‘Soul’: las navidades metafísicas que nos ha preparado Pixar con su última película

Llega directamente a Disney+ la primera película afroamericana de Pixar, que arranca en Queens y nos lleva ‘al infinito y más allá’

Si el protagonista de Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017) era un niño mexicano que soñaba con convertirse en guitarrista y viajaba a la tierra de los muertos, el de Soul es un afroamericano de mediana edad que sueña con convertirse en el pianista de un cuarteto de jazz, pero no tarda en aventurarse en un más allá -y en un ‘más atrás’- que recuerda a las abstracciones de Del revés, aquella mala traducción de Inside Out dirigida por el mismo Pete Docter en 2015. 

Soul Portada. Foto Fox Group.

Si el protagonista de Coco (Lee Unkrich Adrián Molina, 2017) era un niño mexicano que soñaba con convertirse en guitarrista y viajaba a la tierra de los muertos, el de Soul es un afroamericano de mediana edad que sueña con convertirse en el pianista de un cuarteto de jazz, pero no tarda en aventurarse en un más allá -y en un ‘más atrás’- que recuerda a las abstracciones de Del revés, aquella mala traducción de Inside Out dirigida por el mismo Pete Docter en 2015. 

De la misma manera que Lee Unkrich dirigió Coco con la ayuda del californiano de ascendencia mexicana Adrián Molina, para crear Soul Docter ha contado con Kemp Powers, un afroamericano de la misma edad que Joe Garner, el profesor de música (posible descendiente de Erroll Garner) al que Jamie Foxx presta su voz en la versión original en inglés. Como Garner, Powers también es un apasionado del jazz. Se dice músico, fue crítico musical en un pasado cada vez más remoto y le puso Charles a su hijo en honor al legendario Mingus.

Hasta aquí los parecidos entre Kemp y Joe. No sólo porque Kemp es de Brooklyn y Joe de Queens, sino porque el segundo tarda apenas diez minutos de película en caer por una boca de alcantarilla que le da el billete, a priori sin viaje de vuelta, para el más allá. Los títulos de crédito sorprenden de hecho a Joe en el camino hacia la luz cegadora del infinito, un tránsito final que se resistirá a aceptar, porque le ha pillado justo cuando había alcanzado su sueño: tocar en un cuarteto de jazz liderado por la saxofonista Dorothea Williams, en el Half Note, un remedo del mítico Blue Note. 

Conversaciones de padre a hijo

No les hemos contado más que el principio de la película, el viaje de un Queens de lo más creíble, con una parada que parece sacada de La Barbería (2002) –un clásico del cine afroamericano–, a un mundo completamente abstracto, que está más allá de la vida. A partir de aquí el lector podrá tropezarse con algún spoiler pero, más que aguarle el efecto sorpresa, le será de ayuda para afrontar más preparado la imparable de preguntas con las que le asaltará su prole cuando el próximo día 25 vean la película en familia, directamente en Disney+, sin pasar por los cines, donde sin duda hubiera lucido más impresionante. 

Además de la vida y la muerte, Pixar introduce el concepto de ‘más atrás’, que vendría a ser la etapa que precede a la vida

Digo preguntas pensando en mi propia hija, que a sus cuatro años no para de preguntar, y me veo sudando la gota gorda tratando de explicarle algunas de las muchas cuestiones que se irán acumulado después de esta breve introducción: Joe querrá por ejemplo escapar de la luz cegadora del destino, y bajando a contracorriente de todos los que ascienden hacia el más allá –entre ellos una señora de 106 años–, caerá en la negra oscuridad, para aterrizar en un mundo de cielos fucsia y prados azules que no es otro que el ‘más atrás’, un paraíso por el que corretean felices las almas inocentes que todavía no han nacido

En ese más atrás, las almas completan su formación antes de saltar a la Tierra, siempre bajo la supervisión de unas criaturas translucidas y picassianas. Para simplificar o complicar las cosas, todas se llaman Jerry, y una de ellas se define como “la conjunción de todos los campos cuánticos del universo”, aunque con “una forma que tu mente humana pueda entender”. Llegados a este punto, todavía confío en que mi hija de cuatro años no haya perdido el hilo –siempre estamos hablando de estas cosas–, pero es que todo se complica.

Si el protagonista de Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017) era un niño mexicano que soñaba con convertirse en guitarrista y viajaba a la tierra de los muertos, el de Soul es un afroamericano de mediana edad que sueña con convertirse en el pianista de un cuarteto de jazz, pero no tarda en aventurarse en un más allá -y en un ‘más atrás’- que recuerda a las abstracciones de Del revés, aquella mala traducción de Inside Out dirigida por el mismo Pete Docter en 2015. 
Se trata, sin duda, de la película más metafísica de Pixar. Foto © Disney/Pixar.

Pixar explicado a los niños

Ya se sabe que las películas de Pixar son para “niños de todas las edades”, pero está claro que con Soul el listón de la abstracción está un poco más arriba de aquellos muñequitos de colores que personificaban las emociones de Riley en Inside Out que, como decíamos, es el precedente más directo de Soul. Les seguimos contando. En el más atrás, la etapa que precede a la vida para las almas inocentes, estas tienen que completar su formación con la ayuda de algún mentor. En el amplio abanico de la eternidad, siempre hay alguno disponible, pongamos por caso Carl Jung, la madre Teresa, Gandhi.

