Valladolid: una ruta en busca de sus mejores pinchos y tapas

Emprendemos un gustoso recorrido gastronómico por el centro histórico de Valladolid, una ciudad que ama con profunda pasión y deleite los pinchos y las tapas

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.

Pinchos, pinchos y más pinchos. Foto: Ayuntamiento de Valladolid.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.

Pero si por algo destaca especialmente Valladolid es por la devoción por el tapeo que manifiestan sus vecinos. Resulta placentero observar esa forma distendida y relajada que tienen sus habitantes de disfrutar de la calle visitando bares y restaurantes, tomando vinos junto a amigos y familiares, mientras degustan pequeñas porciones de extrema felicidad.

Algo que se detecta rápidamente en un paseo por su centro histórico, especialmente por las zonas donde se encuentra la Plaza Mayor, la Catedral, La Antigua, y San Miguel.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
En la PLaza Mayor y calles adyacentes se tapea maravillosamente. Foto: Ayuntamiento de Valladolid.

Una ciudad que vive por y para la gastronomía

Por otra parte, en Valladolid se suceden durante todo el año un gran número de eventos que tienen a la gastronomía como eje vertebrador de su propuesta turística. El 13 de mayo, día de San Pedro Regalado –patrón de la ciudad- se ofrecen pinchos basados en la carne de lechazo.

Valladolid se convierte en capital mundial del pincho con la celebración, en noviembre, del Concurso Nacional de Pinchos y Tapas y el Campeonato Mundial de Tapas

Junio es el mes en el que se celebra el Concurso Provincial de Pinchos, y los principales bares de la ciudad llenan sus barras de pequeñas delicatesen culinarias.

En septiembre se celebran las fiestas y las ferias de la Virgen de San Lorenzo. Se instalan casetas cercanas a los bares y restaurantes, y se ofrecen pinchos y bebidas a precios populares. En octubre, y de forma paralela al Festival Cinematográfico SEMINCI, los locales del centro ofrecen originales pinchos “de cine”.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
Valladolid es una ciudad que adora los pinchos y las tapas. Foto: Ayuntamiento de Valladolid.

Los pinchos, a concurso

Pero hay que esperar hasta noviembre para ver convertida Valladolid en la capital mundial del pincho con la celebración del Concurso Nacional de Pinchos y Tapas, considerado el mayor showcooking de nuestro país, y que este año cumplirá 17 años de existencia. También es el mes en el que sucede el importantísimo Campeonato Mundial de Tapas, que ya va por su quinta edición, y que tendrá lugar del 8 al 10 de noviembre.

Se participa de dos formas: los diferentes bares o restaurantes de la ciudad que lo deseen se presentan a título individual al certamen, o bien, se apadrina un bar o restaurante venido de cualquier punto del mundo, al que se le ofrece personal y cocinas para preparar sus elaboraciones.

El jurado lo conforman chefs de reconocida fama y competencia y conocidos periodistas especializados en gastronomía. Se elige un ganador, y después de su clausura, todos los pinchos participantes se ofrecen a precios populares en bares y restaurantes que hayan concursado en el evento.

El Mercado del Val

Empezamos nuestro particular recorrido en busca de los mejores pinchos y tapas de Valladolid en la Plaza del Val, junto a la Iglesia de San Benito el Real, donde se alza el coqueto y rehabilitado, -con todas las medidas de ecosostenibilidad-, Mercado del Val.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
El Mercado del Val es punto de encuentro para tomar pinchos y tapas. Foto: Ayuntamiento de Valladolid.

Es un monumento construido en hierro a finales del siglo XIX por el arquitecto Ruiz Serra. Hoy en día, combina puestos tradicionales en los que se dan cita los más granados productos gastronómicos de la provincia con gastrobares en los que se pueden tomar los afamados vinos de la tierra, pinchos y raciones tan buenas como las impresionantes albóndigas de la abuela que se sirven en La Provinciana.

