La secuela de Borat pone en aprietos a Rudy Giuliani

La secuela de 'Borat', el megaéxito de Sacha Baron Cohen, llega justo a tiempo para hacer campaña contra el trumpismo en vísperas de elecciones

Borat Sagdiyev lleva 14 años condenado a trabajos forzados en su Kazajistán natal. Pero recibe una última misión que le devolverá la libertad: regalar un chimpancé a Mike Pence para que su ridiculizado país recupere la estima de Estados Unidos y, por ende, del resto del mundo. El mono no llegará vivo a Estados Unidos, pero el personaje encarnado por Sacha Baron Cohen sí conseguirá meterse en la misma habitación que Rudy Giuliani.

La estrategia de Borat: Subsequent Movie Film, que podría subtitularse Entrega de un soborno prodigioso al régimen americano para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán, esta vez dirigida por el novel Jason Wolimer, viene a ser la misma que Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para la gloriosa nación de Kazajistán (2006), con la diferencia de que el que fuera el primer reportero de Kazajistán ahora es un personaje universalmente conocido al que cualquiera reconoce por la calle. 

El hombre del traje gris

Borat tendrá que jubilar su icónico traje gris y agenciarse una serie de disfraces, ya sea de redneck panzudo o de extranjero presuntamente distinguido que se introduce cual conde rumano en un baile de debutantes para presentar a su hija en sociedad. 

La actriz búlgara María Bakalova es la encargada de dar vida a la hija que Borat querrá ofrecer a un alto dignatario republicano en sustitución del mono fallecido que, por cierto, es una gran pérdida, ya que compaginaba el cargo de ‘Ministro de Cultura kazajo’ con el de ‘Estrella porno nº1’. 

Armado con su cámara oculta, como lo hiciera en tiempos nuestro Manuel Summers, Cohen concentra sus esfuerzos en demostrar que el antisemitismo y la misoginia que personifica su personaje más popular encuentran en Estados Unidos un marco ideológico de lo más afín. Ni el empleado de la tienda ni la pastelera pestañean cuando Borat le pregunta al primero cuantas mujeres caben en la jaula que se dispone a comprar, o le pide a la segunda una pintada antisemita para decorar el pastel que acaba de adquirir. Son solo dos ejemplos. 

La misión inicial de Borat pasa por regalarle un chimpancé a Mike Pence. Imagen: Amazon Studios.

Humor holocáustico

Cohen gasta ese tipo de humor que sólo un judío se puede permitir y por suerte sabemos que sus padres son judíos y que se casó siguiendo el rito ídem con Ilsa Fisher, además de criticar Facebook afirmando que si “hubiese existido en 1930 a Hitler se le hubiese permitido publicar anuncios contra los judíos”.

En la película empieza suave diciendo que, en su país, celebran “el día del Holocausto para recordar a los heroicos soldados que montaban guardia en los campos” (sic), un poco el equivalente de “nos casó un rabino nazi” de Woody Allen.  Fiel a su empeño de forzar los límites de la incorrección política, Cohen eleva sin embargo la apuesta irrumpiendo en una sinagoga disfrazado con todos los tópicos del judío visto por los antisemitas. A pesar de sus pintas, será cándidamente acogido por Judith Dim Evans, venerable anciana que falleció poco después y a quien la película va dedicada. No está muy claro que la pobre señora llegara a descubrir dónde estaba la gracia del asunto.

A través de Borat se muestra cómo el antisemitismo y la misoginia que personifica el personaje más popular de Cohen encuentran en Estados Unidos un marco ideológico de lo más afín

Convertir a tu hija en Miss-oginia

Inspirada por una serie en dibujos animados tipo Disney en la que Trump es el príncipe que seduce a la campesina Melania, la hija de Borat verá con buenos ojos de entrada lo de ser entregada como un trofeo para vivir en una jaula reluciente.

Su proceso de transformación en paquete regalo, cual Pretty Woman, será uno de los hilos conductores de una trama, no exenta de ternura paternofilial, pensada para hilvanar las interactuaciones de Borat con diversas personalidades, como una rubia influencer de Instagram, un cirujano plástico o un pastor antiabortista al cual hace creer que ha dejado embarazada a su propia hija, cosa que el otro parece tomarse como un asunto secundario muy por debajo de lo esencial: preservar la vida. 

La actriz búlgara María Bakalova es la hija de Borat en la trama. Imagen: Amazon Studios.

Fracasado el intento de entregar a su hija a Mike Pence en una convención republicana, a la que acude primero disfrazado de miembro del KKK, sin que nadie le detenga, y luego del mismísimo Trump, Borat se fijará finalmente como objetivo a Rudy Giuliani, el exalcalde que limpió Nueva York para regocijo de sus turistas y actual abogado del presidente electo. Su encuentro con este es el clímax que trasciende el show para convertirse en noticia. 

