La fascinación de Johnny Depp por el punk de MacGowan en el cine de Julien Temple

Julien Temple: “De haber triunfado, hubiesen acabado encontrándome muerto en un lavabo de Hollywood”

A finales de los 70, en plena explosión del punk británico, Julien Temple era un estudiante de cine que por las noches tomaba prestada una cámara de la escuela para filmar a los Sex Pistols, y Shane MacGowan no era más que un punk con cara de rata que incluso daba la nota entre el público de aquellos conciertos ruidosos y desquiciados. Era lógico que, más tarde que pronto, sus caminos acabaran cruzándose. El fruto de ese tardío encuentro se llama Crock of Gold: Bebiendo con Shane MacGowan.

Temple acumuló innumerables horas de material sobre los Sex Pistols. Antes de rodar la película The Great Rock ‘n’ Roll Swindle (1980), que relataba el fin de la banda desde el punto de vista de su polémico manager, Malcom McLaren, ya había filmado a Johnny Lydon berreando God Save the Queen y a Sid Vicious disparando sobre el público al son de My Way, entre otros hitos. Años después, volvió a saquear sus archivos para The Filth and the Fury (2000), un nuevo documental en el que los supervivientes de los Sex Pistols daban esta vez su versión de los hechos.

Entre todo ese material acumulado en los clubs más pestilentes de Londres, aparece el joven MacGowan bailando como si no hubiera futuro, que es lo primero que impacta de Crock of Gold. Ya entonces tenía mala dentadura, y una propensión desmesurada por el alcohol: “Se veía venir que acabaría siendo famoso”, dice Temple. “Lo mismo pasó con Sid Vicious. Al principio empecé a filmarlo entre el público de los Sex Pistols, junto a Billy Idol y otros muchos, y luego se acabó uniendo a la banda. Shane también era un imán para la cámara, enseguida veías que era especial”.

Todo un símbolo de Irlanda

Se veía venir que McGowan iba a ser famoso, lo que nadie podía suponer es que acabaría convirtiéndose en Mr. Irlanda: “No, la verdad es que, por aquel entonces, ni siquiera sabía que fuese irlandés. No era más que un punk de la calle, que trataba de esconder que había asistido a una escuela pública de Westminster. Luego se inventó que había pasado los primeros años de su vida en Irlanda, pero era mentira. Nació en Inglaterra y creció en el sur de Londres. Sólo iba a Irlanda de vacaciones, de ahí que desarrollase ese grado de fascinación por la isla, una fantasía que le funcionó muy bien desde el punto de vista creativo, con ese hallazgo de mezclar punk y música tradicional irlandesa. En los años 50 y 60, vinieron muchos irlandeses a buscarse la vida a Londres, y encontraron su voz en los Pogues”.

El IRA, inevitablemente, hace su aparición. Hasta se ve a MacGowan charlando amigablemente con un líder del Sinn Féin, y Temple aprovecha para hacer un somero repaso de la historia irlandesa, mezclando imágenes de archivo históricas con las de los Pogues, además de insertar animación, en uno de esos característicos caóticos collages que definen un estilo decididamente punk: “No me interesa hacer películas sólo sobre música. Para mí, la música es un medio para viajar al pasado, tratar de entenderlo, y explicarlo sin que parezca una pesada lección de Historia. En dos horas, no se puede explicar todo en profundidad, pero a lo mejor consigo que la gente se haga las preguntas adecuadas”.

Johnny Depp es el productor de este documental-homenaje en el que también interviene con el destacado papel de ‘compañero de juergas’

“Quería explicar a las nuevas generaciones por qué Irlanda luchó por ser libre”, añade. “La cuestión de cómo los ingleses hemos tratado a los irlandeses es también un espectro que nos acecha a todos. Es una historia delictiva, criminal. Al mismo tiempo, en los años 70 y 80 todo se volvió más confuso, porque la táctica del IRA pasa por muchos atentados contra civiles en Londres, gente que obviamente no tenía nada que ver. Y eso no puedo apoyarlo. No me gusta la actitud imperialista de Boris Johnson, pero tampoco puedo apoyar los asesinatos”.

