‘La llorona’ y ‘Temblores’, las dos joyas del cine guatemalteco

Hablamos con Jayro Bustamante, que este viernes estrena ‘Temblores’ y, ya en noviembre, ‘La llorona’, un exquisito doblete para la cinefilia

Tal y como nos lo pinta Jayro Bustamante, Guatemala no es un país para entrar a vivir. Años después de la dictadura y de la guerra civil, sigue dominando la opresión. El protagonista de Temblores es un hombre de buena familia, burguesa y evangélica, al que su entorno obliga a reconducir su homosexualidad. Mientras, en La lloronael último dictador que padeció el país se enfrenta a los fantasmas de los sangrientos crímenes de su pasado. 

Bustamante tiene 43 años y ha pasado la mitad de su vida fuera de su Guatemala natal –estudió dirección en París, y guion en Roma–, pero decidió volver para fundar con su madre una productora, La casa de Producción, para llevar a cabo películas comprometidas con la lucha contra la discriminación. Lleva tres.

La primera, Ixcanul (2015), sobre una joven indígena maya cakchiquel que intenta rebelarse contra su destino, se presentó con clamoroso éxito en la Berlinale de aquel año, donde fue recibido con premio y el unánime aplauso de la crítica. Había nacido un cineasta llamado a dejar huella. 

Jayro Bustamante. Foto: ©Marco Estrada.

Y más en un país como Guatemala, donde la industria del cine es incipiente, y apenas si hay una docena de realizadores en activo. “La tierra llama”, admite Bustamante, para explicar su retorno al margen de su compromiso, tan cinéfilo como político. “Aunque hay muchas dificultades, también es un país muy hermoso. No más grande que el País Vasco, pero tiene hasta 33 volcanes, lagos, y además siempre es primavera. Desde ese punto de vista, somos muy privilegiados”. 

Indio, hueco y comunista

“Mis tres películas versan sobre los tres peores insultos de los que puedes ser objeto en Guatemala, y yo además encajo en los tres”, explica no sin cierta sorna desde su confinamiento guatemalteco, donde se lleva de aquella manera, porque la gente necesita salir para sobrevivir.

“En Guatemala, casi el 80% es de origen maya y hay un fuerte mestizaje, pero la mayoría se avergüenza de ello y lo esconde. Es un tema de autodiscriminación. Mi padrastro era indígena, y siempre he estado muy ligado a esta cultura sin vergüenza alguna”, se ríe al otro lado de la línea. 

“Hueco” es el apelativo más que despectivo que reciben los homosexuales varones, como los de Temblores. “Es una sociedad muy homofóbica a la par que misógina, porque para ellos el homosexual sufre un proceso de feminización que se identifica con debilidad. Las madres tienen que proteger a sus hijos, para que no caigan en la tentación de la verga, como si solo por ver una ya no pudieran resistirse”. El absurdo vuelve a desatar la risa del cineasta. 

“Y, finalmente, también me llaman comunista”, añade. “No en el sentido de comunista-comunista, sino porque, desde los años 50, en Guatemala, que siempre ha tenido una gran influencia de Estados Unidos, se considera comunista a cualquier enemigo del estado. Después de la dictadura, Guatemala se convirtió en un implacable sistema neoliberal, que agrava cada día la brecha entre los pobres, aproximadamente un 80% de la población, y ese 9% que lo controla todo. No hay alternativas políticas reales, ni políticos que planifiquen, ni filósofos que piensen, ni nada. En este contexto, sólo queda luchar por los derechos humanos y sociales, que es lo que hago”.

Reconducir la homosexualidad

El protagonista de Temblores (Juan Pablo Olyslager) pertenece a ese 9% que domina al resto de la sociedad, pero su vida se viene abajo cuando decide salir del armario. Todo el mundo le da la espalda y acaba por someterse a una de esas terapias de reorientación sexual que no son exclusivas de un país como Guatemala. Aquí mismo, sin ir más lejos, tenemos a Fernando Paz, de Vox, que nos recuerda que, ahora como antaño, existen en España, y las recomienda fervorosamente. 

“Los conozco”, dice Bustamante, refiriéndose al partido ultra. “Pero también en Francia, cuando se estrenó la película, una senadora publicó un artículo clamando que iba a combatirlas. Tres de cada diez hombres que pasan por estos centros acaban suicidándose. Es un drama, pero también hay algunos sistemas que son muy inocentes, no sé si el de la Iglesia Pare de Sufrir, muy popular en Hispanoamérica. Pero había uno que consistía en pagar y pasar por un aro decorado con globos de todos los colores del arco iris cada vez que se volvía a caer en la tentación…”.

