La nueva masculinidad: ¿por qué la mayoría de padres en televisión son ‘idiotas’?

Las ‘sit-com’ contemporáneas, sobre todo las infantiles, muestran la figura paterna como niños grandes para quien su mujer no es más que una nueva madre

Atención, la nueva masculinidad ha llegado y es maravillosa. Al menos según la televisión, y si creemos que ésta refleja los nuevos modelos sociales y familiares. Según las comedias de situación contemporánea, la mujer ha dejado de sufrir la dominación de una figura patriarcal tóxica. Ya no es el complemento subordinado de un hombre, no. Los tiempos han cambiado. ¿Pero han cambiado realmente? ¿Seguro que ha desaparecido esta subordinación?

phil dunphy (Modern Family)

Atención, la nueva masculinidad ha llegado y es maravillosa. Al menos según la televisión, y si creemos que ésta refleja los nuevos modelos sociales y familiares. Según las comedias de situación contemporánea, la mujer ha dejado de sufrir la dominación de una figura patriarcal tóxica. Ya no es el complemento subordinado de un hombre, no. Los tiempos han cambiado. ¿Pero han cambiado realmente? ¿Seguro que ha desaparecido esta subordinación?

En realidad, no. Han perpetuado la subordinación de la figura de la mujer al del hombre encerrándola todavía más en el rol de madre. Estos nuevos modelos familiares han matado al padre como figura preponderante de la familia, pero sólo para convertirlo en un nuevo niño, o sea, alguien que sigue necesitando toda la atención y todos los cuidados. La nueva masculinidad ha conseguido el truco más perverso del mundo, obligar a la mujer a seguir su rol tradicional, dejándola creer que se había librado de la figura opresora de ese “gran padre”. Sí, el padre ha muerto porque el marido se ha convertido en “gran niño” y toda madre sabe ahora que la gran opresión viene de abajo hacia arriba y no a la inversa. Ahora, para la televisión contemporánea, la mujer es la madre de sus hijos y de su marido idiota. Enhorabuena.

La familia ‘moderna’

Sólo hay que pensar en la comedia familiar por excelencia de la última década, la muy bien bautizada Modern Family. Tenemos por un lado al matrimonio tradicional, reminiscente de otra época, formado por el veterano actor Ed O’Neill y la mucho más joven Sofia Vergara. Aquí los roles antiguos se perpetúan, con él, hombre recto, duro y trabajador, enamorado de lo que antes de llamaba una “mujer trofeo”. La hija de él, interpretado por Julie Bowen, sería la familia tradicional “moderna”, con el genial Phil Dunphy, interpretado por Ty Burrell, como el padre contemporáneo, sensible, implicado, torpe y el típico “idiota” según los términos nietzcheanos y dostoievskianos. De esta forma, Bowen tendrá que criar no sólo a tres niños, sino también a un marido moderno.

Phil Dunphy, en ‘Modern family’ no se ve tanto como el padre contemporáneo, sensible e implicado, sino más bien como el típico “idiota”

No existe la nueva masculinidad como no puede existir la nueva normalidad. La normalidad es un conjunto de reglas bien establecidas objetivadas por un principio de permanencia en el tiempo. No puede haber una nueva “permanencia en el tiempo” porque, si existiese, entonces ya no sería nueva, sería vieja, que es lo que permanencia en el tiempo significa. Por tanto, hablar de nueva normalidad es un oxímoron y el oxímoron sólo tienen sentido en la poesía mística y religiosa. Y la nueva normalidad no es en nada mística.

Atención, la nueva masculinidad ha llegado y es maravillosa. Al menos según la televisión, y si creemos que ésta refleja los nuevos modelos sociales y familiares. Según las comedias de situación contemporánea, la mujer ha dejado de sufrir la dominación de una figura patriarcal tóxica. Ya no es el complemento subordinado de un hombre, no. Los tiempos han cambiado. ¿Pero han cambiado realmente? ¿Seguro que ha desaparecido esta subordinación?
El padre de Henry Danger es otro ejemplo de ‘nueva masculinindad’ en el sentido de padre idiota.

Del mismo modo, la nueva masculinidad no niega los vicios y perturbaciones de la masculinidad, sino que informa de una nueva forma de perpetuarlos. De esta forma, el padre de la nueva masculinidad sólo es uno que ha encontrado nuevos medios de seguir haciendo que la mujer permanezca subyugada a su voluntad. Hay que odiar tanto la masculinidad como la nueva masculinidad. Si la masculinidad está socialmente mal, no tiene ningún sentido buscar una nueva.