Según Soul todos naceríamos predestinados a convertirnos en algo en particular, a perseguir nuestro sueño y a hacerlo realidad (aunque no todos seamos increíbles)

Garner es confundido con un afamado psicólogo infantil, circunstancia por la cual le asignan un alma renuente a precipitarse en el abismo de la vida, algo así como el eterno repetidor del más atrás, la llamada 22 a la que Tina Fey pone voz en la V.O.. Un alma que antes de nacer ya rechaza las mieles de la existencia, al parecer porque no ha acabado de encontrar su razón de ser, su destino o su propósito: su chispa, como dicen en la película. Según Soul todos naceríamos predestinados a convertirnos en algo en particular, a perseguir nuestro sueño y a hacerlo realidad. El clásico idealismo de los dibujos animados. 

Abreviándolo todo mucho, sólo diremos que, gracias a un gurú hipioso, que navega en su carabela rosa fosforito (en la que suena el Subterranean Home Sick Blues, de Dylan) por el océano negro de las almas perdidas, Garner y el alma número 22 que le han asignado volverán a la Tierra, donde el malogrado cuerpo de Joe se debate todavía entre la vida y la muerte, acompañado, gracias a Dios, de un adorable gato terapéutico. No hay obra maestra si no se incluye a algún gato en el casting que, como siempre, roba todas las miradas del espectador. 

Si el protagonista de Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017) era un niño mexicano que soñaba con convertirse en guitarrista y viajaba a la tierra de los muertos, el de Soul es un afroamericano de mediana edad que sueña con convertirse en el pianista de un cuarteto de jazz, pero no tarda en aventurarse en un más allá -y en un ‘más atrás’- que recuerda a las abstracciones de Del revés, aquella mala traducción de Inside Out dirigida por el mismo Pete Docter en 2015. 
Foto: © Disney/Pixar.

La película más ambiciosa de Pixar

Sí, quizás podríamos afirmar que Soul es la película más ambiciosa y desafiante de Pixar, la suma y recuento de un legado que lanza distintos mensajes. Por un lado, Joe ha supeditado toda su vida a un sueño, y eso le ha convertido en alguien bastante infeliz, como esas almas perdidas que, como explica Moonwind –el capitán de la goleta psicodélica–, se han desconectado de la vida porque se han obsesionado con lo que antaño sólo era placer. De una manera aparentemente un poco más compleja, Soul insiste en aquel carpe diem del que resulta tan fácil olvidarse. 

Hay que disfrutar de las pequeñas cosas. Que no nos ciegue la ambición. No todo el mundo tiene que ser increíble. Pero en la desventura de Garner que, en el último momento, lo comprende todo y de alguna manera acaba aceptando la propia muerte, cediendo el paso al ciclo de la vida, hay algo también de esa melancolía típicamente Pixar. Como aquel verso de Aragon, cantado por Brassens y tantos otros, en Il n’ya pas d’amour heureux: El tiempo de aprender a vivir ya es demasiado tarde. Hasta podríamos llegar a lamentar que no hubiesen preferido ambientar la película en el St. Germain de los existencialistas. Pero Pixar no es un sello francés. 

Pixar no es un sello francés, ni tampoco afroamericano. Aunque el jazz de Jonathan Batiste –así como la BSO de Trent Reznor y Atticus Ross, después de la reciente Mank– está muy bien, quizás engañado por el título, me imaginaba una película más (musicalmente) negra y menos metafísica, o algo más equilibrado, tipo Lovecraft County (ahí el terror, en lugar de la metafísica, maridaba admirablemente con la música negra), con más hits de soul, rythm & blues, hip hop y lo que hiciera falta. Un Soul Train, vamos. Aunque quizás hubiera sido demasiado previsible. Incluso tópico. 

Si el protagonista de Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017) era un niño mexicano que soñaba con convertirse en guitarrista y viajaba a la tierra de los muertos, el de Soul es un afroamericano de mediana edad que sueña con convertirse en el pianista de un cuarteto de jazz, pero no tarda en aventurarse en un más allá -y en un ‘más atrás’- que recuerda a las abstracciones de Del revés, aquella mala traducción de Inside Out dirigida por el mismo Pete Docter en 2015. 
Pixar recupera el carpe diem. Foto: © Disney/Pixar.

En el top de Pixar

Al margen de si la acelerada metafísica de Soul nos deja un tantomeditabundos, preguntándonos hasta qué punto compramos todo lo que se dice en ella –si hay que ser ambicioso, o si tenemos derecho a recrearnos en nuestra frustración–, la película corrobora todas las cualidades del sello Pixar en general y de Pete Docter, también director de Up (2009) y Monstruos S.A. (2001), en particular –un cierto humanismo, humor resultón, animación espectacular–. Sin embargo, queda por debajo de lo que para mí sigue siendo una trilogía: Toy Story, una de las mejores crónicas del tránsito adolescente que ha dado el cine, algo que Richard Linklater trató de imitar con actores de carne y hueso enBoyhood (2014). La cuarta entrega era menos un epílogo innecesario que un spin-off protagonizado por una cucharita de plástico. 

Pixar alterna la explotación de sus franquicias –algunas no muy queridas, como Cars– con propuestas más innovadoras, arriesgadas y vanguardistas como esta Soul, que básicamente nos dice que no hay nada malo en tirar la toalla si vemos que no estamos a la altura de las ambiciones que nos hemos impuesto a nosotros mismos. Un mensaje discutible, pero que igual tiene la virtud de aliviar la presión que algunos padres ejercen sobre sus hijos. Quizás no sea la mejor de las películas del sello de la lamparita, pero está en el top, y tira del carro de su faceta más posmoderna. 

Estrenos en Disney+: 25 de diciembre.

a.
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