‘Ratched’, el último ‘Mon Chéri’ envenenado de Ryan Murphy

Sarah Paulson es la enfermera Ratched en la precuela de 'Alguien voló sobre el nido del cuco' creada por el rey Midas de la ficción en TV

Jack Nicholson se las vio con la enfermera Ratched, a la que daba vida Louise Fletcher, en la película de Milos Forman que se tradujo con una lluvia de Oscar para todos: Forman, Nicholson, Fletcher, el guion adaptado y hasta para la película en sí misma, producida por Michael Douglas y Saul Zaentz, propietarios de los derechos de la novela de Ken Kesey. Ahora, el hiperactivo Ryan Murphy ha imaginado un pasado a aquel demonio vestido de blanco. 

Hemos entrado en la era de las precuelas. Después de Perry Mason y Bates Motel, llegan los años mozos de la enfermera Ratched, una fantasía en clave de sangre, sudor y estética camp que tiene muchísimo de homenaje a Hitchcock, con constantes guiños, desde filtros de color a lo Vértigo al mentado motel, que aquí tiene su réplica al borde de un acantilado, hasta la partitura de Mac Quayle, colaborador habitual de Murphy, que se bernardherrmaniza por momentos.

Es como si estuviéramos revisando aquellos biopics de 2012 –Hitchcock, de Sacha Gervasi, The Girl, de Julian Jarrold–, pero pasados por el filtro ultra-kitsch y algo pasado de vueltas de Murphy. 

La novela que convirtió en estrella a Ken Kesey

Cuando todavía era un estudiante de la Universidad de Stanford, Ken Kesey se convirtió en un astro de la contracultura gracias a Alguien voló sobre el nido del cuco, novela para la que se basó en sus experiencias de enfermero en un sanatorio, donde descubrió el LSD.

La novela, de hecho, estaba narrada como si fuera una alucinación de aquel indio gigante que el protagonista logra sacar de su ensimismamiento, aspecto psicodélico que Forman desestimó. 

Se diría que Murphy sí ha querido asumirlo en esta precuela. No sólo porque hay en la serie un viaje de ácido que acaba como el rosario de la aurora, sino porque esta sinfonía kitsch de colores pastel muy subidos de tono, en la que el vestuario de Paulson suele rimar con el decorado, tiene bastante de psicodélico, como si hubiésemos mordido la cereza de un Mon Chéri envenenado o, más bien, empapado de LSD. Murphy nos lleva a una California, la de 1947, tan colorista que parece onírica, como si estuviésemos soñando con los ojos abiertos. 

Ryan Murphy en estado puro

Aunque la idea original es deEvan Romansky, que figura acreditado como cocreador, la serie, por ahora compuesta de ocho capítulos de aproximadamente una hora de duración (con segunda temporada ya confirmada), es puro Ryan Murphy.

A la que Romansky le presentó la idea, nuestro rey Midas no paró hasta hacerse con los derechos, amparado por su contrato de un lustro con Netflix, que dicen que firmó por la módica cifra de 300 millones de dólares. 

En la serie se nota que hay dinero sobre todo por el reparto estelar (Judy Davis, Sharon Stone, Amanda Plummer…) más que por los opulentos decorados, concentrados en un sanatorio de lujo en el que se desarrolla casi toda la acción, o por el abuso de drones que nos gratifican con los inevitables planos cenitales sobre paisajes tintados. 

Si no nos fallan las cuentas, esta ya sería la tercera serie enmarcada en el trato, después de The Politician y la más reciente Hollywood, que tampoco es que hayan desatado reacciones especialmente desaforadas.

Sarah Paulson y Judy Davis en ‘Ratched’. Foto: Netflix.

De The Politician, Ratched tiene también un gobernador sin escrúpulos, capaz de lo que sea para mantenerse en el puesto. De la ucrónica Hollywood, ese fetichismo por el propio cine que Murphy también explotó a fondo en Feud, sobre la eterna rivalidad de Bette Davis y Joan Crawford.

Una villana con muchos fans

Al fin y al cabo, la enfermera Ratched también es uno de los grandes mitos de Hollywood. En 2003, ocupó el puesto número cinco en la lista de los villanos más aterradores de la historia del cine publicada por el American Film Institute, sólo por detrás de Hannibal Lecter, Norman Bates, Darth Vader y la Bruja del Oeste de El mago de Oz.

La encargada de rejuvenecerla, Sarah Paulson, que colabora con Murphy desde los tiempos de Nip/Tuck, inyecta al personaje una ambigua mezcla de dureza y de compasión. Demuestra un carácter despiadado que no recula ante ninguna barbaridad, y al mismo tiempo tiene su corazoncito, que se irá haciendo más grande a medida que desfilan los capítulos. Ocho episodios después, todavía no se sabe muy bien por dónde cogerla. 

Moquetas manchadas de sangre

Como decíamos, la serie se desarrolla primordialmente en una clínica de lujo para supuestos, o no tan supuestos, enajenados mentales. La dirige un personaje bastante hilarante que se hace llamar Dr Hanover (Jon Jon Briones), nombre improbable para un nervioso filipino de corta estatura aficionado a la automedicación.

Tal y como era de esperar en el creador de American Horror Story, no faltan tratamientos brutales, trepanaciones, amputaciones. El espectador podrá cerrar los ojos ante el inminente golpe, en el ojo. 

La serie se abre con el asesinato múltiple, bastante bien planteado, de un grupo de párrocos a manos de un asesino encarnado por Finn Wittrock, joven de mirada aviesa que ya aparecía tanto en American Horror Story como en tres temporadas de American Crime Story. Naturalmente, el prisionero acabará rápidamente en la clínica que nos interesa, y el resto, como se suele decir, ya es spoiler

El Dr. Hanover y una paciente con personalidad múltiple. Foto: Netflix.

Narrativa LGTBI

Tampoco sorprende que el creador de Glee y Pose incluya a no pocos personajes homosexuales, en este caso más lesbianas que gays. Murphy nos recuerda que, en 1947, el lesbianismo era considerado como una enfermedad mental que había que curar con los tratamientos más enloquecidos. Personajes como el de Cynthia Nixon se ven obligados a disimular su verdadera sexualidad ocultándose en un mundo clandestino, que sólo logramos atisbar. 

Al final, el cómo se hizo la enfermera Ratched es una historia de empoderamiento a través de una villana que actúa empujada por su traumático pasado y por las complejas circunstancias, endurecida por la vida, pero siempre con un brillo melodramático en la mirada. 

Un cóctel agitado con esmero por el creador Glee, aunque sorprendentemente no incluye momentos musicales memorables. Una mezcla de entretenimiento puro y nostalgia camp, con trazas de guilty pleasure, que se revela idónea para amenizar una velada a dos de sábado noche, daiquiri de fresa de por medio, mientras crepita el fuego de la chimenea y la alfombra tigresca continúa mirando al vacío. 

El genio que supo ver a Donatella Versace en Penélope Cruz nos ha recetado unas vacaciones en un balneario de lujo estrictamente vigiladas, con algún tratamiento de shock, pero por lo general agradables y placenteras. La serie que combina suspense, kitsch y déjà vu, a tono con el remake de Rebecca anunciado por Netflix para octubre. Aquel figura dirigido por el mismísimo Ben Weathley,aunque se diría que sólo hay un Dios creador y empieza por N. 

Estreno en Netflix: 18 de septiembre. 

a.
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