‘Antidisturbios’: la obra maestra de Rodrigo Sorogoyen

Impactó en el Festival de San Sebastián la brutal radiografía de un grupo de antidisturbios que refleja con tino la España en la que vivimos

Rodrigo Sorogoyen ya se había impuesto como uno de los más sólidos renovadores del thriller patrio con el frenético policiaco Que Dios nos perdone (2016) y la no menos adrenalínica El reino (2019), sobre la corrupción política en Valencia. Pero con Antidisturbios, peliculón en seis capítulos, más que serie al uso (próximamente en Movistar+), podemos decir que se ha superado. Es su obra más rotunda hasta la fecha, un hito del thriller Made in Spain

Sorogoyen e Isabel Peña, su coguionista desde los tiempos de Stockholm (2013), meten a seis antidisturbios en un furgón rumbo a un desahucio que sólo puede salir mal y que, efectivamente, acaba con un emigrante muerto. Por ello tendrán que enfrentarse a una sabuesa de Asuntos Internos (Vicky Luengo), que no les dejará en paz. 

Así, nos encontramos con personas acostumbradas a lidiar con la violencia en su día a día, pero enfrentadas a una excepcional espiral de tensión, ya que podrían perder su trabajo y/o acabar en la cárcel. 

Alguien tiene que hacer el trabajo sucio

La última vez que vi a Sorogoyen fue en el Festival de Sevilla, donde presentaba Madre (2019), y me dijo que quería hacer una serie sobre los antidisturbios, porque “son personajes que trabajan con la violencia, y eso es algo que no entiendo. Y como no lo entiendo, por eso hago la serie”. Así que, ahora en el festival donostiarra, le pregunto si por fin lo ha entendido. 

“Que me lo pregunte no significa que vaya a dar con la respuesta” se ríe. “Cada individuo es distinto. Nos entrevistamos con algunos de ellos, y todos eran completamente diferentes a lo que nos habíamos imaginado. Así que intentamos reflejar lo que vimos, desde el que lo hace porque cree sinceramente que contribuye a mejorar la sociedad, hasta el que sólo busca un poco de acción, pasando por supuesto por la seguridad que te da ser funcionario en esta realidad tan complicada que nos ha tocado”.

Raúl Arévalo, nuestro Kirk Douglas nacional (mejor actor, incluso, que el original), es el que cree que podrá cambiar el mundo, y está absolutamente inmenso, dotando de una profundidad y una oscuridad a su personaje que, tal y como nos cuenta Sorogoyen, no estaba en el guion. “Nosotros nos lo habíamos imaginado como un tipo muy simple, pero Arévalo aportó todo eso, y estamos encantados, porque es de lo que se trata: Trabajar en equipo”. 

En el otro extremo, está el personaje de Patrick Criado, el más joven de los seis, un killako sin demasiadas luces pero también magníficamente interpretado, como los otros cuatro, entre los que también destaca Álex García, caracterizado como el Sergio Ramos del equipo, con sus tatuajes, su musculatura de gimnasio y su complejo peinado a la penúltima moda. 

«Si Que Dios nos perdone y El reino tuviesen hijos serían Antidisturbios«

Rodrigo Sorogoyen

Un microcosmos de la España de hoy

Si Que Dios nos perdone estaba ambientada en la visita de Benedicto XVI a aquel Madrid del verano de 2016, y El reino evocaba la trama corrupta de cierto partido político en Valencia, Antidisturbios también está fuertemente anclada en la España de hoy en día. Y esto va más allá de que cada uno de ellos –entre los que también están Roberto Álamo, Hovik Keuchkerian y Raúl Prieto– represente modelos muy reconocibles, que podemos encontrarnos por la calle, con uniforme o sin él. 

“Cuando te dicen antidisturbios piensas automáticamente en desahucio y Catalunya, esto último sobre todo en el momento que nos planteamos la serie”, explica el director. “Son dos cosas que no podíamos ignorar y que están ahí apuntadas, pero tampoco había tiempo para desarrollarlas, porque nuestra apuesta era con ellos. Desde ese punto de vista, hay que tener en cuenta que, por ejemplo con las asociaciones anti-desahucio o con los inmigrantes, ellos sólo entran en contacto en manifestaciones o en situaciones de desalojo forzoso”. 

Antidisturbios arranca con un desahucio donde todo puede salir mal... y sale mal.
Antidisturbios arranca con un desahucio donde todo puede salir mal… y sale mal.

Licenciado en Historia y acostumbrado a guiñar el ojo a la actualidad en sus películas, Sorogoyen tampoco ha podido evitar incluir a un personaje que recuerda al ex comisario Villarejo: “Nos fascina porque tiene un aire chusquero a lo Torrente y, al mismo tiempo, da miedo. Creo que se le ha dado más bombo del que se merece, derivando en esa clase de personaje mitológico a la que nos agarramos los creadores de historias. Ha estado 40 años en las llamadas cloacas del estado, y de alguna manera representa al sistema. No podíamos dejar de utilizarlo”. 

