La mafia ya no es lo que era (pero Palermo no cambiará nunca)

Un documental toma el pulso a la relación de los sicilianos con la Cosa Nostra. El diagnóstico es tan preocupante como delirantemente divertido

¿Qué ocurre si, en el 25 aniversario del asesinato de Giovanni Borsellino y Giovanni Falcone, salimos a las calles de Palermo, con una cámara y un micro, para preguntar a la gente qué piensa de la Mafia? Nadie querrá pronunciarse. Es lo que comprueba Franco Maresco al inicio de este pseudodocumental que es la hilarante secuela de otro, también protagonizado por un siniestro personaje que siempre aparece en blanco y negro, aunque la escena sea en color: Ciccio Mira.

Organizador de eventos casposos y circunspecto representante de esos cantantes neomelódicos que arrasan desde hace décadas en los márgenes de la más precaria sociedad italiana, Ciccio Mira adquirió una inesperada popularidad entre sus vecinos gracias al éxito de Belluscone. Una storia siciliana (2014), el anterior trabajo de Maresco que, como La mafia ya no es lo que era –disponible en el Atlántida Film Fest de Filmin hasta el 28 de agosto–, llegó a España gracias al Festival de Cine Europeo de Sevilla. Le paraban por la calle, y le pedían autógrafos. 

Los gemelos golpean dos veces

Si aquella primera colaboración de Maresco y Mira ya era todo un recital de esperpento siciliano, estructurado como si fuera una investigación de las relaciones entre la Mafia y Berlusconi (que empezó como cantante de cruceros, recordémoslo) este ya es todo un festival, que congrega a una inenarrable camarilla de ‘estrellas musicales’ para rendir un supuesto homenaje a Borsellino y Falcone, que serán, desde el cartel del evento, mudos testigos de un despropósito que sólo puede acabar en desastre. 

Mira aparece secundado por Matteo Mannino, un hombre aparentemente iletrado que entra en pánico cuando un inquietante individuo con coleta le amenaza para que suspenda el concierto-homenaje.

Mira ha tenido el buen ojo de organizarlo en el barrio más conflictivo de Palermo, conocido por las siglas ZEN (Zona Espansione Nord), un conjunto de bloques decrépitos que ya fueron el deprimente paisaje urbano de la película noventera Chicos de la calle, dirigida por Marco Risi, hijo del gran Dino Risi. Y ahí ni Borsellino ni Falcone son considerados héroes. 

El título es una (triste) ironía ya que la película parece querer demostrar que las muertes de Borsellino y Falcone no sirvieron de nada, ya que en Sicilia sigue imperando una ley del silencio

Ciccio tiene una antagonista

Aunque no llegan a interactuar como sería lo esperable, Maresco contrapone a Mira la figura de la ya octogenaria Letizia Battaglia, fotógrafa célebre por haber inmortalizado los cientos de manchas de sangre que la Cosa Nostra dejó esparcidas por la isla. Frente al cínico escepticismo del director, ella representa la resistencia a prueba de desilusiones, como si tras el huracán Berlusconi no quedara otra que tomarse las cosas con humor. Y tener paciencia. 

Toda una institución, a la que Kim Longinotto dedicó el año pasado el documental La fotógrafa de la Mafia, estrenada en Movistar+, Battaglia se presta hasta cierto punto a las situaciones cómicas posiblemente diseñadas por Maresco. Como aquella en la que, mientras busca el lugar donde la Mafia disolvía en ácido a sus víctimas, acaba acompañando a casa a una trabajadora sexual transexual a la que su cliente ha dejado tirada por la aparición de las cámaras.

Letizia Battaglia
Letizia Battaglia, toda una institución.

Entre la realidad y la ficción 

Como con Belluscone. Una storia siciliana, La mafia ya no es lo que era nos deja la evidente sensación de estar frente a un mockumentary (falso documental), como aquellos que, en tiempos, nos regalaba Christopher Guest. 

Todo parece extrañamente real y a la vez literalmente increíble. Maresco juega con nuestra credulidad para orquestar su farsa, y se divierte al confundirnos. Pero lo cierto es que, por mucho que algunas situaciones sean artificiales, todos los personajes son extremadamente reales. 

Mira, que incluso ha sido encausado por asociación mafiosa, reconoce sin problemas haber organizado fiestas para los capos de la Cosa Nostra sin detectar contradicción alguna con un supuesto homenaje a Borsellino y Falcone, en el que absolutamente nadie, entre todos artistas convocados, está dispuesto a entonar un “No a la Mafia”, empezando por el esquizofrénico Cristian Miscel, estrella del show y robaplanos de la película, que sobrevive a la mirada inclemente del director de la cinta. 

Es Mira el que dice que «la Mafia ya no es lo que era», dando pie a un título irónico, incluso tristemente irónico, ya que la película parece querer demostrar, aunque sea apretando el acelerador, que quizás las muertes de Borsellino y Falcone no sirvieron de nada, ya que en Sicilia sigue imperando una ley del silencio.

En una de sus salidas despiporrantes, Mira argumenta que la Omertá se remonta a La Odisea, que es algo que los sicilianos llevan en la sangre desde el principio de los tiempos. 

La Mafia ya no es lo que era
Mira llega a argumentar que la Omertá se remonta a ‘La Odisea’ y que está en los sicilianos desde el principio de los tiempos.

Recordando la Sicilia de hace 25 años

La mejor pareja de baile para esta comedia descarnada podría ser la magistral El traidor (disponible Movistar+), que Marco Bellocchio, el último de los grandes directores italianos vivo, estrenó en Cannes el año pasado. En esta película, por mucho que esperemos el momento, no podemos evitar sobresaltarnos cuando el coche de Falcone salta por los aires. 

Basada en las confesiones del mafioso arrepentido Tommaso Buscetta, El traidor exhibe una violencia seca que nada tiene de espectacular, compaginada, eso sí, con inevitables momentos de canción ligera, incluso de bolero. Es una violencia de nudo en el estómago, como la de verdad. 

Al margen de su vertiente norteamericana, El traidor bien podría ser la mejor aproximación cinematográfica a la realidad de la Mafia siciliana, y van unas cuantas. 

La Sicilia de verdad

La mafia ya no es lo que era nos deja previsiblemente confundidos, preguntándonos donde estaría la justa realidad, y ese sin duda es uno de los objetivos, además de la pura diversión a través de un humor salvaje.

Mis recuerdos sicilianos tampoco me son de demasiada utilidad: me acuerdo de una ciudad vagamente caótica, y de desayunar bollos con delicioso helado de café por las mañanas. 

Mercado de La Vucciria, en Palermo.

Me acuerdo de haber recibido un mensaje en mi Nokia 1208 anunciándome la muerte de Antonioni, justamente cuando visitaba las catacumbas repletas de cientos de momias del Convento de los Capuchinos, porque aparecen al principio de Excelentísimos cadáveres (1976), de Francesco Rosi, con mi adorado Lino Ventura. Otro gran clásico made in Sicilia. 

Me acuerdo de interminables ruinas milenarias bajo un sol de justicia, y de alguna playa, pero no me acuerdo de haber hablado con nadie de la Mafia. Palermo es un lugar en el que uno no se atreve a silbar la melodía de El Padrino, ni siquiera en la ducha. Eso posiblemente no cambiará nunca. Seguirá para siempre esta tensión entre la memoria histórica que representa la Battaglia y el silencio milenario de Mira, dos realidades en un mismo escenario. 

a.
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