The Crown: la delgada línea entre realidad y ficción

La producción de The Crown es tan potente que el gobierno británico pide que se aclare que se trata de una ficción, aunque esté inspirada en hechos reales

Hace unas semanas salía la noticia que el ministro británico de Asuntos Digitales, Cultura, Medios y Deporte, Oliver Dowden, también conocido entre sus enemigos políticos como el “cara de patata”, ha advertido a Netflix que debería dejar claro desde el principio que la serie The Crown, que narra la relación familiar de los miembros de la corona británica, se trata de una ficción y no de un documento real.

Curiosamente no se ha hecho esta petición hasta que no han llegado a la cuarta temporada, en la cual se desvela la relación entre el Príncipe Carlos y Diana Spencer, la que acabaría siendo la mundialmente adorada Lady Di, y la esposa, dicen, que ensombreció la popularidad de la monarquía.

Cuando la ficción se convierte en realidad

Soy uno de los más de 25 millones de espectadores que ya han visto esta nueva temporada, estrenada hace pocas semanas, y la ha visto, tal como sospecha el ministro Dowden, sin acordarme de que no es un documental histórico.

Uno se acaba olvidando de que es una ficción y se queda con el interrogante de hasta qué punto todo lo visto en cada capítulo puede ser verdad.

Carles Sans

Aún sabiendo de antemano que no se trata de una docuserie, sino de una ficción basada en hechos y personajes reales, uno se acaba olvidando de ello y se queda con el interrogante de hasta qué punto todo lo visto en cada capítulo puede ser verdad.

La cuarta temporada traza un triángulo entre las tres figuras más importantes. Foto Netflix

Un trabajo de excelencia

Como la serie tiene ganado a pulso el reconocimiento de un trabajo perfecto por su ejecución, por su vestuario, por la dirección artística, por sus maravillosas y fastuosas localizaciones, por los diálogos magistralmente interpretados por todos los actores que intervienen, hace que todo lo expuesto parezca un producto con garantía de veracidad, dando por hecho que el mismo rigor empleado en todos los aspectos que componen la producción se halla también en su guión.

Un guión cuyos diálogos han sido escritos por el prestigioso guionista Peter Morgan, condecorado hace cuatro años, por cierto, con la Orden del Imperio Británico.

El ministro Dowden dice que hay que ver la serie con el margen necesario como para recordar que todo se basa en hechos figurados, hechos, digo yo, que no ocurrieron todos como se cuenta en la serie, pero que ocurrieron casi todos.

El tratamiento dado a Lady Di despertó polémicas. Foto: Netflix

No hacen falta advertencias

Es curioso porque muy pocas veces se pide a los responsables de una serie que certifiquen que lo descrito es ficticio. Más bien al contrario: en algunas películas se avisa al comienzo que está basada en hechos reales, porque eso le añade interés a la historia.

Si la historia se basara en sucesos ocurridos hace siglos, el ministro, muy probablemente, no hubiese sugerido nada a la plataforma de televisión.

En el caso de The Crown tiene una explicación, y es que se habla y se cuestiona a la incombustible reina Isabel II, al Príncipe de Gales y a toda la familia, casi todos ellos protagonistas vivos, representantes nada menos de que de la sacrosanta casa real británica.

Si la historia se basara en sucesos ocurridos hace siglos, el ministro, muy probablemente, no hubiese sugerido nada a la plataforma de televisión.

La actualidad más reciente

Actualmente las series se atreven, cada vez con más frecuencia, a hablar de hechos políticos o criminales ocurridos muy recientemente, tanto, que muchos de los protagonistas están vivos y en la calle.

Se ha hablado mucho de Patria, la serie de HBO que habla de las consecuencias del terrorismo etarra sobre la población en el contexto de la sociedad vasca y que se ha levantado bastante polvareda, junto a Antidisturbios, una serie de Movistar+ que habla de un grupo de policías envueltos en una trama de corrupción y violencia, y que muestra una visión humana y a la vez cruda de los profesionales del orden público, que revelan sus vergüenzas a través de los dramas personales y de sucias artimañas para no ser descubiertos.

A pesar de ser ficción, la serie ha causado malestar entre el Cuerpo Nacional de Policía que considera que no se ofrece la mejor imagen del cuerpo ni de quienes lo componen.

El mundo que hay detrás de la corona británica. Foto: Netflix

Disparen sobre Carlos

Volviendo a The Crown, Peter Morgan, el guionista, está siendo estos días el objetivo contra el que dispara el círculo de amigos e historiadores más próximo al Príncipe de Gales, al cual se le presenta como un hombre cruel y caprichoso que desdeña la figura de una joven e inexperta Diana Spencer, mientras entrega su verdadero amor a Camilla Parker-Bowles.

Sin embargo, del otro extremo, hay quien no ha tardado en arremeter contra la sugerencia del ministro Dowden porque se entiende, según dicen, que la gente no es tan tonta como para creer que todo lo que se cuenta es rigurosamente cierto.

En fin. Si se quiere dotar de interés a unos personajes históricos y por tanto reales, siempre hay que incluir unas dosis de ficción, porque, sinceramente, la rigurosa realidad de las personas y sus hechos suele ser demasiada aburrida como para llevarla al cine o la televisión y para que se convierta en un éxito comercial, que a fin de cuentas, es lo que se persigue.

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