También Hollywood se hizo eco del fenómeno, que obviamente también se da en Estados Unidos, con películas como Identidad robada, protagonizada por Lucas Hedges, o por parte femenina La (des)educación de Cameron Post, con Chloë Grace Moretz, ambas de 2018. “Sí, es algo que tiene lugar como en una realidad alternativa, no están a la vista. Y además se han dado cuenta de que la comunidad homosexual no supera el 10% de la población mundial, por lo que también han lanzado terapias para impedir que tu hijo te salga gay. Si te sale, es que has hecho mal la terapia”, se ríe una vez más. Mejor reír que llorar. 

Ecos de la dictadura

“En Guatemala se sigue viviendo bajo el miedo, todavía hay gente que muere o desaparece”, denuncia Bustamante. “Hay mucha corrupción, todo está bajo el control de las grandes empresas, la iglesia y el ejército siguen teniendo mucho poder y los responsables de la dictadura nunca se fueron del todo. Nuestro anterior presidente, Jimmy Morales, era un cómico malo de esos que se pintan la cara para hacer de negro, y no se sabe muy bien qué hará el nuevo. Llegó en enero, pero enseguida la pandemia barrió cualquier esperanza, si es que la hubo”. 

El dictador retirado de La llorona está directamente inspirado en José Efraín Ríos Montt, que fue juzgado y condenado en 2013, aunque la sentencia fue escandalosamente anulada ese mismo año, tal y como refleja la película. 

A partir de ahí, todo es ficción. El genocida acaba confinado en su mansión, sin poder salir, rodeado de una muchedumbre que protesta día y noche contra la injusticia. Y la película se convierte en una de terror, incluso recuerda al J-Horror, el terror del Sol Naciente, que Hideo Nakata puso de moda a principios de milenio

Con sus largos cabellos negros y sus escenas en la piscina, María Mercedes Coroy, que ya protagonizó Ixcanul, recuerda a las lánguidas y aterradoras apariciones de The Ring Dark Water. Creo que hay muchas similitudes entre la cultura maya y la japonesa”, observa Bustamante. “Personalmente, comparto con los cineastas japoneses esa querencia por los planos largos, sin cortes, en los que puedes ver cómo se desarrolla el trabajo actoral. Los cortes cortan la emoción, no tienes tiempo de sentir lo que está pasando, porque ya enseguida es otra cosa”. 

La leyenda de la llorona

“En Guatemala nadie lee, pero consumen mucho audiovisual. Hicimos un estudio de mercado, y nos dimos cuenta de que hay mucho apego por el cine de terror y por todas esas leyendas del folclore que se han ido transmitiendo oralmente”, explica. “La leyenda de ‘La Llorona’ es muy popular en toda Latinoamérica, y una vez que tomamos la decisión de llevarla a nuestro terreno todo empezó a encajar perfectamente. Nos pareció una buena manera de hacer pasar el mensaje”. 

Icono popular, desde la canción de Chavela Vargas, recientemente reinterpretada por Rosalía, a películas como La llorona (Ramón Peón, 1933), considerada como la primera película de terror Made in Mexico o la reciente película homónima que ha producido en Hollywood James Wan, La Llorona es una mujer que ahogó a sus hijos, y vaga eternamente, aterrando con sus llantos a los mortales. Aquí más bien se los ahogaron en una de esas salvajes masacres impunemente denunciadas en el juicio. 

La llorona, película de confinamiento avant la lettre, acaba siendo una de casas encantadas, pero con un gusto y un rigor exquisito.

‘La Llorona’, de Jayro Bustamante, llega a los cines el próximo 13 de noviembre.

Como en Temblores, la puesta en escena no puede estar más cuidada, con planos perfectamente compuestos, una inteligentísima y original manera de narrar y un magnífico trabajo actoral de la ya habitual troupe de Bustamante, en especial Sabrina de La Hoz, predicadora en Temblores y confundida hija de dictador en La llorona. 

Bustamante no es sólo grande por su exótica denominación de origen, o por la carga política de su cine, lo sería también si se hubiera quedado en París, aunque sus películas serían distintas. En cualquier caso, estamos ante la revelación de un cineasta atento a los detalles, preocupado por mantener un ritmo majestuoso y por mostrar siempre lo justo, sin caer en el sensacionalismo ni en la vulgaridad. “Llevo al espectador a un destino oscuro”, reconoce. “Pero me las apaño para que el camino sea lo más lindo posible. No le tengo miedo a la belleza”. 

Estreno ‘Temblores’: 4 de septiembre. 

Estreno ‘La llorona’: 13 de noviembre.

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