Igualmente es un gusto dejarse caer por el Gastrobar Gure Txoko, que fusiona platos de la cocina vasca con productos gastronómicos de Castilla y León. Su barra de pinchos es antológica, y sus taquitos de bacalao en tempura son una apuesta segura.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
La barra de pinchos de Gure Txoko es una tentación difícil de superar.

Y, por supuesto, hay que acercarse a El Cerezal, negocio familiar con más de 40 años de historia a sus espaldas, y uno de los bares más antiguos del mercado. Muy gustosas sus rabas, los langostinos y las estupendas croquetas caseras.

Plaza Mayor

Una de las zonas más importantes de Valladolid para regocijarse tomando pinchos es la Plaza Mayor y aledaños. Reconstruida por orden de Felipe II tras el incendio de la ciudad en 1561, fue la primera Plaza Mayor regular de España cerrada y con soportales, y su diseño fue inspiración para la construcción de otras como la de Madrid.

Tomaremos nuestros primeros bocados en Villaparamesa, restaurante que sirve platos y tapas de alta cocina, y que a lo largo de su trayectoria ha sido galardonado con diferentes premios gastronómicos nacionales y provinciales. Una exquisitez tanto visual como gustativa es su tapa ‘Los tres cerditos’, cochinillo con ajo blanco, ponzu y pibil. También muy sabrosas son sus miniburguer de añojo, manzana y mayonesa de kinchi y el pan brioche de mantequilla con pollo en adobo coreano y yuzu.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
Los tres cerditos: cochinillo con ajo blanco, ponzu y pibil. Foto: Villaparamesa.

En el número 13 de la calle Pasión, coincidiremos con el emblemático y reconocido Restaurante Los Zagales, en el que se pueden elegir varios menús de pinchos, entre los que se incluyen deliciosos trampantojos culinarios.

Comenzamos con el Tigretostón, pincho ganador del VI Concurso nacional de Tapas y Pinchos 2010, un sentido homenaje del cocinero Antonio González al pastelito Tigretón, con el que se nutrieron muchos cincuentones de nuestro país en los años 70, y que en Los Zagales se elabora con pan negro, morcilla, cebolla roja y piel de tostón.

También sorprende y mucho, la tapa denominada ‘Copa y puro’, que con apariencia de un cigarro en su cenicero, esconde un sabroso tartar de sardina marinada, aderezado con su propia ceniza, que es elaborada con maltodextrina.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
Tigretostón. Foto: Restaurante Los Zagales.

Otros lugares para tomar pinchos y tapas en esta zona son Bar el Corcho, en la calle Correos, famoso por su bacalao rebozado, por las croquetas y los torreznos, y el Restaurante Jero, toda una institución en Valladolid en cuanto a pinchos se refiere, pues su barra rebosa diariamente de gustosísimas propuestas.

La Catedral

Nos acercamos ahora a la privilegiada zona que, desde la plaza de Fuente Dorada hacia la catedral, y bordeándola, disfruta también de un gran número de bares, cafeterías y restaurantes.

Comenzamos inspeccionando la Vinoteca Señorita Malauva en la calle Fray Luís de León. Es un pequeño local en el que se pueden comprar todo tipo de vinos, y el que por supuesto se pueden degustar diferentes platillos, siempre acompañados de los mejores vinos de una tierra que posee cinco denominaciones de vinos distintas. Pero sobre todo es un dichoso lugar de encuentro para aficionados y profesionales del vino. Catas, eventos y presentaciones son sus principales alicientes.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
Señorita Malauva es punto de encuentro de los amantes del vino en Valladolid.

También en Fray Luís de León, nos tropezaremos, de forma irremediable con el famoso Restaurante Suite 22, que entre sus valiosas propuestas sirve el galardonado ‘Corchifrito’, pincho ganador del Concurso Nacional de Pinchos 2020, dotado con un premio de 10.000 euros.

El chef Emilio Martín creó un gustoso guiso de cochinillo y le dio la creativa y singular forma del corcho de una botella de vino.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
Emilio Martin con su ‘corchifrito’, pincho ganador del Concurso Nacional de Pinchos 2020. Foto: Restaurante Suite 22.

