Naomi Kawase, una directora de cine olímpica

Llega a los mejores cines ‘Madres verdaderas’, la última y conmovedora película de la cineasta seleccionada para filmar los JJOO de Tokio

Si pensamos en directores de cine japonés se nos llenará la cabeza de nombres, de la era silente hasta la actualidad, a los que además llamaremos maestros, por el mero hecho de ser japoneses. Pero si nos piden que citemos directoras del sol naciente a buen seguro que Naomi Kawase será invariablemente la primera, sino la única, que acuda a la mente.

Madres verdaderas se estrena este viernes 6 de agosto.

Si pensamos en directores de cine japonés se nos llenará la cabeza de nombres, de la era silente hasta la actualidad, a los que además llamaremos maestros, por el mero hecho de ser japoneses. Pero si nos piden que citemos directoras del sol naciente a buen seguro que Naomi Kawase será invariablemente la primera, sino la única, que acuda a la mente.

Y no porque no haya otras cineastas japonesas, que las hay a patadas, sino porque ha sido la más reconocida en los grandes festivales internacionales, empezando por Cannes, donde es una habitual de la alfombra roja desde que ganó la Cámara de Oro a la Mejor Ópera Prima con Suzaku (1997).

Rodar los Juegos Olímpicos

No es de extrañar que el comité olímpico la haya seleccionado para inmortalizar estos JJ OO de Tokio, como lo hiciera Leni Riefenstahl en aquellos, un tanto más polémicos, de Berlín.

No es de extrañar, y al mismo tiempo es digno de elogio, ya que la Kawase es una directora extremadamente personal que, en ningún caso, va a renunciar a su propia visión, por mucho que, en esta ocasión, se trate de una película de encargo.

«A todos los grandes del cine de autor les llega el momento de una película compendio y podría decirse que ‘Madres verdaderas’ es la de la Kawase»

Philipp Engel

En declaraciones recientes a la CNN, ya ha dejado claro que ha prestado especial atención a las atletas que son madres, y que le parece importante reflejar tanto lo bueno como lo malo, refiriéndose a las circunstancias especiales de los juegos pandémicos.

Si pensamos en directores de cine japonés se nos llenará la cabeza de nombres, de la era silente hasta la actualidad, a los que además llamaremos maestros, por el mero hecho de ser japoneses. Pero si nos piden que citemos directoras del sol naciente a buen seguro que Naomi Kawase será invariablemente la primera, sino la única, que acuda a la mente.
Naomi Kawase durante el rodaje de ‘Madres verdaeras’.

Veremos cómo queda la cosa, ya que los anteriores JJ OO de Tokio, los del 64, corrieron a cargo de Kon Ichikawa, que entregó una película perfecta… que no gustó al Comité Olímpico. Los responsables remontaron la película hasta convertirla en un documental anodino, paradójicamente titulado Sensation of the Century, mientras que la película original, Tokio Olympiad, ha quedado como un clásico del cine deportivo, en el podio junto a Olimpiada (1938), y alguna más.

Es de prever que, en una ocasión tan delicada como la actual, también vaya a darse un fuerte tira y afloja entre la Kawase y el comité, pero no nos aventuremos.

‘Madres verdaderas’ o el cine compendio

A todos los grandes del cine de autor les llega el momento de una película compendio, recapitulativa de sus tropos, y podría decirse que Madres verdaderas es la de la Kawase, además de su mejor película en la última década, por lo que supone tanto una sugerente tarjeta de presentación para neófitos como una cita ineludible para sus más o menos entregados fans.

Madres verdaderas es una conmovedora historia de abandono y adopción, entre melancólica y luminosa, tan experimental, en el sentido de que la narración se construye como un puzzle, como apta para todos los públicos (el puzzle no presenta ninguna dificultad).

Arranca con una pareja que no puede tener hijos, biológicamente hablando, y enlaza con una adolescente que se queda embarazada a los 14 años, cuando todavía no le ha venido la primera regla, y ya es tarde, legalmente, para interrumpir el embarazo.

Los padres de la pobre joven, que todavía estudia en el Instituto, no verán otra solución que mandarla a una pequeña casa al borde del mar en Hiroshima, donde una venerable exenfermera acompaña a chicas que se han quedado embarazadas hasta que dan a luz y entregan en adopción al bebé. Los caminos de la pareja y de la joven volverán a cruzarse cuando esta, en una situación desesperada con leves tintes de thriller, opte por llamarlos para intentar chantajearlos.

Naomi Kawase, o la cineasta del Yo

Desde que, a principios de los 90, empezó a mandar señales de su existencia, la Kawase siempre ha sido una cineasta del Yo, es decir que ha reflejado su propia vida en sus películas ya sean documentales o ficción.