A finales de los 70, en plena explosión del punk británico, Julien Temple era un estudiante de cine que por las noches tomaba prestada una cámara de la escuela para filmar a los Sex Pistols, y Shane MacGowan no era más que un punk con cara de rata que incluso daba la nota entre el público de aquellos conciertos ruidosos y desquiciados. Era lógico que, más tarde que pronto, sus caminos acabaran cruzándose. El fruto de ese tardío encuentro se llama Crock of Gold: Bebiendo con Shane MacGowan.
Imagen de Shane MacGowan (The Pogues) facilitada por la distribuidora A Contracorriente.

Un encargo de Johnny Depp

Ya se sabe que Johnny Depp, antaño rostro de porcelana del cine americano, ha seguido la senda del viejo rockero, castigado por el alcohol, las drogas, las mujeres y sus giras con la banda Hollywood Vampires. Depp es un viejo amigo de MacGowan, al menos desde que apareció como estrella invitada en su primer disco en solitario tras la disolución de The Pogues, The Snake (1994), colaboran a menudo. Así ha terminado erigiéndose en productor de este documental-homenaje en el que también interviene con el destacado papel de ‘compañero de juergas’.

Al principio, Temple no estaba muy convencido, “pero Johnny insistió. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, de cuando yo vivía en Los Ángeles, me dijo que ya sabía que Shane es un tipo muy complicado, pero que me apoyaría en eso, y la verdad es que hubiese sido muy difícil hacerlo sin él, porque Depp era el que le decía a Shane que no se pasara cuando se le iba la olla. La hermana de Shane también nos ayudó a ponerlo en su sitio, puede ser un tipo muy desagradable”.

Si el poeta de Dirty Old Town o Fairytale of New York no tenía muy buena pinta en sus años mozos, ahora parece un detritus humano. Anda postrado en una silla de ruedas, desde que hace unos seis años se rompió la pelvis en una caída, cosa que no le impide seguir bebiendo como un condenado, y la circunstancia acaba dando un halo de extraño patetismo a la película en su tramo final, cuando desemboca en el concierto homenaje de su 60 aniversario, en el que participan numerosos astros de la canción como Nick Cave, con quien hace ya mucho grabó una versión de What a Wonderful World, o el inevitable Bono, que no se pierde una, con tal de figurar.

«No veo mis películas como documentales. De hecho, no me gustan. Me interesa más la ficción, la idea de ficcionalizar la realidad, o si quieres hacer documentales de ficción»

Julien Temple

Temple es el más interesante de los tres

Con un sombrero como de vaquero calado hasta los ojos que me recuerda a El Cabrero, Julien Temple me parece el más interesante de los tres, sobre todo por su propensión al fracaso, algo con lo que, como buen periodista, no puedo dejar de empatizar. Al margen de sus rockumentales sobre los Sex Pistols o The Clash, también ha intentado dirigir biopics que nunca llegan a buen puerto. Tenía que haber hecho una película sobre los Kinks, y no se sabe qué pasa con Sexual Healing, su biopic de Marvin Gaye.

A finales de los 70, en plena explosión del punk británico, Julien Temple era un estudiante de cine que por las noches tomaba prestada una cámara de la escuela para filmar a los Sex Pistols, y Shane MacGowan no era más que un punk con cara de rata que incluso daba la nota entre el público de aquellos conciertos ruidosos y desquiciados. Era lógico que, más tarde que pronto, sus caminos acabaran cruzándose. El fruto de ese tardío encuentro se llama Crock of Gold: Bebiendo con Shane MacGowan.
Johnny Depp, Shane Macgowan y Victoria MacGowan. Foto: Greg Williams.

