Amapolas en octubre: libros sin moderación

Laura Riñón decidió no volver a subirse a un avión de uniforme después de veintidós años despegando y aterrizando. Y la librería Amapolas en octubre pasó de ficción a no ficción

Laura Riñón (Zaragoza, 1975) suele preguntar a quien le pide una recomendación lectora que qué le duele. En función del dolor, de la molestia, de la queja, esta librera, con porte de alero baloncestístico, le receta un libro,  incluso cuando es el mejor momento para leerlo, o el capítulo de uno. Las dosis son muy importantes en los medicamentos, en la literatura también. Amapolas en octubre (calle Pelayo 60) es un blíster de libros.

Un libro y a la mierda con todo

De pastillas y de resacas sabían mucho los autores desquiciados y borrachos que Laura (IG @laurarinonsirera) descubrió durante el año que estuvo estudiando COU en Portland (Oregón, Estados Unidos). Del Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita, pasó a Las uvas de la ira, de John Steinbeck, Nueve cuentos, de J. D. Salinger y Matar un ruiseñor, de Harper Lee, su libro favorito, después de Mujercitas, de  Louisa May Alcott. Novela con la que dice que empezó todo, desde el amor por los libros hasta el amor por ser y vivir como le diera la gana, a pesar de las normas establecidas.

«Laura recomienda los libros que le han gustado y cuenta lo que esa lectura le ha hecho sentir. Ella es librera, juglar y chamán»

Galo Martín Aparicio

Libros que condicionaron sus gustos literarios y autores cuyos rostros decoran hoy Amapolas en octubre. En la pared que hay detrás del sofá en el que la gente se sienta -no faltan las personas que preguntan por el precio del mismo- y en el que tiene lugar esta entrevista, hay fotografías e ilustraciones de Paul Auster, Sam Shepard, Dickens, Capote, Hemingway, Harper Lee y en el centro de la composición, Virginia Woolf, a quien Laura considera alma y maestra. Manuel Vicent es el único representante de las letras españolas que hay en este particular muro de la fama. El hueco en blanco que hay debajo de la fotografía es para que lo firme. Laura espera su visita desde el 11 de enero de 2019, que es cuando abrió las puertas de la librería. Igual que la Sala Clementina, anexa al espacio principal, espera que pronto vuelva a ser lugar de celebración de presentaciones de libros, encuentros entre autores y lectores y clubs de lectura. Cualquier excusa es buena para tomar una copa de vino para Laura, una anfitriona más allá de los cánones.

Laura Riñón en la puerta de su librería. Foto: Marina Neira.
Laura Riñón en la puerta de su librería. Foto: Marina Neira.

Quien escribe este texto no tenía dolor alguno cuando visitó la librería pero, al igual que el resto de españoles, llevaba mucho tiempo sin salir de casa o no ir más allá de la manzana. No lo dudó, Laura me recomendó Al oeste con la noche, de Beryl Markham, publicado por Libros del Asteroide. Una novela sobre una mujer extraordinaria y el África colonial británica. También funciona muy bien como manual para una amante de la aviación, como lo es Laura, hija y hermana de piloto y quien sabe de si proviene de una familia de juglares.

Volar y leer

Antes de librera Laura fue azafata de la desaparecida aerolínea Spanair, después se pasó a la aviación privada, a los aviones en los que los pasajeros son la crema de los consejos de administración de las empresas con sedes muy verticales y acristaladas y los Julios Iglesias que se lo pueden permitir. Su carrera aérea comenzó abandonando cuarto de Derecho. Cambió los juzgados por una cabina alada.

Durante los veintidós años que estuvo volando viajó por medio mundo, conoció y convivió con personas de las que ha aprendido lo poco que sabe, dice, visitó las librerías más famosas de cada ciudad y leyó más libros de los que hubiera podido leer de haberse dedicado a otra profesión. Leyó y escribió en los aviones Dueño de tu destino, un libro de relatos que fue Premio Éride en 2014, Todo lo que fuimos, Amapolas en octubre, novela en la que se refiere a la Librería de Jo, la que a la postre sería su Amapolas, y El sonido de un tren en la noche, las dos últimas publicadas por la editorial Tres hermanas.

No se cansó de volar, supo que había llegado el momento de dar vida a lo que tenía que ser, su librería Amapolas en octubre. Para hacerlo tuvo que cambiar los amaneceres desde una habitación de hotel en una ciudad nueva cada semana por levantarse y acostarse todos los días en la misma cama. La maleta dejó de rodar y se acabó el colgar en el pomo de la puerta el cartel pidiendo por favor que no molesten. Al hilo de los hoteles y las soledades de las pinturas de Edward Hopper, Laura me recomienda Un caballero en Moscú, de Amor Towles y publicado por Salamandra. Una novela que cuenta la historia de un aristócrata ruso condenado en 1922 a un arresto en un lujoso hotel del que si sale será ejecutado al instante.

