Así es ‘We Are Who We Are’, la perfecta antiserie de Luca Guadagnino

Mientras el mundo espera la secuela de Call Me By Your Name, Luca Guadagnino se supera con una serie que rompe con la idea de serie

Luca Guadagnino es hiperactivo. Ha presentado dos cortos en la Mostra de Venecia –Fiori, fiori, fiori, a partir de la experiencia del confinamiento, y Salvatore: Shoemaker of Dreams, sobre el zapatero Ferragamo–, y la semana que viene volará al festival de San Sebastián, donde ejercerá de presidente del Jurado y presentará We Are Who We Areuna extraordinaria crónica adolescente en un entorno tan original como una base militar americana en el norte de Italia. No se parece a ninguna serie vista hasta el momento. Es la ‘antiserie’, y eso es bueno. 

Puede parecer un tópico, pero a pesar de su naturaleza episódica –esta primera temporada, abierta a que vengan más, consta de ocho episodios de aproximadamente una hora de duración– se asemeja más a una gran película que a esa ficción televisiva en la que los cliffhangers y demás trucos de guion saltan a la vista como burdas trampas para enganchar al espectador. 

Al contrario, We Are Who We Are se presenta como una experiencia inmersiva que, por su naturaleza casi puramente observacional (por lo menos en los primeros cuatro episodios, que son los que hemos visto de momento), nos permiten brindar este avance sin el clásico pánico a soltar por inadvertencia uno de esos temidos spoilers.

Nada de lo que les contemos aquí les arruinará el placer de descubrirla con sus propios ojos. Tampoco podíamos esperar más, ya que la serie bien podría ser lo mejor de Guadagnino hasta el momento, y eso que se trata de un director con una trayectoria más que notable. 

Elogio a la diversidad

La serie gira en torno a dos magnéticos adolescentes de 14 años –sobre todo él es increíble–, que parecen tan distintos como complementarios. Fraser (Jack Dylan Grazer), un tímido y extravagante hipster de Nueva York que tanto lee a Burroughs como al poeta Ocean Vuong (y tiene un póster de El último tango en París colgado en la habitación, toda una provocación hoy en día), acaba de llegar a la base, y nos pasea por ella. Caitlin (Jordan Kristine Seamón) es una afroamericana que lleva un tiempo ahí, y ya habla italiano perfectamente.

Ambos son hijos de militares, y los dos tienen un punto de ambigüedad sexual, que antes se tildaría de confusión y hoy de fluidez. La identidad de género, cuestión que sacude a cualquiera a estas edades de formación de la personalidad, es inevitablemente uno de los grandes temas de We Are Who We Are,

Los dos primeros capítulos se desarrollan paralelamente en el tiempo desde la perspectiva de cada uno de ellos, con escenas que se repiten alterando el punto de vista, como cuando la cámara se reencontraba con los personajes en los pasillos del instituto de Elephant (2003), de Gus Van Sant, otro gran cronista de la adolescencia que a buen seguro Guadagnino tiene en sus oraciones. 

Películas como Paranoid Park (2007), también de Van Sant, acuden a la mente, de la misma manera que la presencia de Chloë Sevigny, que se dio a conocer con Kids (1995) y aquí da vida a la madre de Fraser, remite al universo de un Larry Clark despojado de su sensacional tremendismo, como si las nuevas generaciones se portaran mucho mejor que las anteriores.

De hecho es lo que parece, aunque hay alguna fiesta orgiástica en la mejor tradición de americanos perdiendo los papeles en Europa, estos adolescentes se inician en la sexualidad con bastante normalidad, si es que eso todavía quiere decir algo, y aun no parecen especialmente interesados por las drogas. En comparación con los de Clark son unos angelitos. 

Jack Dylan Grazer borda su papel como Fraser. Foto: HBO.

Microcosmos norteamericano

En una entrevista con Variety, Guadagnino cuenta que Paolo Giordano –el célebre autor de La soledad de los números primos– y Francesca Manieri, coguionistas de la serie, le vinieron con un planteamiento de adolescentes de Suburbia vs identidad de género, y que él prefirió el mucho más original marco de la base americana (¡del que le había hablado la divina Amy Adams!), a la que los personajes se refieren como “un pedazo de América”, donde efectivamente sobrevive el espíritu suburbial, personificado por la madre de Caitlin (Faith Alabi), un ama de casa resignada a cocinar pasteles patrióticos, como antaño, hoy y mañana. 