“Odio la palabra biopic”, dice, sin aclarar nada. “Es verdad que he tenido una relación muy compleja con las películas que no eran documentales. Para empezar, no soporto que me digan lo que tengo que hacer, y en un proyecto de estas características siempre tienes a esos tíos, que son los que se encargan de conseguir el dinero, y que todo el rato te están recriminando cosas. Me gustaría hacer una película de ficción, pero tendría que ser de bajo presupuesto. Por otro lado, tampoco es que vea mis películas como documentales. De hecho, no me gustan. Me interesa más la ficción, la idea de ficcionalizar la realidad, o si quieres hacer documentales de ficción. En el fondo, son siempre películas sobre mí, porque yo he vivido la misma época que todos ellos”.

El fracaso más sonado de todos los tiempos

A mediados de los años 80, Julien Temple, se puso al mando de la mayor producción del cine británico hasta la fecha. Era una adaptación de Principiantes, la novela de Colin MacInnes (publicada en España por Anagrama) ambientada en el Londres de finales de los 50, plagado de Teddy Boys, que contaba con la participación de David Bowie. Además de encarnar al publicista Vendela Partners este también brindó el temazo titular, la memorable Absolute Beginners.

La película fue un fracaso en taquilla y se convirtió en la diana perfecta para los dardos envenenados de la crítica, que en aquel tiempo todavía era importante. Aunque distaba de la perfección (de ahí también su encanto), no se merecía tanto odio: “Era una película muy ambiciosa, y el resultado no siempre estuvo a la altura de esa ambición”, reconoce Temple. “El casting, por ejemplo, fue un problema. Me impusieron a Patsy Kensit, y Eddie O’Connell, el protagonista, estaba aterrorizado por su presencia. Yo quería a Tim Roth, pero me dijeron que era demasiado feo. Y también fue culpa nuestra, porque no teníamos experiencia y creamos un hype descomunal, con muchísima publicidad antes del estreno, y todo eso jugó en contra”.

«El fracaso de ‘Principiantes’ fue un hallazgo creativo. Creo que de haber triunfado, probablemente hubiesen acabado encontrándome muerto en un lavabo de Hollywoood»

Julien Temple

“Todo el mundo la abucheó. Fue entonces cuando me fui a vivir a Los Ángeles. Ahí encontré a alguna gente que le gustaba la película. En cierto modo, el fracaso de Principiantes fue un hallazgo creativo. Creo que de haber triunfado, probablemente hubiesen acabado encontrándome muerto en un lavabo de Hollywood…”. La fama hace estragos, MacGowan y Depp son un buen ejemplo.

A finales de los 70, en plena explosión del punk británico, Julien Temple era un estudiante de cine que por las noches tomaba prestada una cámara de la escuela para filmar a los Sex Pistols, y Shane MacGowan no era más que un punk con cara de rata que incluso daba la nota entre el público de aquellos conciertos ruidosos y desquiciados. Era lógico que, más tarde que pronto, sus caminos acabaran cruzándose. El fruto de ese tardío encuentro se llama Crock of Gold: Bebiendo con Shane MacGowan.
Shane frente a carteles de los Pogues. Foto: Andrew Caitlin.

Con Bowie siguió colaborando. “Al principio era un tipo muy esquivo, una vez lo vi en uno de los primeros pases de The Great Rock ‘n’ Roll Swindle. No sabía que estaba ahí, era sólo un pase para comprobar el color y esas cosas. Lo vi sentado solo al final de la sala. Acabó la película y se fue corriendo, pero me llamó al cabo de unos años, empezamos a colaborar y nos hicimos amigos”.

De la amistad, además de Principiantes, surgieron muchos videoclips, territorio en el que Temple ha sido uno de los realizadores más solicitados. El más memorable es sin duda el de Blue Jean, hit de un disco injustamente despreciado (Tonight, 1984), en el que Bowie se duplicaba, interpretando a un fascinante artista con turbante y al engreído novio de la chica que no le quitaba los ojos de encima.

Estreno: 16 de abril.

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