‘Estoy pensando en dejarlo’: Charlie Kaufman y la pesadilla de los suegros

Netflix abandera la nueva película del que fuera el guionista más original de Hollywood, ahora convertido en un director que explora la oscuridad

Charlie Kaufman empezó siendo un chiste, un chiste genial. Pero desde que dejó de ser el guionista más original de Hollywood –Cómo ser John Malkovich, Adaptation, ¡Olvídate de mí!…–, se convirtió en algo así como un director maldito, con películas no menos extraordinarias como Synecdoche, New York o la animada Anomalisa. Ahora, Netflix estrena su tercera película, Estoy pensando en dejarloque no es para todos los públicos, pero constituye una cita ineludible para la cinefilia. 

Empecemos por la parte divertida. En 2003, Charlie Kaufman volvió a ser nominado al Oscar al Mejor Guion por segunda vez gracias a una película dirigida por Spike Jonze, otro joven prodigioso de principios de ese nuevo milenio en el que cambió todo, empezando por el cine. 

Después de aquel magnífico delirio en el que John Cusack, titiritero de profesión, descubría cómo meterse en la cabeza del actor de moda (Malkovich, interpretándose a sí mismo en clave autoparódica), Kaufman volvió a hacer gala de desatada posmodernidad con Adaptation, que tampoco era una adaptación al uso de El ladrón de orquídeas, el libro de Susan Orlean en su día publicada por Anagrama. 

En la película, mientras por un lado se desarrollaba la adaptación de la novela, por otro Donald y Charlie Kaufman, interpretados ambos por Nicolas Cage, aparecían llevando a cabo la propia adaptación. Sólo que Donald existía únicamente en la mente de Charlie, cosa que no impidió que ambos fuesen nominados al Oscar al Mejor Guion en 2002, por mucho que uno fuese ficción.

Como performance posmoderna no estuvo nada mal, y más en un contexto tan apolillado como los premios de la Academia de Hollywood. Un chiste genial, con el Happy Together de los Turtles sonando como inolvidable banda sonora.

No me olvides por favor

La melancolía y la ansiedad subyacentes en los artefactos de Jonze se hizo más evidente en ¡Olvídate de mí!, una pésima traducción española para una película originalmente titulada Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004).

Dirigida por Michel Gondry, que como Jonze se había labrado la fama con originales videoclips, aquella rotunda obra maestra significó la consagración de Jim Carrey como actor dramático, desolado tras su ruptura con Kate Winslet al son del Everybody’s Gotta Learn Sometime, de Beck. Ella había decidido borrarlo de su mente, y la película esta vez se construía en la cabeza de él, en su subconsciente, donde luchaba desesperadamente por no perderla. 

Jessie Buckley protagoniza Estoy pensando en dejarlo. Foto: Mary Cybulski | Netflix.

Aquel golpe de genio sacudió un poco los Oscar cuando por fin le otorgaron a Kaufman, esta vez sin su gemelo de ficción, la estatuilla al Mejor Guion. Tras alcanzar la cima, tardó sin embargo cuatro años en debutar como director Synecdoche, New York, película tan extraordinaria como incomprendida que inicialmente tenía que dirigir Jonze y que no llegó a estrenarse en nuestro país. Philip Seymour Hoffman era, como Kaufman, un director teatral hipocondríaco que crea una réplica de la ciudad en la que vive para un montaje tan realista que acaba devorando su vida. 

Y si Hoffman reducía el mundo a un decorado, el propio Kaufman hizo lo propio en Anomalisa, cinta rodada con muñecos animados en stop-motion que contaba la crisis de madurez de desmotivado gurú motivacional. Atrapado en su grisácea existencia, descubría un amor fugaz que no llegaba a ser redentorio.

Un lustro después, Kaufman irrumpe en la interfaz de Netflix con una película extremadamente perturbadora que, de nuevo, es un viaje al final de la mente.

La visita a casa de tus suegros

Jessie Buckley, que en un principio se llama Lucy, está pensando en dejarlo con su novio –Jesse Plemons, que es como un Seymour Hoffman de segunda–, pero accede a visitar a los padres de este, aunque hace poco tiempo que salen y no los conoce. 

Toni Collette (Hereditary) y David Thewlis (Remus Lupin en la saga Harry Potter) recuerdan a los falsos abuelos de La visita (M. Night Shyamalan, 2015), por ese carácter grotesco e histriónico que genera una inquietud e incomodidad creciente. Sobre el papel deberían ser gente normal, rednecks del montón, pero resultan muy, muy angustiosos. 

Kaufman dirigiendo a Jessie Buckley. Foto: Mary Cybulski | Netflix.

Lo que debería ser un mero trámite familiar se transforma rápidamente en una experiencia de sumo mal rollo. Kaufman se apropia de la novela del joven escritor canadiense Iain Reid publicada en nuestro país por Alianza Editorial para pasearnos por la psique atormentada de la protagonista, o de su novio, o de toda la iconografía americana a través de contados decorados, aunque harto representativos, como el coche, la casa familiar, la granja, la tienda de helados, el instituto y, finalmente, un escenario, artificio dentro del artificio, en el asfixiante marco casi cuadrado 4:3, como si se tratara de un Instagram actualizado desde el mismísimo infierno. 

Estoy pensando en dejarlo es, en definitiva, un desasosegante laberinto mental que podríamos ubicar entre el Lynch de Inland Empire y el Kubrick / King de El resplandor. 

La película maneja empero sus propios referentes, citados por la pareja, como los nada casuales Una mujer bajo la influencia, donde Cassavetes abordaba la locura encarnada por su pareja, Gena Rowlands, o David Foster Wallace, un escritor que, para este cronista, no es posible leer sin hundirse en la depresión. El polifacético Charlie Kaufman, que acaba de publicar su primera novela (Antkind, todavía no traducida al castellano), firma la que es de largo su película más autodestructiva. 

El tópico dice que los grandes cómicos son, en el fondo, o no tan en el fondo, grandes misántropos y grandes depresivos. En ese sentido, la carrera del superdotado Charlie Kaufman, que empezó escribiendo parodias de otros escritores en National Lampoon, puede leerse como un continuo crescendo que culmina con su más complejo puzzle narrativo. 

Lo que arranca como una comedia desoladora con apariencia de película de terror psicológico, acaba destapando progresivamente sus equívocas cartas, poniendo en jaque todo lo que hemos creído entender hasta el momento. Después de ese final tan antológico como desconcertante, se impone un segundo visionado.

a.
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