«La Kawase siempre ha sido una cineasta del Yo, es decir que ha reflejado su propia vida en sus películas ya sean documentales o ficción»

Philipp Engel

Cuando no era más que una niña sus padres se separaron, y la dejaron al cargo de su querida tía-abuela, así que no cuesta reconocer en la trama de Madres verdaderas, una de sus principales obsesiones, que ya había abordado desde los más diversos ángulos.

En el documental Embracing (1992), uno de sus primeros trabajos, relató la búsqueda del padre que la había abandonado, mientras que en Shara (2003), que posiblemente sigue siendo su obra cumbre, retrata el dolor de una familia ante la desaparición inexplicada, a lo Antonioni, de uno de sus dos hijos gemelos.

Si pensamos en directores de cine japonés se nos llenará la cabeza de nombres, de la era silente hasta la actualidad, a los que además llamaremos maestros, por el mero hecho de ser japoneses. Pero si nos piden que citemos directoras del sol naciente a buen seguro que Naomi Kawase será invariablemente la primera, sino la única, que acuda a la mente.

En Nacimiento y maternidad (2006), Kawase llegó todavía más lejos, contraponiendo detalladas imágenes la decrepitud física de su nonagenaria tía-abuela que le dice “Yo no te parí, pero te di a luz”, con el gráfico vídeo de su propio parto, cuando dio a luz a su hijo Mitsuki Kawase, el actor más joven de la historia del cine, podríamos decir.

Madres verdaderas no sólo habla de esa maternidad problemática que, con toda lógica, ha obsesionado a Kawase, también incluye imágenes poéticas de agua y luz, elementos no menos recurrentes que ya quedaron en evidencia, por ejemplo, en Aguas tranquilas (2014), donde los habitantes de una isla ven turbada su armónico convivir con la naturaleza cuando aparece el cadáver de un hombre flotando en el mar, o en Hacia la luz (2017), donde la luz se planteaba a través de la relación entre un fotógrafo que se estaba quedando ciego y una narradora de películas para invidentes.

En Madres verdaderas, hasta aparecen pastelitos que recuerdan a los de Una pastelería en Tokio (2015), su película más abiertamente popular hasta la fecha, aunque esta vez tienen fecha de caducidad… Por mucho que Madres verdaderas sea una adaptación de una novela de Mizuki Tsujimura –muy popular en Japón, y con varias versiones cinematográficas de sus obras-, puede decirse que es una película 100% Kawase.

Mientras el sol se va poniendo…

Así, mientras Naomi Kawase va ultimando el rodaje de su esperada película sobre los JJOO, en el que brillarán las madres-atletas, tenemos estas Madres verdaderas, una película sensible, que no sensiblera, aunque parezca lo contrario con abundantes juegos de luz solar a modo de filtro Magic Hour.

El drama matrimonial, protagonizado por Hiromi Nagasaku y Arita Iura, puede recordar al cine de Hirokazu Kore-eda, que también ha reflexionado largo y tendido sobre la paternidad en diversos films, como si Kawase fuese su pareja de baile.

Si pensamos en directores de cine japonés se nos llenará la cabeza de nombres, de la era silente hasta la actualidad, a los que además llamaremos maestros, por el mero hecho de ser japoneses. Pero si nos piden que citemos directoras del sol naciente a buen seguro que Naomi Kawase será invariablemente la primera, sino la única, que acuda a la mente.
Aju Makita en ‘Madres verdaderas’

La película adquiere mayor vuelo en el retrato de la frágil adolescente, y en su deriva posterior, gracias al increíble magnetismo de Aju Makita, una actriz a la que hemos visto crecer, sin percatarnos de ello, precisamente en películas de Kore-eda: tenía un minúsculo papel en Después de la tormenta (2016), otro un poco más grande en El tercer asesinato (2017) y otro mayor que el anterior en Un asunto de familia (2018), pero sólo ahora ha emergido para nosotros del anonimato, y le auguramos un futuro brillante en el hiperactivo panorama del cine nipón.

No será una película redonda, pero en la irregularidad también reside el encanto. Y Aju llena todas esas postales tan cuquis que conforman una historia triste, aunque luminosa, en la que también interviene, a modo de objeto para el recuerdo, esa chaqueta con la que el personaje de la amiga de Aju, sobrada de problemas, dice sentirse segura. “Cuando me la pongo”, explica, “me siento invencible”, y la verdad es que recuerda a la de Drive (o a la camisa de Brokeback Mountain).

Por lo demás, no nos extrañaría que su película olímpica acabe viéndose en Cannes, sesión especial fuera de concurso.

a.
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