La cuarta pared o cuando el cine mira al espectador a la cara

Cada tanto, alguna película usa el recurso de la ‘cuarta pared’, en que los actores se dirigen al público y derriban la frontera entre realidad y ficción

La ruptura de la cuarta pared es una técnica que el cine heredó del teatro, donde no existe una cuarta pared en el escenario para garantizar así una conexión entre los personajes y el público.

El lobo de Wall Street

Cada tanto, alguna película usa el recurso de la ‘cuarta pared’, en que los actores se dirigen al público y derriban la frontera entre realidad y ficción

La película está siguiendo su curso narrativo normal, estás enganchado a su trama cuando, de repente, el protagonista se detiene, mira a cámara, te mira directamente y te pregunta si crees que logrará recuperar a la chica.

A partir de ese momento, dejas de mirar esa película de forma pasiva y acabas totalmente involucrado en ella: al fin y al cabo ahora formas parte de la historia.

La ruptura de la cuarta pared es una técnica que el cine heredó del teatro, donde no existe una cuarta pared en el escenario para garantizar así una conexión entre los personajes y el público.

Consiste en crear una comunicación directa entre el personaje y el público; el primero se dirige de forma explícita al segundo, admitiendo en muchas ocasiones que forma parte de una ficción y que la audiencia es su observadora pasiva.

La ruptura de la cuarta pared es una técnica que el cine heredó del teatro

Más allá del efecto de sorpresa a corto plazo, ¿qué motivos funcionales puede tener una película para romper la cuarta pared y admitir que existes?

Aquí tienes cinco pelis que usan esta técnica por motivos totalmente diferentes y variados que elevan el drama, la comedia e incluso el terror.

1. Annie Hall

Annie Hall utiliza la relación sentimental entre los dos protagonistas para hablar de todas las relaciones de pareja, incluidas las de los espectadores.

Es por eso que, desde la primera escena, Alvy Singer (Woody Allen) habla a cámara. Sabe que está hablando con un público y, al dirigirse a él, lo involucra con su historia personal y consigue que todo el mundo asienta a lo largo de toda la película, pensando “sí, esto me ha pasado a mí”.

En el caso de esta película, hablar directamente a la audiencia también eleva la comicidad y permite meta-chistes.

Una de las escenas más memorables es la de la cola del cine, en la que Singer no puede soportar los comentarios del ‘erudito’ que tiene detrás. Este habla tan alto sobre  el filósofo McLuhan que los protagonistas no pueden concentrarse en su conversación.

Seguro que te ha pasado algo así, de forma que una vez más asientes cuando el protagonista avanza hacia ti y te pregunta qué te gustaría hacer en estos casos.

Y él hace lo que muchos han imaginado hacer: saca de entre bambalinas a McLuhan, el personaje intelectual del que está hablando el pesado de detrás, para que le ponga en su sitio y le diga que no tiene ni idea de lo que está diciendo. ¡Ojalá en la realidad se pudiera invocar gente de esta forma!

2. Alfie

La espléndida tragicomedia protagonizada por un seductor Michael Caine da comienzo con su personaje, Alfie, dirigiéndose al público. Antes de que pueda decir su nombre, su nueva amante lo dice en voz alta y aparece en pantalla. Una genialidad, pero la película va más allá.

Durante todo el largometraje, Alfie explica a la audiencia su forma de pensar. Solo a ella. A la audiencia. De esta forma, ocurren dos cosas. La primera es que el protagonista justifica su particular manera de vivir al espectador, y por lo tanto como segundo efecto este se convierte en su confidente, en su único apoyo emocional.

Este apoyo emocional tendrá un impacto cada vez mayor conforme el púbico descubra que la vida del protagonista no es tan maravillosa como parece. En una de las escenas más emotivas de la película, tú, solo tú, le ves llorar y sufrir. Para los demás, Alfie es otra persona totalmente diferente al Alfie que tú conoces.

Por lo tanto, se crea una conexión especial y única, una relación íntima entre personaje y audiencia que pocas pelis más han logrado igualar.

3. La gran apuesta

 Normalmente, un biopic (película biográfica) utiliza muy pocos datos reales sobre la vida del personaje del que habla, o sobre la situación real en la que se basa la peli. Y, cuando decide recurrir a los hechos, lo hace para realzar sus momentos dramáticos. La realidad está al servicio de la ficción, en resumen.

Con La gran apuesta, un biopic sobre cómo explotó la reciente burbuja de las hipotecas, ocurre al revés: las metáforas y el drama están al servicio de los datos reales.

