‘Salvados’: Las cinco diferencias entre el viejo programa de Évole y el nuevo de Gonzo

Regresa a las pantallas el icónico espacio de La Sexta con una nueva tanda de reportaje: qué ha cambiado y que permanece del antiguo programa de Évole

¿Si ponemos langostinos a un cóctel de gambas podemos seguir hablando de cóctel de gambas? Lo más sincero sería llamarlo cóctel de langostinos, pero la realidad es que las características del plato son las mismas y el sabor del langostino y el de la gamba se asemejan mucho con lo que no parece necesario. Sin embargo, ¿por qué no renombrarlo? ¿Alguien ha oído hablar del cóctel de langostinos? Lo nuevo, es cierto, no atrae tanto como lo que ya conocemos. En tiempos inciertos como los nuestros, la certeza de una marca conocida es un plus.

Cuando Jordi Évole anunció que abandonaba ‘Salvados’ después de más de una década al frente del programa, muchos creyeron que el espacio acabaría con él. Pocas veces un programa había estado más asociado a su presentador. ‘Salvados’ era Jordi Évole. Por ello, cuando acto seguido se anunció que Fernando González, más conocido como Gonzo, periodista bien conocido por su papel en ‘El Intermedio’, iba a coger el relevo, muchos no supieron ver qué ‘Salvados’ nos encontraríamos.

Marca ‘Salvados’

Estamos en la era de la I.P., de la llamada Intelectual property. Todos buscan la marca consagrada. Renunciar a ella resulta casi un anatema. Star Wars, las películas de superhéroes, Sherlock Holmes, ¡La ruleta de la fortuna!, todos quieren dar nueva vida a lo que ya conocemos. Netflix crea tanto contenido con la desesperada intención de crear nuevo “I.P” ya que sus competidores, como Disney o Warner Bros están llenos.

Si ha habido cinco James Bond y siete Superman, ¿por qué no iba a poder haber dos ‘Salvados’?

La marca ‘Salvados’ estaba tan bien definida que era un valor seguro para La Sexta. El formato seguía unos patrones maestros y no era difícil imaginarse a Gonzo moviendo los hilos como lo había hecho Évole. Los primeros episodios de la primera temporada mostraron que sí era posible un recambio. Si ha habido cinco James Bond y siete Superman, ¿por qué no iba a poder haber dos ‘Salvados’? ¿Tan diferente iba a ser el nuevo programa de Gonzo que tenía que renunciar a un nombre que iba a atraer de inmediato a una gran cantidad de espectadores?

En esa primera temporada, Gonzo nos llevó a Bolivia, a los días después de la sentencia del 1-O, a una mesa de los políticos “periféricos” del congreso, a la vida de los menas, demostrando que la marca de fábrica del problema seguía siendo el mismo. Lo único que cambiaba era el director de orquesta. Claro que si ‘Salvados’ era Évole, entonces eso significaba cambiar la parte principal y había que notarse.

Una imagen del ‘Salvados’ dedicado a los menas.

Jugando a las diferencias

El 8 de noviembre regresó el programa y podemos ofrecer una primera impresión de las cinco diferencias entre el ‘Salvados’ de Évole y el de Gonzo, entre el catalán y el gallego, entre el simpático que te desarma con la ironía al buen mozo que te arranca la verdad a base de persistencia y tenacidad. El juego de las cinco diferencias nunca ha sido más interesante que en esta comparación entre uno y otro. He aquí las primeras conclusiones:

1. El papel del presentador parece haber variado un poco. La ironía de Évole, que le servía para atacar a sus entrevistados con sorna y una sonrisa de bufón, ha pasado con Gonzo a una confrontación más directa y pausada, dejando que sean los propios personajes los que metan la pata, no dirigiéndoles tanto como hacía Évole. El resultado es el mismo, el público puede ver las contradicciones sin que nadie las minimice o relativice.

poco a poco iremos viendo cómo el programa se adapta más y más a la idiosincrasia personal de Gonzo y de esta forma el formato deja de estar acartonado dentro de sus viejas filias y fobias

2. Desde ‘Caiga quien caiga’ a ‘El intermedio’ pasando por diferentes programas, Gonzo es un periodista que se siente a gusto en la calle y que domina el caos. Su temple en la tormenta es un plus en diferentes momentos del programa. Évole es más efectivo en el cuerpo a cuerpo, en desnudar al personaje y como aquella niña de “El traje nuevo del emperador” ayudarnos a que nos dejemos de tonterías y veamos que el emperador en realidad está desnudo.

3. La velocidad de los registros también es diferente. Évole es rápido y reacciona con esa inmediatamente, lo que hace que el ritmo de sus programas sea ese, rápido y punzante. Es como si el mundo fuese acelerado y él quisiese vencerlo yendo todavía más rápido. Gonzo, otro periodista de extrema agilidad, asume la velocidad del mundo, pero para ralentizarla y que nadie se pierda nada. Es como la repetición a cámara lenta de una acción de un partido de fútbol. Mientras uno adelanta al mundo el otro lo para. El resultado, otra vez, es el mismo.

Gonzo sustituyó a Jordi Évole en la dirección de 'Salvados.
Gonzo sustituyó a Jordi Évole tras diez años en la dirección de ‘Salvados’.

4. El lenguaje corporal también es distinto. Évole se mueve y sesea, como si fuese una serpiente. Parece colarse por todas partes. Gonzo tiene aspecto de caballero andante y no se cuela, sino que avasalla. Su naturaleza es tan diferente que hace que sea imposible no ver que se tratan de dos programas distintos. Quién quería el ‘Salvados’ de Évole no lo ha encontrado, pero ha descubierto que hay diferentes formas de conseguir los mismos objetivos.

5. El lenguaje también es distinto, aunque los guionistas puedan ser más o menos los mismos. No sabemos hasta qué punto los programas están pautados y controlados o se rigen por la inspiración y talento de sus presentadores, pero lo que está claro es que Évole y Gonzo hablan de forma diferente y esto hace que los personajes respondan de forma distinta.

El balaceo y cadencia sosegada típica de Gonzo es hipnótica, y sus palabras son más académicas y pensadas. Por su parte, Évole domina la punzada aguda, más de la calle, con lo que habla y atrapa como un cazamoscas.

En resumen, el programa ha cambiado, y mucho, pero sigue siendo ‘Salvados’. Esta nueva etapa promete emociones fuertes, con una nueva visión sobre la pandemia del coronavirus y el desgaste sanitario, con el enfrentamiento con Esperanza Aguirre como momento cumbre.

Seguro que poco a poco iremos viendo cómo el programa se adapta más y más a la idiosincrasia personal de Gonzo y de esta forma el formato deja de estar acartonado dentro de sus viejas filias y fobias. Está claro que Gonzo sabe hacer un ‘Salvados’ a lo Évole y ahora se abren nuevos caminos. En realidad, el formato ha variado tanto desde sus primeras encarnaciones que está claro que su naturaleza es que siga cambiando.

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