‘Todo bajo el sol’: la especulación urbanística traducida al cómic

Ana Penyas lleva al cómic la crónica del turismo de masas y la especulación urbanística de la costa española

No es Valencia, Benidorm ni Cullera, pero podría serlo. El marco de Todo bajo el sol, la esperadísima segunda novela gráfica de Ana Penyas podría ser, de hecho, cualquiera de una larga lista de pueblos de la costa levantina que, a mediados de los sesenta, tuvieron la suerte -o la desgracia- de ajustarse al modelo de desarrollismo económico franquista representado por el turismo de sol y playa.

“Ha sido complicado porque quería muy mucho evitar nombres propios” argumenta la autora en una rueda de prensa por Zoom, mientras desgrana que no quería centrarse en un caso concreto -“aunque esté inspirado ahí”- sino analizar un fenómeno más global: el pueblo costero convertido en lugar de vacaciones, el centro histórico gentrificado, el decorado para turistas que llegan buscando el sol mientras las huertas desaparecen y el ladrillo avanza, implacable.

Pura especulación urbanística

Basta echar un vistazo a la dedicatoria del libro -cuyo título coincide con el de una campaña publicitaria de los años 80, por si cabía alguna duda de lo que vendíamos al mundo-, para conocer por dónde van los tiros o las viñetas, en este caso. Todo bajo el sol (Salamandra Graphic) es para “quienes tuvieron que abandonar su lugar y a quienes se quedaron como extraños en su propia tierra”.

Todo bajo el sol, Ana Penyas.

La flamante ganadora del Premio Nacional del Cómic en 2018 -fue la primera mujer en hacerse con el galardón por la que, además, era su primera novela gráfica- afila su pluma y sus pinceles para en esta crónica ilustrada del turismo de masas, de la especulación urbanística y del drama humano que conlleva.

Como ya hiciera con sus dos “abuelas normales”, retratadas en Estamos todas bien (2017), Penyas (Valencia, 1987) vuelve a centrarse en personas concretas para poner el acento en una época y una manera de ver el desarrollo, aunque la supuesta prosperidad de al traste con las esperanzas, proyectos y sueños individuales.

Ana Penyas fue la primera mujer en hacerse con el Premio Nacional del Cómic, que ganó en 2018

Hoteles por explotaciones agrícolas

Su particular crónica arranca en 1969, cuando el turismo internacional irrumpe en las costas españolas y la promesa de una vida mejor transforma terrenos agrícolas en hoteles, llena de grúas las playas y reconvierte a marchas agigantadas a trabajadores del campo en camareros.

La misma pulsión que, en los 80 y los 90, en pleno auge de la ruta del bacalao, hace que miles de jóvenes abandonen sus estudios para fiar su futuro -el inmediato y el que no lo es- al dinero que llueve de la obra y el ladrillo. La misma, también, que décadas después se sirve de los inmigrantes como mano de obra de recambio.

No es Valencia, Benidorm ni Cullera, pero podría serlo. El marco de Todo bajo el sol, la esperadísima segunda novela gráfica de Ana Penyas podría ser, de hecho, cualquiera de una larga lista de pueblos de la costa levantina que, a mediados de los sesenta, tuvieron la suerte -o la desgracia- de ajustarse al modelo de desarrollismo económico franquista representado por el turismo de sol y playa.

No ha tirado en este caso de biografía familiar, explica, sino de puro trabajo de investigación que después ha ficcionado en forma de vidas, ya sea de abuelos y sus huertas o de nietos y sus fiestas sin fin a lo largo de la carretera de El Saler y el área metropolitana de Valencia.

Sí hay experiencia personal, reconocer Penyas, pero “tiene que ver con el paisaje, porque es mi lugar, mis padres viven en la frontera de Valencia con la huerta y estoy acostumbrada de ver esa mezcla de huerta, edificios al fondo, grúas, defensa de los ciudadanos para que no construyan, es parte de mi vida”.

El territorio, protagonista

El paisaje, el territorio es, de hecho, el principal protagonista: “lo he hecho de manera consciente. Soy muy observadora, por eso el libro está lleno de detalles, y es una mezcla de recuerdos, de fotos, de archivos de fotógrafos que han trabajado sobre este tema”.

Aunque su segunda novela gráfica no tiene tintes biográficos, sí está llena detalles en forma de recuerdos, fotos o archivos de fotógrafos que han trabajado sobre este tema

Como tal, reconoce, “era imposible tratar este tema sin que fuera con color”. Por sus páginas desfilan el azul del cielo y del mar, el amarillo del sol, el verde la huerta y el gris del cemento, pero también los colores flúor de los souvenirs y los que desde los carteles publicitarios “retrataban lo que la sociedad tenía que tener o disfrutar”… “Era imposible reducir este universo a una gama corta”, relata

Al final, es un trabajo “sobre economía”, que es la que ha mandado y manda en la historia de cualquier pueblo, reconoce. Basten los nombres de Marina D’Ors, Benidorm o la Fórmula 1, ejemplos todos de “años de neoliberalismo salvaje” en la Comunidad Valenciana.

No es Valencia, Benidorm ni Cullera, pero podría serlo. El marco de Todo bajo el sol, la esperadísima segunda novela gráfica de Ana Penyas podría ser, de hecho, cualquiera de una larga lista de pueblos de la costa levantina que, a mediados de los sesenta, tuvieron la suerte -o la desgracia- de ajustarse al modelo de desarrollismo económico franquista representado por el turismo de sol y playa.
Ana Penyas. Foto: Ángel Díaz | EFE.

Evolución gráfica

Premio Fnac-Salamandra Graphic, Premio Autora Revelación del Salón del Cómic de Barcelona y Premio Nacional del Cómic, Penyas reconoce haberse agobiado tras la publicación de su primera obra gráfica.

Por eso quiso volver con un tema que le interesara. Y se ha tomado su tiempo: desde que comenzase en 2018, dedicó un año al guión –“lo que más me costó”-, otro a dibujar y medio año más a retocar. “Más rápido, con mi técnica, no se puede ir”, explica.

Tres años y con su nuevo comic en las librerías, se advierte la evolución de su estilo. Honesta, reconoce que “estoy aprendiendo y eso se refleja en los dibujos que hago”. En este libro está quizás “más cerca de otros proyectos en el campo de la ilustración, con una mezcla de los elaborado y lo naif”. Hay también valentía, la necesaria para atreverse con una nueva estética pero, como asegura, “ha sido divertido salirme de lo que sé hacer y disfrutarlo”.

a.
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