querida. Que ya no viva en esa ciudad no significa que no la visite, de hecho dice que lo hace una vez al mes.

Crímenes que no caducan

Escribe misteriosas tramas que nunca pierden la condición de actualidad. Dice al respecto que una autora de ficción, como lo es ella, tiene que ir con mucha cautela antes de apuntar con el dedo al lector y denunciar (a través de la pantalla se la ve hacer el gesto de apuntar con el dedo). Gesticula mucho al hablar, como un argentino o un italiano en un partido de fútbol, ella en vez de lucir brazos musculados y tatuados, luce un rostro arrugado que esconde juventud y un cabello cano.

Donna Leon (Nueva Jersey, EEUU, 1942) presenta su último libro Esclavos del deseo, traducido por Maia Figueroa Evans y publicado por Seix Barral. Lo hace en una rueda de prensa a través de la plataforma Zoom y traducida de manera simultánea por la intérprete Carol Sánchez. La autora responde a las preguntas de los periodistas desde el pueblo en las montañas de Suiza en el que vive y en el que cuenta que hay más vacas que vecinos.
Foto: ©Iván Giménez | Seix Barral.

No denuncia; incluso más que hablar lo que hace es mostrar con ejemplos el tema que quiere abordar. Para ella un ejemplo es como un invento porque de quien escribe no existe. Lo que sí se hace es fingir que esos personajes sí han vivido las experiencias que se cuentan en el libro y se las muestras al lector.

Esclavos del deseo es el caso número 30 al que se enfrenta Brunetti. El propio comisario dice en esta novela que es protector de los que se meten en líos y no se dan cuenta de que son los buenos. La ley y la justicia no siempre van unidas. La novela trata un tema que Donna Leon ya abordó en su cuarto libro. 26 años después ha vuelto a la trata de personas. Un problema que mucho tiempo después más que estar cerca de una solución se ha agravado.

Una maestra del misterio generosa

Donna Leon domina el género de la novela negra, igual que se mueve muy bien en la ambigüedad de los grandes conflictos del alma humana. En sus novelas no falta esa vuelta de tuerca que viene a enterrar los prejuicios que todo lector lleva por bandera, le guste o no reconocerlo.

Su matrimonio de tres décadas no es sólo con el comisario Guido Brunetti, también lo es con los lectores a los que ha sabido seducir, quién sabe si como una sirena o como una encantadora de serpientes. Esta autora estadounidense, son más largas las críticas que hace a su país de origen que el tiempo que pasa en él, maneja con habilidad las herramientas del misterio. Dice que al lector hay que tratarle como alguien que entiende lo que está sucediendo. Tampoco hace falta ni mucha sangre ni mucho sexo.

En la rueda de prensa Donna Leon habla de crímenes aristotélicos, esos que ocurren en otro lugar, fuera del escenario. El mensajero es el que cuenta lo que ha pasado. La narrativa lo describe. El narrador ve lo que ha sucedido a través de los ojos del personaje que describe. Es mi prejuicio personal contra la violencia, explica la autora. Autora que mientras presenta su libro número 30 dice ya tener listo el 31. Una novela, cuenta que preciosa y muy negra, en la que hablará, no denunciará, sobre la beneficencia y la gente que quiere cambiar el mundo.

a.
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