El encuentro con Giuliani 

La escena remonta a principios de verano, cuando Giuliani denunció que un extravagante individuo vestido con ropa interior rosa irrumpió en la habitación de hotel donde se encontraba. Sólo después cayó en la cuenta de que podía tratarse de Sacha Baron Cohen, citó uno de los chistes de Borat (“Ella es mi hermana. Es la prostituta número cuatro de todo Kazajistán”), y se congratuló de no haber llegado a ser engañado por el cómico. 

Un fugaz y extraño plano, de Giuliani tumbado en la cama y metiendo la mano en sus pantalones en presencia de la supuesta periodista ha logrado poner en apuros al abogado de Trump

Ahora es cuando averiguamos lo que sucedió realmente. Giuliani se presentó en el Hotel Marks para atender a una joven periodista con aspecto de salir de FoxNews –o de Mujeres perfectas–, que quería saber más sobre la política de la Casa Blanca contra el coronavirus. Bakalova crea un clima de devota confianza, y le toca varias veces la rodilla a Giuliani, que sonríe de oreja a oreja, visiblemente satisfecho con la situación. 

Cohen lleva a cabo una primera intervención, simulando ser el técnico de sonido, pero se retira. Es entonces cuando a la rubia no parece costarle nada convencer al viejo Rudy para tomarse una copa con él en la otra habitación de la suite, que ya no es el salón. Ahí es donde Giuliani aparece, en un plano muy extraño, tan fugaz como confuso, tumbado sobre la cama y metiendo la mano en sus pantalones, como buscando algo. 

Cohen no se resiste a disfrazarse de Trump. Imagen: Amazon Studios.

Según ha trascendido en los medios americanos, Giuliani afirma que sólo estaba tratando de quitarse el micro, añadiendo que se mantuvo vestido con ropa en todo momento y que todo es una vil manipulación. Nunca se sabrá hasta dónde podría haber llegado la broma, pues es el propio Borat quien interrumpe la escena, en modo padre arrepentido y vestido de rosa, gritando que se ofrece a Giuliani para que lo tome en lugar de su hija, al grito de “¡Tiene 15 años, es demasiado mayor para ti!”. Lógico que Giuliani no entendiera gran cosa de lo que pasaba. 

Una escena controvertida 

Acude rápidamente a la mente aquella entrometida visita de Michael Moore a casa de Charlton Heston, haciéndese pasar por un entusiasta de la Asociación Nacional del Rifle, presidida por el que fuera Ben-Hur. Moore fue bastante criticado por aprovecharse de la debilidad del actor, que padecía un principio de Alzheimer y falleció a los seis años del estreno de Bowling for Columbine (2002). A sus 76 años, Giuliani sin embargo parece estar en plena forma. 

Bakalova tiene 24 años, y no acaba de aparentar los 15 que brama su presunto padre. La impresión que deja la escena es que Giuliani, que acaba de separarse de su tercera mujer, es un viejo verde que no deja pasar la menor ocasión, algo que quizás puede resultar incómoda para el ala más puritana de ese partido republicano que ha cerrado filas en torno a Trump, pero que tampoco puede acabar de escandalizarse ya que la misoginia de su líder está sobradamente documentada. 

Borat en campaña

La película, que termina con una advertencia (“vota o serás ejecutado”) busca arañar el voto de los “independientes”, una masa nada desdeñable si recordamos que, en las pasadas elecciones, apenas si fue a votar algo más del 50% del electorado, quizás por esa mala costumbre de votar entre semana y no el domingo como Dios manda. 

Borat 2 se estrena justo en vísperas de las elecciones en los EEUU. Imagen: Amazon Studios.

Hay mucho voto que arañar, y Borat II lucha por él de una manera mucho más corrosiva que, por ejemplo, El juicio de los siete de Chicago, artefacto de Aaron Sorkin también diseñado para la campaña electoral en el que Sacha Baron Cohen asume el rol de Abbie Hoffman, el líder yippie al que, junto a otros seis pacifistas de diversa índole, fueron sentados en el banquillo por protestar contra la Guerra de Vietnam. 

Si Giuliani se ve afectado por el ridículo que hace en la tardía secuela de Borat será sobre todo porque premeditadamente la película cae en el peor momento posible, justamente cuando ya está involucrado en otro escándalo mucho más serio por fabricar, en connivencia con Steve Bannon, una aparatosa fake new publicada por el New York Post para perjudicar a Joe Biden, que probablemente se convertirá en el próximo presidente de Estados Unidos. 

Estreno en Amazon Prime Video: 23 de octubre

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