Si, en Call Me By Your Name, el entorno familiar de Elio (Timothée Chalamet) como su verano de iniciación sexual podían pecar de demasiado idealizados, también la base tiene un punto surreal, más allá de lo singular del contexto, que no sabemos si es realista o corresponde a un deseo de realidad.

Sevigny, que es la oficial al mando con el grado de coronel llega acompañada de su mujer, encarnada por Alicia Braga (la sobrina, en efecto, de la gran Sonia Braga), sin que la típica y tópica homofobia se manifieste en la más mínima mirada, cosa que sorprende si nos imaginamos el entorno americano como un mundo ultraconservador. Pero, qué sabremos nosotros. 

En cualquier caso, los tópicos aquí salen corriendo. Aunque es afroamericano, Richard (Kid Cudi),el padre de Caitlin, vota a Trump, o tiene intención de votarlo, ya que la serie se desarrolla durante las elecciones de 2016, y tanto el susodicho como Hilary Clinton aparecen haciendo campaña en las televisiones de la base. Los cuatro primeros capítulos se desarrollan a un ritmo tranquilo, expositivo, casi contemplativo, en el que nos quedaríamos a vivir, sin necesidad que las miradas de deseo, y los posibles conflictos que encierran, llegaran a materializarse nunca. Todo está demasiado en su sitio, para que uno quiera que las piezas se muevan. 

Extraña contemporaneidad 

Aunque la trama se desarrolla hace casi un lustro, la mirada de Guadagnino, iluminada por el sueco Fredrik Wenzel –director de fotografía de películas como Fuerza mayor (2014) o The Square (2017), ambas de Ruben Östlund– parece hablarnos en presente, con una puesta en escena que fusiona cierta estética documental con una modernidad como de performance artística. Si hay un realismo sucio, este sería más limpio y sofisticado, sin llegar a ser una publi de American Apparel. 

We are who we are
La serie, una de las más esperadas de la temporada, se estrena el 15 de septiembre en HBO.

Como siempre en el cine de Guadagnino, por lo menos desde que Tilda Swinton lo dio todo en Yo soy el amor (2009) –película que, por cierto, produjo impulsando definitivamente la carrera del italiano–, hay no pocos cuerpos desnudos, pero con naturalidad y viniendo a cuento, algo quizás raro en una producción norteamericana, pero muy habitual cuando llega con las descocadas siglas de HBO. 

Y por supuesto, no faltan los grandes momentos musicales, que superan, o casi, el baile de Ralph Fiennes con el Emotional Rescue de los Rolling Stones en Cegados por el sol (2015) o el más patoso de Armie Hammer en Call Me by Your Name al son del Love My Way, de los bienamados Psychedellic Furs. Si suenan a menudo pegadizos hits actuales para los que este cronista tuvo que recurrir a Shazam, hay una fiesta diurna orquestada a partir de Self Control que le supo a gloria bendita. El himno italo de Raf, claro, no la de la pobre Laura Branigan, en paz descanse. 

Remezclador de viejos éxitos 

Con el anunciado remake de Scarface en horizonte–el clásico gansteril de Howard Hawks, que Brian De Palma ya hizo suyo en El precio del poder–, Guadagnino parece empeñado en quedarse con esa fama de dj veterano que se labró llevando a la pantalla nuevas versiones de clásicos tan inexpugnables como La piscina (Jacques Deray, 1969), que le inspiró Cegados por el sol, o Suspiria (Dario Argento, 1977), base del film homónimo al que inyectó generosas dosis de feminismo y nuevo contexto sociopolítico, entre el pasado nazi y la Baader Meinhof. 

De la misma manera que estos remakes no superan a los originales, ni lo pretenden, y al mismo tiempo que se reciben con alborozo e interés, parece claro que el italiano puede dar la mejor versión de sí mismo en su propio universo expandido como lo demuestra We Are Who We Are, que cobra importancia sobre todo como monumento a la adolescencia, más que a los padres, erigiéndose en instant classic de tan transitado género. Lo mejor, que vaya dividido en capítulos, de lo que hemos visto desde Normal People, y ya veremos si la supera. De momento está ahí, ahí. 

Estreno en HBO: 15 de septiembre.

a.
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