El creador de ‘Black Mirror’ lo tiene claro: ‘¡A la mierda el 2020!’

Charlie Brooker se hace eco del sentir general, y se despide de 2020 con una irreverente parodia de resumen del año estrenada en Netflix

Tan típico como el concierto de Año Nuevo, o los saltos de esquí, el clásico documental que sobrevuela los acontecimientos más relevantes del año no puede faltar en nuestra ansiada despedida del 2020.

En manos del británico Charlie Brooker, el temible creador de Black Mirror, este año fatídico tenía que ser una comedia negra, tan negra como el espejo que le hizo famoso. Ya era un año negrísimo, más oscuro imposible, sólo faltaba la parte cómica. Hela aquí. 

Un final de año perturbador

El problema, quizás, es que Brooker nos había acostumbrado a alegorías tecnológicas que parecían estar diciéndonos algo muy inteligente y retorcido sobre nuestro presente a través de un futuro que estaba a la vuelta de la esquina.

En este especial vemos a Hugh Grant, maquillado como un anciano historiador que confunde la realidad y la ficción

Pero en este especial titulado ¡A la mierda el 2020! (atinada traducción de Death to 2020) lo más inquietante y perturbador, al margen de todo lo que ya sabíamos de sobra, es la caracterización de Hugh Grant, maquillado como un anciano historiador que confunde la realidad y la ficción, como si nos hablara desde 2040.

Hugh Grant, la mejor actuación del especial. Foto: Netflix

Siempre agradecidos con Hugh

En serio que, a lo largo de los 70 minutos que dura este Especial 2020, el espectador no puede aspirar a nada mejor que a otra aparición de Hugh Grant, para una mayoría sinónimo de Navidad gracias a Love Actually, y para este cronista muy querido sobre todo desde que le otorgaron un premio en Francia –uno de los escasos trofeos que ha recogido a lo largo de su carrera–, que agradeció confesando su pasión por el cine galo: Emmanuelle, Emmanuelle II, Emmanuelle III

Un jefe. Es casi imposible que Hugh Grant caiga mal, y aquí está increíble, en gran parte gracias a la magia de Olivia Jerrard, joven maquilladora que se ha marcado una auténtica obra maestra.

Ases del humor con escaso tiempo

Si Grant envejecido, y metido hasta el fondo en el papel del experto que no se entera de nada –el típico metepatas–, es de largo lo mejor de la función, no se puede decir que Brooker haya escatimado a la hora de completar un reparto de estrellas, cuyas ficticias intervenciones a modo de bustos parlantes se alternan con las imágenes muy reales de este año tan duro que por fin está a punto de dejarnos: el 2021 sólo puede ir a mejor. Es lo que nos decimos para darnos ánimos.

Entre las estrellas invitadas está Lisa Kudrow (Friends), que da vida a una trumpista que parece salida de FoxNews y que no hace más que lanzar noticias falsas, negando lo obvio incluso cuando ha quedado grabado ante las cámaras –el gag se repite una y otra vez–.

También vemos a Cristin Milioti (del episodio de Black Mirror USS Callister), que encarna a una especie de influencer de derechas que no puede reprimir su racismo galopante, también de manera redundante y a Joe Keery (Stranger Things), que interpreta a un youtuber absurdo que gana 16 millones de dólares al año.

Desopilante pero auténtico es el personaje de Lisa Kudrow (Friends), que da vida a una trumpista que parece salida de FoxNews

Otros personajes son Kumail Nanjiani, en la piel de un multimillonario que, después de escuchar a Greta Thunberg en Davos (lo que Samuel L. Jackson, otro invitado estrella, define como “el Coachella de los millonarios”), opta por comprar una montaña en la que se construye un refugio digno de Bruce Wayne.

Lisa Kudrow, la representación de las ‘fake news’. Foto Netflix

También aparece Tracey Ullman. La hemos visto este año en HBO haciendo de Betty Friedan en la muy didáctica e interesantísima Ms America, y aquí imita a una Isabel II, muy contrariada con el Megxit, pero extrañamente congraciada con la serie The Crown, exactamente lo contrario de lo que ha sucedido en la realidad (Buckingham Palace está que arde con la joya de la corona de Netflix).

Hay más, las apariciones de rostros famosos intentando resultar graciosos se apelotonan entre las recientes imágenes de archivo, pero nadie consigue brillar ni decir nada que no vayamos a olvidar al cabo de dos minutos, salvo el bueno de Hugh Grant, tan irresistible como siempre.

Qué pasó en el mundo anglosajón

Otro problema, si no fuera porque era algo absolutamente previsible, es que el Especial 2020 se concentra prácticamente en lo que ha ocurrido en Australia (por los incendios, que si no nada), Reino Unido y Estados Unidos que, como dice Manuel Vilas, es “el país más famoso del mundo”.