El icónico sofá de Amapolas en octubre. Foto Marina Neira.
El icónico sofá de Amapolas en octubre. Foto: Marina Neira.

Volar también le permitió hacerse con una agenda de contactos de reservado de discoteca, tipos a los que les da igual beber champán que lavarse las manos con él. Habla de Florentino Pérez con la cercanía y afecto de una nieta descarrilada, no hay post suyo en Instagram que a Máximo Huerta no le guste y tiene la confianza y temeridad de hacer un tapón, si es necesario, a Amaya Valdemoro.  Estos dos últimos son habituales en los directos que Laura organiza en su Instagram (@amapolaslibreria), en los que no faltan autores y amigos a los que la librera admira: Juan Tallón, Nata Moreno, Sol, Belén Rubiano, quien a pesar de Rialto, 11, publicado por Libros del Asteroide, no le quitó las ganas de ser librera a Laura.

En Instagram también recomienda los libros que le han gustado y cuenta lo que esa lectura le ha hecho sentir. Laura es librera, juglar y chamán.

«El club de los mentirosos, de Mary Karr, publicado por Periférica & Errata Naturae. Leí este libro hace años y, desde entonces, celebro cada nueva publicación de una traducción de su obra. Creo que estas semanas, en las que apenas podemos hacer cosas, deberíamos aprovechar los días para viajar a las novelas como esta solo para fingir que vivimos otras vidas. Viajar con personajes como los que pasean por este libro, tan reales como disfuncionales, y reír sin contención ante el sarcasmo y el humor con el Karr habla de un pasado con no pocos episodios duros. Podemos elegir un libro como este porque, además, hay segunda y tercera parte, por si terminamos con ganas de más. Incluso podemos empezar a escribir nuestra historia, para nosotros, no para publicarla».

Una casa por librería

En Amapolas en octubre la librera vende y firma sus libros. A las clientas que no se dirige por su nombre Laura las llama pasajeras. Dice que un libro y un avión se parecen mucho, que una librería también es un viaje. Mientras me atiende se interesa por la gente que en ese momento hay en el interior de su casa, de su refugio. Les pregunta si están bien, si necesitan algo y que no duden en intervenir en la conversación. Conversación que interrumpe la propia Laura para saludar y hacerse una foto con María Pizarro, actriz que ha estado interpretando el papel de Jo en una readaptación de su novela favorita en el Teatro Español, En palabras de Jo… Mujercitas. Jo llama a la chica, quien le sigue la corriente, y a Jo le dedica su libro. La visita de Jo para Laura es un sueño hecho realidad y como tal lo vive y lo hace saber al resto de asistentes.

Laura Riñón es una librera que vende sus propios libros. Foto: Marina Neira.
Laura Riñón es una librera que vende sus propios libros. Foto: Marina Neira.

En Amapolas no hay un día normal y menos un sábado por la mañana. Haya o no pandemia. Lo único que nos recuerda a estos días de la fiebre en Amapolas es el libro Salvaconducto-19, de Daniel Rodríguez, publicado por Renacimiento. Un ensayo periodístico de cómo vivió su autor el confinamiento y que encaja con el gusto de Laura. A la librera, quien dice ser intimista en sus lecturas y escritura, más que la COVID-19, lo que le interesa son las soledades, los miedos y de cómo la vida te cambia en un instante. Aunque su público, en estos momentos, le pide libros que abracen y no víricos.

A pesar de su altura, recordad que Laura jugó al baloncesto con Amaya Valdemoro, y el poco espacio libre que hay en la librería, ella se las ingenia para esconderse entre pilas y estantes de libros que escoge en función de sus gustos y no de la dictadura de las grandes editoriales, monstruos de fabricar ingentes cantidades de novedades. El fondo de Amapolas es una selección de libros muy particular, muchos de ellos publicados por editoriales medianas y pequeñas. Es la literatura que seduce y Laura conoce, la que puede recomendar. Le revienta que le digan que tiene pocos libros porque eso significa que no han entendido el concepto de Amapolas. No la han entendido a ella. Si Laura se mira en un espejo la imagen reflejada que se ve es la de Amapolas.

Amapolas es un bar en el que la clientela sabe que aquí no se sirve garrafón, que Laura no trafica con literatura adulterada. Es tan puro su material que antes te presta su coche, hasta su casa, que sus libros. Estos los receta, por algo son lecturas analgésicas. Es cuestión de tiempo que Laura vista con una bata blanca.

a.
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