El objetivo de este cambio: conseguir que el público entienda cómo y por qué ocurrió la crisis económica del 2008. Y una de las metáforas más utilizadas es la de hablar directamente a la audiencia. Al fin y al cabo, ¿existe un método más efectivo para instruir y enseñar?

La mayoría de las escenas explicativas de La gran apuesta rompen la cuarta pared, se dirigen específicamente al público. ¿Por qué hablarle a la audiencia de esta forma en lugar de recurrir al drama habitual? Porque la crisis económica fue un tema que afectó a todo el mundo, y porque de esta forma los protagonistas y secundarios hacen algo que no hizo los bancos en su momento: hablar claro a la persona de a pie.

En ‘La gran apuesta’ Margot Robbie hace de ella misma y explica descarnadamente a cámara qué son las subprime mientras descansa en una bañera

En la escena de ejemplo, el personaje de Christian Bale, Michael Burry, descubre la fragilidad de los créditos subprime, pero su alerta cae en saco roto. Cuando cae derrotado, la narración abandona la ficción para explicar la realidad de Wall Street e introducir a Margot Robbie, haciendo de ella misma. La actriz explica descarnadamente a cámara qué son las subprime mientras descansa en una bañera.

El lenguaje es tan claro y directo que, una vez Robbie se asegura que la audiencia ha entendido cómo la banca torea y manipula a sus clientes, manda a todo el mundo a paseo para que pueda seguir disfrutando de su baño.

4. Deadpool 1 y 2

Los cómics Marvel aprovecharon la locura de Deadpool y las múltiples voces en su cabeza para convertirle en EL superhéroe que habla directamente al público, el único consciente que vive dentro de una historia de ficción.

En las películas, Deadpool hace lo mismo. Como resultado, sus películas rompen la cuarta pared a casi cada momento. ¿Cuál es el objetivo  de esta incesante conexión directa con el espectador más allá de hacer reír? Criticar su género.

Las mejores parodias cinematográficas rompen la cuarta pared en mayor o menor medida porque no hay mejor forma de explicitar que se está criticando a un género que afirmar conscientemente que se forma parte de dicho género.

Piensa en las pelis de Mel Brooks, especialmente La loca historia de las galaxias, donde cada dos por tres sus personajes comentan las oportunidades de merchandising que da el género de las aventuras en el espacio.

En el caso de Deadpool 1 y 2, ambas películas se estrenaron en un momento en el que las pelis de superhéroe eran el pan de cada día.

Muchas pelis de Marvel y DC repiten fórmulas: la doncella en apuros, el artefacto de turno que da poderes, la trepidante secuencia de acción inicial, el mensaje moralista del final… Deadpool menciona explícitamente todos estos momentos para que la audiencia sea consciente de ellos y se ría al reconocer que se han abusado de estos tópicos hasta lo absurdo.

Además, la cuarta pared ha ayudado hasta a solventar dificultades durante la producción de las pelis. Deadpool 1 se quedó sin presupuesto para crear una gran escena final. ¿Cómo lo arreglaron? Haciendo que Deadpool se olvidara las armas en casa y comentando en voz alta que bueno, que haría lo que se pudiera.

5. El lobo de Wall Street

Hasta ahora has visto muchos caso en los que la destrucción de la cuarta pared une al prota con el espectador: “mira, esta es mi vida”, “mira, este es mi mensaje”, “mira, ¿has visto lo ridículas que son las pelis como las mías?”.

En ‘El lobo de Wall Street’ la cuarta pared realza la indignación, el rechazo y el asco que sientes hacia él

Pero la ruptura de la cuarta pared irónicamente también puede crear distancia. Es el caso de películas como El lobo de Wall Street. En muchas ocasiones Jordan Belfort, el protagonista, habla a cámara, para intentar explicar o justificar su vida laboral amoral y su forma de vivir desmadrada. Pero ahí está la clave: lo intenta. No lo consigue. Solo lo intenta.

En muchas de sus explicaciones a cámara, Belfort fracasa en empatizar o conectar con la audiencia. Detiene su justificación y suelta un comentario que le distancia de su público. Como resultado, se crea un abismo invisible entre este antihéroe y sus observadores. En esta peli, la cuarta pared realza la indignación, el rechazo y el asco que sientes hacia él.

Jordan se convierte un poco en ese amigo que primero hace gracia, pero luego da vergüenza ajena. Ese amigo que en las salidas nocturnas le observas de lejos y, si alguien te pregunta, niegas con la cabeza y dices que no, que no le conoces de nada y que estás de acuerdo con el comentario general: es un desgraciado.

Noticia original de Business Insider. Autor: Daniel Cáceres

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