Samuel Jackson, otras de las estrellas invitadas. Foto Netflix

No aparece ni Macron, aunque sí de refilón la explosión del Líbano, imaginamos que por su espectacularidad, para cubrir la cuota de efectos especiales. España, por supuesto, está fuera del mapa, pero de eso no tenemos queja alguna, que ya hemos tenido bastante de nosotros mismos.

En el especial del creador de Black Mirror las tramas se concentran en EEUU, Australia y Reino Unido. España ni aparece en el mapa

En sintonía con el ombliguismo anglosajón, Boris Johnson, que protagoniza uno de los gags más Black Mirror el especial,y Donald Trump reciben la mayoría de dardos, y tampoco eso tiene mucho mérito, ya que, al margen de las gafas de visión políticamente correcta de Brooker, ambos han demostrado una marcada tendencia a la autoparodia, particularmente en lo que se refiere a acabar siendo víctimas de su propio negacionismo, cosa que el especial de Brooker evidentemente subraya.

Aunque hay Johnson para rato, el 2020 al menos ha servido para dar carpetazo a Trump. Quizás sea la mejor noticia del año. No sólo porque como payaso tiene tanta gracia como John Wayne Gacy, sino porque así también se acabarán de una vez las mofas a su costa, que no eran menos cansinas.

La actitud del presidente ha sido como una plataforma para regodearnos en nuestra indignación, y hacernos sentir mejores personas a golpe de tuit intrascendente. Esa pesadilla también tenía que acabar ya. Pero bueno, está bien, ya pasó, o casi.

La sátira de unas autoparodias andantes

Lo que deja claro ¡A la mierda 2020! es que ocurre lo mismo con Trump que con el propio año 2020. Es un año que tampoco necesita quien lo parodie, se basta a sí mismo, y no va a ser esta mezcla de refritos de telediarios con lluvia de estrellas, aderezada con un humor supuestamente vitriólico y a la postre inofensivo, quien lo supere. Ni nos lo haga superar, que es lo que necesitamos.

Brooker apenas sale del mundo anglosajón para recordarnos que el coronavirus vino de China, y repasa el año, deteniéndose en el Black Lives Matter, y en la muerte de George Floyd; en el confinamiento, y por encima de todo en las elecciones de Estados Unidos, el último gran show del año.

Joe Keery, como un youtuber con millones de seguidores. Foto Netflix.

Ahí el humor destilado por Brooker y su numerosísimo equipo vuelve a resultar insuficiente para darle a la realidad una dimensión más inteligente.

Todos los habitantes del Planeta Tierra, sin excepción, quedaron consternados cuando los demócratas se decantaron por Joe Biden –por mucho que la otra opción fuese “el abuelo anarquista”–, y a nadie se le escapó que podía ser una jugada para hacer presidenta a Kamala Harris. ¡A nadie!

Pero Brooker se agarra cual clavo ardiente a la edad de Biden, y abusa de ello como si no tuviera más recursos. Quizás no sea el mejor año para reírnos de la gente mayor.

Diagnóstico: quién ríe el último ríe mejor

En resumen, a pesar de que tenemos unas ganas locas de exorcizar el 2020 con unas buenas carcajadas, la medicina que nos ha suministrado el Dr. Brooker se ha revelado claramente insuficiente, y es una pena, porque teníamos muchas esperanzas depositadas en él.

Llevamos 12 meses diciendo aquello de “Esto parece un episodio de Black Mirror”, con lo del murciélago, con la estampa inolvidable de las calles vacías, con todos los despropósitos de la gestión de la pandemia en todos los países del mundo, y cuando llega la hora de la verdad: pequeño fiasco.

“Cuando el mundo se ha convertido en una parábola inquietante, parece que ya no le queda mucho que decir”.

Philipp Engel

En este año que nos ha superado a todos, hemos oído cientos de voces autorizadas tratando de decir, una tras otra, algo que se elevara por encima de la media. Todos han fracasado, y ya sólo nos quedaba él.

Brooker era un genio, en la medida de que la pequeña pantalla arroja genios, a la hora de extraer parábolas inquietantes del mundo de la Antigua Normalidad, pero cuando el mundo se ha convertido en una parábola inquietante, parece que ya no le queda mucho que decir.

Incluso podríamos decir que ha sido una imprudencia lanzar este especial un 27 de diciembre, cuando todavía quedan cuatro días para que se acabe el año: es evidente que el 2020 todavía tiene golpes escondidos, y que seguirá golpeando en 2021, como si no hubiese entendido el cambio de calendario.

 Significativo, en cualquier caso, que se haya estrenado el día en el que han llegado las primeras vacunas a nuestro país. Una pena que su sentido del humor no haya logrado inmunizarnos.

A la mierda el 2020 se deja ver, entretiene –quizás lo peor que se pueda decir de cualquier cosa–, pero no consigue contagiarnos la vehemencia de su título. Ojalá lo hubiera logrado. No hay quien se ría de 2020, todavía. Y no diré aquello de drama + tiempo = comedia.

a.
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