Ciudades bajo ciudades: lo que el subsuelo esconde

RESO en Montreal (Canadá), Coober Pedy en Australia, Derinkuyu en la Capadocia (Turquía) o Shinjuku en Tokio: un nuevo libro de Mosquito Books revela la vida que fluye en ciudades completamente contruidas bajo el subsuelo

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.

Derinkuyu es una de las ciudades subterráneas de la Capadocia. Imagen: Mosquito Books.

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.

El frío extremo en Montreal, que alcanza –20 grados, está detrás de la construcción de esta microciudad subterránea, la más grande del mundo, conectada con la superficie por edificios residenciales y comerciales, transporte público y hasta 120 accesos desde el exterior.

Su historia es una de las 15 que se retratan en Ciudades arriba y abajo, un nuevo libro de Mosquito Books. La editorial barcelonesa publica esta deliciosa obra que firma Irene Noguer e ilustra Laufer y que pone en contraste el perfil de muchas y conocidas ciudades con las sorpresas que ocultan bajo sus superficies.

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.
RESO, en Montreal, es la ciudad subterránea más grande del mundo. Imagen: Mosquito Books.

Una ciudad bajo el desierto australiano

Por encima de Coober Pedy, al norte de Adelaida (Australia), solo hay desierto. Apenas unas chimeneas que emergen de la arena advierten de la vida que se desarrolla bajo el subsuelo. Que es mucha.

Su nombre deriva del término aborigen kupa-piti, que significa ‘agujero del hombre blanco’. Y es que la ciudad se formó a partir de galerías mineras dedicadas inicialmente a la explotación del ópalo, que comenzó a extraerse a partir de 19917.

El calor extremo –las temperaturas pueden llegar a los 48 grados- empujó a los mineros a convertir las minas en casas. Hoy son alrededor de 3.500 las personas que viven en dogouts, como se llama a estas cuevas excavadas y reconvertidas en hogares. Cuentan con agua, electricidad e internet y tienen a su alrededor casino, iglesia, tiendas y bares. Hasta un hotel, el Desert Cave, permite vivir la experiencia de residir en el subsuelo.

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.
Coober Pedy, en Australia. Imagen: Mosquito Books.

Ciudades subterráneas por descubrir

Aún guarda secretos Derinkuyu, en la Capadocia turca. Auténtico laberinto de galerías subterráneas, se pueden visitar 8 de los 11 pisos excavados bajo la superficie, aunque se estima que podrían ser 20 los niveles en los que se refugiaban hasta 10.000 personas de las invasiones.

En los hasta 20 niveles de galerías de Derinkuyu, en la Capadocia turca, se refugiaban de los ataques de los invasores 10.000 personas con todo lo necesario para vivir durante largos periodos

Abierta a los visitantes desde 1969 hoy es posible recorrer cocinas, pozos, una iglesia, casas y establos. También tenían agua, ya que la ciudad de construyó sobre un río subterráneo, además de aire fresco gracias a un ingenioso sistema de ventilación, así como un túnel que la conectaba con la también ciudad subterránea de Kaymakli (las dos son Patrimonio de la Humanidad por la. Unesco).

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.
Ciudades arriba y abajo, Mosquito Books.

Las minas de sal de Wieliczka, a escasos kilómetros de Cracovia (Polonia), nunca llegaron a ser una ciudad habitada. Sin embargo, su intrincada construcción en 9 niveles con más de 300 km de galerías y 3.000 cámaras ha albergado a miles de trabajadores, que han extraído sal sin interrupción desde el siglo XIII, lo que las convierte en una de las minas en activo más antiguas del mundo –aun hoy se extrae sal de mesa-.

Hace algunos años se diseñó un recorrido turístico de 3,5 km que atraviesa diferentes galerías, la gigantesca capilla de Santa Kinga, de 1.000 m2 y con una altura de 18 m, y espacios donde se recrea la vida y el trabajo de los mineros de antes.

No era una ciudad, pero sí un micromundo el que se desarrolló en torno a la necrópolis de Guiza (Egipto). A la orilla oeste del Nilo, un conjunto de edificaciones tan increíbles en su aspecto interior como interior, donde se ocultan todo tipo de cámaras subterráneas ocultas desde hace más de 4.000 años.

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.
Necrópolis de Guiza. Imagen: Mosquito Books.

Refugios nucleares y urbes en construcción

También hay una ciudad bajo tierra en China, concretamente Dixia Cheng, en Pekín, aunque esta mucho más moderna, ya que fue construida en la década de los setenta del siglo XX.

En plena Guerra Fría, el país levantó este refugio a prueba de cualquier ataque nuclear para proteger a la población. Nunca fue habitada pero contaba con todo lo necesario para sobrevivir por un largo periodo, desde casas a teatros, zonas de cultivo y, por supuesto, pozos con agua potable.

No es una emergencia nuclear, sino la falta de espacio en la ciudad-estado de Singapur la que ha llevado al diseño de otra cuidad bajo la tierra. Con el nombre de Jurong y aún en desarrollo, miles de profesionales están embarcados en la construcción de una urbe con todas las comodidades y donde sus habitantes no echen de menos la superficie.

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.
Dixia Cheng, la ciudad china preparada para un ataque nuclear. Imagen: Mosquito Books.

Otras de las 15 historias de este libro –como otros de esta editorial, editado para niños… o no– relatan historias de viejas ciudades perdidas, como la de Kweneng, en los alrededores de Johannesburgo (Sudáfrica), del siglo XV. Hoy enterrada bajo la estepa africana en la Reserva natural de Suikerbosrand, se cree que pudo estar habitada por 10.000 personas del grupo étnico Tswana.

O la de Yungay, en Perú, sepultada en 1970 por una avalancha de tierra y hielo desencadenada por un terremoto.

De Nueva York a París

Ciudades como Nueva York, Tokio, París, Barcelona o Dublín tienen también muy diferentes relaciones con su subsuelo. Así, mientras Nueva York y Tokio -aquí especialmente visible en el distrito de Shinjuku- combinan espectaculares skyline de rascacielos de hormigón y cristal en la superficie con una frenética actividad de transporte bajo sus calles, París oculta tesoros como catacumbas y embalses.

Bajo el asfalto de la segunda urbe más poblada de Canadá bulle una ciudad subterránea por la que pasean cada día más de 500.000 personas. Con calles, plazas y 30 km de galerías, tiene tiendas, bancos, hoteles, restaurantes, cines, discotecas y hasta una biblioteca, se pueden pasar varios días sin salir de RESO –de la palabra francesa réseau, que significa metro-.
París arriba y abajo. Imagen: Mosquito Books.

En el otro extremo está Dublín. En la capital irlandesa, construida sobre una laguna, la composición del suelo y las filtraciones de ríos y acueductos han impedido la construcción subterránea: no hay metro, ni aparcamientos u otros espacios subterráneos.

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