Otro local digno de visitar en esta área es El Farolito, emblemático negocio que sirve tapas y dispone de una variada muestra de conservas gourmet que se pueden maridar con una atractiva selección de vinos autóctonos. Aquí se puede decir, sin temor, que te van a dar la lata pero bien.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
En El Farolito te dan la lata, pero bien. Foto: El Farolito.

La Antigua

A muy pocos pasos de la catedral, -realmente no hay grandes distancias en el centro de Valladolid-, hallaremos la bella iglesia de Santa María La Antigua, que data del siglo XII y da nombre a esta zona. En su entorno, y junto al Teatro Calderón, hay un espacio de restauración que vale la pena conocer.

Con brillo propio destaca el Corral del Rosarillo, bar de tapas y restaurante de ambiente desenfadado y muy bien atendido, al que medio Valladolid acude a deleitarse con su delicioso pollo frito con patatas y pimientos.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
El pollo frito con patatas y pimientos de El Corral del Rosarillo quita todos los males.

En la calle Campanas, y ubicado en la zona de la Plaza Mayor, muy cerca de la Plaza Martí y Monsó, hallaremos el Bar Alarcón, considerado como uno de los mejores locales de España para comer torreznos. También hay que probar su oreja de cerdo rebozada porque no hacerlo sería un pecado mortal.

En el cercano Restaurante Fierabrás siempre hay una clientela fiel dispuesta a disfrutar de sus bocadillos de rabas, de las croquetas caseras y del churrasco de ternera con salsa barbacoa.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
Los famosos torreznos del Bar Alarcón.

San Miguel

Por último, nos dirigiremos a la zona de la plaza de San Miguel, lugar habitual de encuentro de los vallisoletanos. Está situada entre el mercado del Val y la iglesia penitencial de la Vera Cruz, ubicada en la calle Platerías. Aquí hallamos otro de los puntos de la ciudad donde se dan cita bares y restaurantes muy atrayentes para tomar pinchos.

Destacamos dos locales que resplandecen con luz propia. En primer lugar conoceremos el Restaurante Don Bacalao, emplazado en la plaza Santa Brígida. Como muy bien dice su nombre, el bacalao es su ofrecimiento estrella. Excelente en forma de carpaccio, también al pil-pil, al estilo portugués, taberna y a la vizcaína.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
El bacalao estilo taberna es plato estrella en el Restaurante Don Bacalao.

Otra parada obligatoria es el Gastrobar Martín Quiroga, en la calle San Ignacio. En este negocio de restauración los hermanos Quiroga dan rienda suelta a su ingente profesionalidad culinaria en platos de solvencia como los callos, el rabo de toro o los chipirones con salsa de pesto.

Extra: dos recomendaciones finales

Uno no se puede marchar de Valladolid sin probar el lechazo horneado a la leña en alguno de sus asadores. El lechazo, o cordero lechal es la cría del cordero que sólo se ha alimentado de leche materna. Su sabor es puro deleite y su carne es tierna hasta deshacerse en la boca. Lo bordan en el Restaurante Asador El Figón de Recoletos y en el Restaurante Asador La Solana.

En Valladolid el arte y la cultura se viven con la misma intensidad con la que se disfruta de una gastronomía privilegiada. Y es así, gracias a productos de raigambre como el exquisito y reconocido lechazo con IGP, sus famosos quesos de oveja curados, los espárragos de Tudela de Duero, las endivias de Peñafiel, la miel de Encinas de Esgueva, o sus magníficos vinos como los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera del Duero, Tierra de León o Toro, entre otros productos.
Comer lechazo en el Restaurante Asador La Solana es todo un gusto.

Finalmente, los amantes de la cocina creativa deben reservar mesa en Trigo (calle Tintes, 8), el único restaurante galardonado con una estrella Michelin de Valladolid.

Su cocinero es Víctor Martín, un forjador de emociones gustativas que aúna con arte y clarividencia la cocina más actual con respetuosas reminiscencias de la tradición gastronómica de Valladolid y su provincia.

a.
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