Interrogado sobre qué puede aportar la ficción a la Historia con mayúscula, reflexiona: “No sé si la ficción puede llegar a revelarnos algo que no encontramos en la Historia. La ficción puede parecer menos árida, al menos para el gran público, pero lo que está claro es que sirve para contarnos a nosotros mismos, o al menos para tratar de explicarnos cómo hemos llegado hasta aquí. Es lo que hemos intentado con dos películas y una serie. Si Que Dios nos perdone y El reino tuviesen hijos serían Antidisturbios”. 

Catálogo portátil de la masculinidad tóxica

Los Antidisturbios son “los últimos monos, con perdón, en la escala policial”, desgrana Sorogoyen. Sólo hay que ver la precariedad de sus cuarteles, restituida con máximo realismo en la serie: “Si te vas al de Moratalaz es lo que te encuentras: un barracón, con paredes que se caen y cables colgando por todas partes. Lo reconstruimos en un colegio con máxima fidelidad”. 

En cualquier caso, son hombres –también hay algunas mujeres–, entregados a una actividad violenta, sometidos aquí además a una tensión extraordinaria, que deriva en distintos grados de lo que hoy llamamos “masculinidad tóxica”. De hecho, que sean seis tipos enfrentados a una chica sola incluso puede recordar a ‘La Manada’. 

“Sí”, reconoce. “Lamentablemente, tenemos muy anclado en nuestro imaginario la violencia de seis tíos contra una chica. Para nosotros ‘La Manada’ no era un referente, ni una fuente de inspiración, aunque éramos conscientes de ciertas similitudes”. 

A ese enfrentamiento asimétrico se suma una escena, al parecer ya polémica, en la que Vicky Luengo toma la iniciativa sexual de una manera que puede causar incomodidad en algunos espectadores: “Esa escena en concreto, cuando se encuentran en la discoteca, nos parecía un buen reflejo de las contradicciones del personaje de Luengo. Pero ya me han dicho, sobre todo chicas, que no la necesitaban. Todavía hay muchos tabúes en lo que respecta al deseo femenino”. 

Vicky Luengo es la agente de Asuntos Internos. Foto © Jose Haro
Vicky Luengo es la agente de Asuntos Internos. Foto: © Jose Haro.

Más una película en seis entregas que una serie

Empieza a ser un tópico, pero Antidisturbios es más cine que ficción televisiva. “Está claro”, afirma el realizador “y eso viene de que, al ser muy cinéfilo, casi no miro series. Creo que he visto tres en mi vida. Cada vez que me pongo una porque alguien me ha dicho que es muy buena, empiezo a ver los trucos y no paso del primer capítulo. Nosotros nos marcamos como pauta no caer en nada de todo eso. Lo único que nos planteamos es tener seis principios y seis finales”. 

Antidisturbios se suma con honores mayúsculos a ese boom del thriller patrio que explotó hará un lustro gracias a Sorogoyen pero también a directores como Daniel Monzón, Paco Plaza, Alberto Rodríguez o el propio Raúl Arévalo, que dirigió la magnífica Tarde para la ira (2016). 

Un boom que se explica por la aparición de directores que manejan los códigos con la misma soltura que un norteamericano, un coreano o un chino, pero enfatizando en ese costumbrismo tan nuestro. “Los mecanismos son los mismos, la tensión, la acción, la violencia. Pero una película nos interpele más cuando reconocemos nuestro entorno, esa realidad que intentamos reflejar tal y como la vemos nosotros, sea chusquera o no”. 

Que Sorogoyen haya pasado de la gran pantalla a la pequeña de nuestro salón, y que el cine español que triunfe sean ahora las comedias familiares, puede parecer sintomático de algo no demasiado bueno. Y es que, como reconoce el director, “No sólo está la posibilidad de contar una historia en más tiempo, esas seis horas que difícilmente podrían programarse en una sala, sino que el dinero está en las series, y que, si para hacer una película igual tienes que esperar tres años, con una serie puedes hacerla en uno”. 

Antidisturbios se estrena en Movistar+ el 18 de octubre.
Antidisturbios se estrena en Movistar+ el 18 de octubre.

Su próxima película, As bestas, ha quedado aplazada por cortesía de la COVID-19. Pero eso ya es otra historia. De momento, lo que tenemos es una película deslumbrante en seis capítulos, que arranca como un drama social filmado a la Dardenne, y termina con una violencia más seca y estilizada al estilo de un Roman Gavras (en aquel polémico video de Justice) cuando se trata de retratar la violencia gratuita de los hinchas del fútbol. “Empieza muy documental, cámara en mano, con los angulares muy cerca de los personajes, todo muy caótico y con mucho corte. Pero poco a poco va derivando hacia una cierta estilización de la violencia. El capítulo seis ya no tiene nada que ver”, subraya. 

En efecto, los planos se van alargando y en el sexto capítulo Sorogoyen acaba haciendo gala de maestría con un plano secuencia de 16 minutos alrededor de una mesa en la que están sentados esos seis personajes que dan título a cada uno de los episodios: “Lo rodamos al final cuando quedaban tres o cuatro días de rodaje. Fue todo un reto tanto para el equipo técnico como para los actores, pero creo que muestra muy bien la comunión, tanto entre el equipo como entre los personajes; toda esa testosterona en tensión. Evidentemente, me siento muy orgulloso”. Es para estarlo. 

Estrenos en Movistar+: 18 de octubre. 

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