‘El Palacio Ideal’: el castillo más extraño de toda Francia

Jacques Gamblin y Laetitia Casta recrean la historia del cartero que edificó, él solo y con sus propias manos, el palacio más suntuoso (y extraño) de Francia

Hay un lugar que no se parece a ningún otro. El Palacio Ideal, que también es el título de la película –protagonizada por Jacques Gamblin y Laetitia Casta– que le ha dedicado Nils Tavernier,se erige desde finales del siglo XIX, como un misterio cautivador y desafiante, en Hauterives, a unos 50 kilómetros de Valence, en el departamento de Drôme, al sur de Lyon. En circunstancias normales se puede visitar, ahora sólo podrá verse en algunos cines. 

En 1879, un simple cartero llamado Ferdinand Cheval, que cada día recorría a pie más de 30 kilómetros para distribuir la correspondencia de los habitantes de Hauterives y sus alrededores, tropezó con una piedra y tuvo una visión. Una visión fantástica. Recogió el objeto rocoso, e ipso facto siguió buscando más pedruscos y fósiles, alegremente acompañado de su fiel amiga la carretilla, para edificar piedra a piedra, sin ayuda alguna y en sus ratos libres, a lo largo de 33 años, lo que hoy se conoce como El Palacio Ideal del cartero Cheval.

El monumento, uno de los favoritos de nuestros locos vecinos los galos, mide 26 metros de largo, 12 de alto, tiene tres pisos, y es indescriptible. Está tan sobrecargado de ornamentos que uno no sabría por donde empezar. Según el escritorTanguy Viel (uno de mis favoritos), que también quedó fascinado, es “una locura medio-india medio-gótica, medio-barroca medio-africana”, y “uno no sabe qué pensar cuando lo ve por primera vez”. Así lo describe en Un secret, uno de los ensayos recogidos en Icebergs, su último libro, inédito en castellano. 

Jacques Gamblin es Ferdinand Cheval en la película.

El misterio de un cartero llamado caballo

Con El Palacio Ideal, Nils Tavernier, hijo del veterano Bertrand Tavernier, ha querido tratar de comprender a Cheval. No hay muchos datos, ni documentación, pero sí algunas pistas: “Lo único que sabemos son las fechas; empezó a construirlo cuando nació su hija. El monumento además no tiene habitaciones propiamente dichas, no está pensado para quedarse a dormir o resultar útil de ninguna manera. Es más bien un grandioso juguete. Está atravesado por estrechos pasillos, tiene pequeños habitáculos, escondrijos… Y está saturado de representaciones de la naturaleza, o de cosas que incluso dan un poco de miedo”. 

El cartero dedicó 33 años de su vida a crear este fantástico lugar, que cada año visitan unas 170.000 personas

Sólo que la hija de Cheval murió –hubo, de hecho, varias tragedias en la familia–, pero el cartero siguió construyendo su monumento sin descanso, a lo largo de esas 10.000 jornadas, unas 93.000 horas de plena entrega, tal y como él mismo dejó escrito en el desconcertante edificio.

Cheval era un tipo taciturno y solitario que apenas se relacionaba con nadie, aunque Tavernier le ha regalado la más hermosa de las mujeres, la ya mencionada Laetitia Casta, que aquí hace de esposa diligente y entregada, y demuestra tener un punto de belleza decimonónica, atemporal. 

Tavernier lo explica así: “Es verdad que hay un contraste muy fuerte entre Gamblin y Casta. Pero es que hoy en día, en el inconsciente colectivo se asume que hay que estar forrado para tener a la chica guapa. Sólo hay que echar un vistazo en los colegios de los ricos. Todos los niños son guapos, tienen una dentadura y un cuerpo perfecto. Son sanos y deportistas. En Instagram sólo ves eso: una puesta en escena del sueño capitalista. Y a mí no me gusta. Tengo un amigo, el escritor Marcel Nuss, que está extremadamente discapacitado, pero tiene una mujer guapísima. Me gusta que haya mujeres a las que no les preocupa el éxito social”. 

Los puentes entre la locura y la genialidad

Viel cita al escritor y pintor Malcom de Chazal: “Lo que separa al loco del genio es que los dos pueden estar golpeando durante un tiempo el mismo clavo –la idea fija–, pero el genio, que posee un cerebro más resistente, golpea con más tesón y acaba atravesando la pared opaca de lo invisible, mucho tiempo después de que el otro, extenuado, se haya hundido”.

Cheval, ¿estaba loco o era un genio? “El cartero se inspiró de las postales que distribuía, y seguramente hojeaba revistas como Le Petit Illustré. Tenía acceso visual a las arquitecturas más extrañas del mundo, que fue combinando de la manera más audaz, con estructuras muy, muy complejas y de una manera duradera puesto que más de un siglo después todavía se sostiene. Y sin formación alguna. Para mí, la explicación está en los puentes que existen entre el espectro autista y los superdotados”. 

Ferdinand Cheval tardó 33 años en crear con sus propias manos el Palacio Ideal. Foto: John van Hasselt | Corbis via Getty Images.

Tavernier, que ya había dirigido a Gamblin en Con todas nuestras fuerzas (2013), sobre el caso real de un niño discapacitado que lleva a cabo una triatlón Iron Man con su padre, explica que “también he trabajado mucho con niños superdotados y, aunque es una idea bastante reciente en el terreno del psicoanálisis, hay muchos paralelismos entre ellos y el espectro autista. En ambos casos, suelen tener intereses muy restringidos, fobias muy marcadas, monomanías, y relaciones disfuncionales con la noción de encierro, la libertad y la justicia. El 95% de los niños superdotados no saben gestionar el impacto que la injusticia tiene en ellos. Si presencian una pelea, en la que un compañero recibe una paliza lo vivirán mucho peor que los demás”.

Los caminos que se cruzan en el Palacio Ideal

A Tavernier el interés por Cheval también le viene de su pasión por los excluidos, por todos los que no sienten que pertenecen a esta sociedad, ni tampoco, claro, a la de principios del siglo XX. El resultado es una película de corte clásico, ritmo moroso, rodada obviamente en el Palacio Ideal y sus inmediaciones, con unos interiores, los de la casa donde viven Casta y Gamblin, de fuerte inspiración pictórica: “se lo robamos todo a los cuadros de Fantin-Latour, Fantin-Latour, que nos dio mucha guerra, porque son cuadros con una iluminación suntuosa, pero con una luz que se proyecta en direcciones irreales, y por lo tanto muy difíciles de conseguir”. 

Laetitia Casta, que aquí hace de esposa diligente y entregada.

Para Viel, escritor exquisito que, como suele ocurrir, no ha sido lo suficientemente traducido en nuestro país –sólo recuerdo el Artículo 353 del Código Penal (Destino) y París-Brest (El Acantilado)–, el interés por el Cheval viene de ese largo camino entre la idea, la primera piedra, y la obstinación en llevar a cabo el sueño, sin dejar un instante para la reflexión, como si la proeza del cartero arquitecto sólo pudiera explicarse porque se puso manos a la obra sin pensárselo dos veces. En efecto, la mayor parte de las ideas se disuelven en la nada en el momento que les damos una vuelta. De lo contrario, el mundo estaría repleto de castillos extrañísimos. 

Estreno: 6 noviembre.

a.
Ahora en portada