La Isla de las tentaciones: ¿por qué parece que los celos son sólo cosa de mujeres?

Arranca una nueva edición del concurso de Telecinco que enfrenta a cinco parejas con 18 solteros y solteras en busca de romper su relación

Érase una vez una princesa que, para saber los verdaderos sentimientos de su amor verdadero, lo encerraba en una isla paradisíaca con nueve mujeres. Si al cabo de unas semanas él conservaba la dignidad y se mantenía fiel, eso demostraría definitivamente que su relación era el no va más y que vivirían juntos para siempre. Sólo había un problema, ella también tendría que vivir sola con 9 solteros y demostrar su fidelidad. ¿No acabaría siendo ella quien traicionase a su caballero y demostrase que el amor nunca es verdadero? ¿Buscar verdad en el amor es buscar su muerte?

Ésta es la premisa de La isla de las tentaciones que Telecinco ha estrenado con gran expectación y éxito de audiencia. No era para menos, la primera edición dejó el listón muy alto. No es La Odisea, pero qué demonios, es la mar de épico.

Celos, inseguridades, amor, traición, rabia, furia, enfrentamientos, orgullo, envidias, aquí nos encontramos con las debilidades humanas magnificadas para consumo rápido y disfrute de la audiencia. Si las olimpiadas son el culmen de los amantes del deporte, La isla de las tentaciones tiene que ser el culmen de los amantes del melodrama. Hay más emoción y poesía en estos jóvenes que en el último Premio Espasa, eso seguro.

¿Por qué La isla de las tentaciones?

El primer programa intentó responder a la pregunta que todo el mundo que no está en esa isla se hace… ¿por qué? ¿Qué lleva a una pareja a exponerse a una prueba como ésta?

La respuesta de las cinco parejas fue idéntica, ellas eran celosas e inseguras y querían descubrir que no, que sus temores eran infundados, que sus novios eran perfectos, fieles y enamorados, y que si no estuviesen con ellas no estarían con nadie.

Sí, la premisa no tiene mucho sentido, una persona celosa intentando desesperadamente confirmar que sus celos no son reales colocando a su amor frente a todo tipo de posibles amantes. Ellas estaban convencidas que esta prueba consolidaría su amor. La propia presentadora, Sandra Barneda, se lo confirmaba. “Este programa os va a cambiar para siempre”.

En todas las parejas se repite un patrón: ellas son celosas e inseguras y buscan una prueba que consolide su amor

Quizá sí, quizá los cambie, pero hacia qué, cuál será la metamorfosis. ¿Los concursantes que superaron la primera edición sin caer en la tentación ya no tienen celos? ¿El programa cura realmente? Dios, si Othello hubiese podido ir al reality quizá Desdémona estaría ahora viva. Bueno, ahora no, o tendría 400 años, pero entonces, entonces.

Mirar a tu pareja a través de la pantalla

La pareja que protagonizó este primer capítulo fue la formada por Tom y Melyssa. Él es un empresario de Marrakech de 27 años y ella una diseñadora de Barcelona, ex tronista de Mujeres, hombres y viceversa.

Su preciosa historia de amor empezó hace ocho meses en los platós de televisión y ella lo abandonó todo para vivir junto a él en Marruecos. Parece un cuento de hadas ¿verdad? El problema es que sus celos son terribles y condicionan una relación que parece una tormenta a punto de estallar. Además, los del programa, que saben qué teclas tocar para distraernos a todos, pusieron entre las solteras a una vieja “conocida” de Tom y antes de empezar el concurso ya la pobre chica cayó hecha pedazos. Él, abochornado y sin saber qué decir, sintiéndose señalado, sólo ponía cara de lenguado. La letra escarlata la llevaba él en la frente y es del tipo de personas que, si le repites ocho veces que es un miserable, será un miserable.

El amor, cuando se acaba, siempre es una tragedia, y aquí, definitivamente, parece destinado a acabarse

El resto de parejas seguían más o menos el mismo patrón, pero sin tanto melodrama. Estaban Pablo, un dj de Murcia, y Mayka, una camarera que también se vuelve loca de celos por su inseguridad. “Yo no le conozco sin mí, a ver si el programa me resuelve la duda”, dijo Mayka. La gente ha interiorizado tanto las pantallas que necesitan llevar a sus novios a una para así mirarlo realmente y conocerlo por fin. Por supuesto, él había estado con otras mujeres al principio de su relación, pero decía que había cambiado. Es tan fácil cambiar, sólo hace falta decirlo, al parecer.

La isla de las tentaciones, Telecinco.
Sandra Barneda presenta ‘La isla de las tentaciones’, en Telecinco.

También había cambiado Cristian, un camarero de 31 años que dejó a su novia por la novia de su mejor amigo, pero luego engañó a ésta con su ex. La engañada, Melodie, también tenía un lío en la cabeza enorme y engañó a su ex mejor amiga con Cristian, pero luego éste se fue a Alemania y ahí se lio con su ex o se confundió y le quitó la ropa porque creyó que era la lavadora. No lo sabemos. En todo caso, Cristian había cambiado y ahora iba al concurso a demostrarlo. “¡Fortaleceré la relación!”, prometió el chico, como si fuera Lancelot y proclamara amor eterno a su amada.

Buscar certezas… o excusas

La pareja más mona, pero la más diferente entre sí, eran Ángel e Inma. Él creo que es Pablo Alborán, que se ha teñido de rubio para ir al programa, y ella es una influencer que dice que se parece a Penélope Cruz con 200.000 seguidores que va al concurso “a callar bocas” ¿Vas a un reality de máxima audiencia a que no hablen de ti? La gente llega a veces a unas conclusiones…

A él parecía que todo le daba igual, que quería a su chica y punto, mientras ella quería demostrar que no sólo le interesan los likes y el famoseo y que le quiere de verdad. ¿Y qué es lo que hace para demostrarlo? Ir a un programa de televisión.

Inma, una de las protagonistas, va al programa «a callar bocas» o, lo que es lo mismo, a un ‘reality’ de máxima audiencia a que no hablen de ella

La última pareja, y la más veterana, eran Lester, un camarero de 32 años, y Marta, una administrativa de 29. Llevan 11 años juntos y parece que han ido al concurso sólo para encontrar de una vez una excusa rotunda para separarse, porque si no lo fuerzan están condenados a seguir juntos hasta la eternidad. “Discutimos y nos peleamos por todo”, aseguraban. Alguien así quiere discutir y pelear por dramas de verdad, está claro, y volver a empezar de nuevo.

En definitiva, el programa es el entretenimiento más épico de la televisión actual. El amor, cuando se acaba, siempre es una tragedia, y aquí parece destinado a acabarse. ¿Qué pareja se romperá? ¿Cuál fortalecerá su relación? ¿Por qué las solteras parece que las haya vestido Yoli, la diseñadora que creía que vestirse era una vulgaridad? ¿Así se seduce en la era Tinder? ¿Por qué sólo ellas hablan de sus celos? ¿Acaso los hombres no temen perder en el amor?

Yo creo que todos están ya muy perdidos y eso es lo que convierte el programa en algo fascinante. La única pregunta que queda por contestar es: ¿Es lícito distraerse con los dramas reales de personas adultas? Sí, es cierto, sería peor si fueran niños, pero aún así.

a.
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