Padres en las series infantiles

Miremos, por ejemplo, los nuevos modelos de padre en las series infantiles de mayor éxito. Quien tenga hijos sabrá quién es Henry Danger, Los Thunderman o Nicky, Ricky, Dicky y Dawn, todas series de Nickleodeon que funcionan en un mismo universo, con frecuentes episodios que se cruzan entre sí y con el mismo sentido del humor. El padre de Henry no sólo es un “idiota” a ojos de su mujer, sino que la perversión llega al límite de que es un “idiota” a ojos de sus propios hijos, que muchas veces tienen que hacerle literalmente de padres. No es tan descarado en Los Thunderman y Nicky, Ricky, Dicky y Dawn, pero no hay duda que la antigua figura autoritaria de padre se ha variado por completo y ha nacido la figura autoritaria de hijo. Los hijos son los nuevos padres en todas estas series y el padre lo ha entendido antes que nadie. En lugar de protestar se ha convertido en otro hijo a expensas, como no, de la siempre sufrida madre.

Según un estudio de The Conversation, las sit-com se burlaron hasta un 50% de las veces de la nueva figura del padre y sus dotes educativas

En los 80 vimos cómo se revertía poco a poco la figura tradicional de padre con míticos ejemplos como Cliff Huxtable, interpretado por el agresor sexual Bill Cosby, o el doctor Jason Seaver, interpretado por Alan Thicke en Los problemas crecen. Ambos interpretaban a un padre que volvía a trabajar en el hogar para que su mujer pudiese volver a ejercer su profesión, abogada en el primer caso y periodista en el segundo. Eran padres en el viejo sentido del término, pero descargaban a la mujer de su rol de madre como único gen identitario.

Atención, la nueva masculinidad ha llegado y es maravillosa. Al menos según la televisión, y si creemos que ésta refleja los nuevos modelos sociales y familiares. Según las comedias de situación contemporánea, la mujer ha dejado de sufrir la dominación de una figura patriarcal tóxica. Ya no es el complemento subordinado de un hombre, no. Los tiempos han cambiado. ¿Pero han cambiado realmente? ¿Seguro que ha desaparecido esta subordinación?
Jason Seaver, el padre de Los problemas crecen.

Nueva figura de padre… o no

En los 90 vimos en España este perfil llevado al extremo cuando se estrenó Full House (Padres forzosos). Un hombre se queda viudo y ante su incapacidad de adaptarse a su nuevo rol de padre y madre de cuatro niñas, acepta que su mejor amigo y el hermano de su mujer vayan a vivir con él. ¿Son tres padres? No, es una única madre, interpretada por Bob Saget como el viudo, al que ahora tendrá dos nuevos “maridos”, interpretados por Dave Coulier y John Stamos, a los que también tendrá que cuidar. La nueva masculinidad era introducida a la sociedad, pero todavía nadie vio los peligros perversos que encerraba. Tanto es así que Netflix repitió la serie haciendo que ahora fueran las niñas pequeñas quien, 20 años después, compartieran casa para criar juntas a los tres hijos de la mayor en Fuller House (Madres forzosas).

La nueva masculinidad ha conseguido que la sensibilidad, la vulnerabilidad, la inteligencia emocional y la imaginación afectiva sean sinónimos de imbecilidad y eso sí es perverso

Carlos Sala

Según un reciente estudio de la revista The Conversation, en los últimos 20 años, las comedias de situación se burlaron en un 50 por ciento de las veces de la nueva figura del padre y sus dotes educativas, cuando en los años 90 este porcentaje no superaba el 30 por ciento y en los 80 el 18 por ciento. Es decir, a medida que hemos ido variando la idea de padre nos hemos burlado más y más de él. La nueva masculinidad ha conseguido que la sensibilidad, la vulnerabilidad, la inteligencia emocional y la imaginación afectiva sean sinónimos de imbecilidad y eso sí es perverso. Es como si la nueva masculinidad sólo fuera el chiste del viejo patriarca que deja a sus hijos que hagan lo que quieran, sólo porque sabe que así podrá tener mayor dominio sobre ellos.

Por supuesto, hay series que buscan el margen de la perversión de la nueva masculinidad, pero son fenómenos limítrofes, sin repercusión social y, por tanto, ajenos de cualquier auténtica representación significativa. Vivimos en una dialéctica peligrosa que sólo sirve para legitimar el status quo y eso es triste. La pregunta ahora a hacerse es ¿tenemos la televisión que merecemos?

a.
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