Así veríamos el mundo feliz que imaginó Huxley

La adaptación como serie de la novela 'Un mundo feliz' muestra a un Londres del futuro de diseño brutalista construido por la inteligencia artificial

Un mundo feliz llegaba a la misma conclusión distópica que 1984 pero por diferentes caminos: si George Orwell pensaba en un futuro dominado por el dolor y la represión, Adolf Huxley planteaba una sociedad adormecida por los placeres y el hedonismo.

Brave new world, la versión televisiva de la obra de Huxley aterriza en la pantalla chica de la mano de Peacock, la plataforma con que NBC pretende dar competencia a HBO, Amazon y Netflix.

El control de la inteligencia artificial

Todavía no podemos asegurar si se podrá ver en España, pero ya se puede tener una idea con el tráiler de esta producción, que tiene entre sus protagonistas a Demi Moore, Alden Ehrenreich (el Han Solo del último spin-off de Star Wars), Jessica Brown Findlay (de Black Mirror) y Harry Lloyd (el hermano de Daenerys Targaryen en Juego de Tronos). 

Trailer de ‘Brave new world’

El argumento plantea que en el futuro, tras una hecatombe, un programa informático llamado Indra controlará a gran parte de la población, dividida en castas donde las inferiores sirven a las superiores.

Huxley plantea que en el futuro la inteligencia artificial, las drogas y el sexo libre mantendrán a la población en un estado de perpetua felicidad donde no alterarán el orden existente

La monogamia, la privacidad y el concepto de familia no existen, y los habitantes viven en un estado de felicidad artificial y constante gracias al consumo de la droga soma y de mantener cuantas relaciones sexuales sean posibles.

El Nuevo Londres se construye sobre los restos de la antigua ciudad. Foto: NBCUniversal

El Nuevo Londres de ‘Un mundo feliz’

Uno de los escenarios principales de la ficción es Nuevo Londres, una metrópoli construida sobre las cenizas de la vieja capital británica.

Los productores de la serie se inspiraron en Brasilia y otras ciudades que fueron construidas desde cero

Como tantas otras series y películas, el desafío pasa por cómo enseñar una ciudad que no existe. Una alternativa era presentar edificios icónicos atrapados por la desidia y el paso del tiempo (como la Estatua de la Libertad en El Planeta de los Simios) o diseñar una urbe desde cero.

El camino elegido fue el segundo: si Huxley plantea la creación de una nueva sociedad, se supone que la ciudad protagonista tiene que ser totalmente nueva.

Algunos escenarios se inspiraron en la Brasilia de Neimeyer. Foto: NBCUniversal

El guionista David Weiner y el diseñador de producción David Lee tenían una consigna en claro: había que dar una estética futurista pero sin caer en la apariencia de Star Trek u otras cintas de ciencia ficción.

La nueva ciudad

El campo de inspiración fueron aquellas ciudades creadas desde sus cimientos, como la Brasilia de Oscar Niemeyer; así como la arquitectura brutalista y las ideas del italiano Carlo Scarpa y el francés Gérard Grandval.

Una de esas urbes, que no es una metrópolis sino un complejo, sirvió como set de filmación para varias escenas de Un mundo feliz, que es la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, diseñada por Santiago Calatrava.

Su estética orgánica ya había dado buenos resultados como localización en la tercera entrega de Westworld y en películas como Tomorrowland.

Una arquitectura que nadie discuta

Se supone que Nuevo Londres es producto de la inteligencia artificial de Indra, de una arquitectura diseñada para que sus habitantes estén tan a gusto que a nadie se le ocurra tener el más mínimo atisbo de rebeldía de pretender cambiar el esquema de la sociedad.

Los ambientes muestran la ausencia de privacidad en el mundo imaginado por Huxley

“Si bien diría que toda la ciudad es una obra de arte, tiene este tipo de ambiente moderno de mediados del siglo XX que es magnífico en su totalidad, pero no te enfrenta con las grandes ideas, porque ese es el tipo de cosas que sacudirían a la gente de Nueva Londres”, explica Weiner a Architectural Digest.

Los interiores recuerdan a la estética futurista de mediados del siglo XX. Foto: NBCUniversal

Los ambientes son de dimensiones generosas y con grandes ventanales, para recordar la ausencia de privacidad en la historia.

La decoración se nutrió de las ideas expuestas en las ferias comerciales de los años ’30, ’40 y ’50, que planteaban un mañana de asientos de formas esféricas, sillas ergonómicas como las de la serie Weele, mecedoras similares a las de Moooi y set de lámparas de estética retro como la de Foscarini, entre otras.

Escenarios reales

El parque de Battersea de Londres sirvió de escenario para recrear uno de los ‘jardines de placer’ de la serie, mientras que la impactante arquitectura brutalista de la antigua sede de una compañía de cemento se disfrazó de hotel donde los residentes de Nuevo Londres se alojan antes de partir de viaje a las Reservas Salvajes.

Sin embargo casi todas las escenas fueron filmadas en estudios, en 38 decorados construidos en un estudio de Gales.

A los ojos actuales la serie tiene pinceladas de Black Mirror, la citada Westworld y algún toque de Matrix.

Son diferentes formas de ver al futuro, aunque el mundo feliz de Huxley inquieta por esa idea de ceguera permanente que supuestamente da la felicidad sin límites.

a.
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