Restaurante Salvaje: bienvenidos a la jungla más fashion

El restaurante Salvaje apuesta por una cocina fusión de raíces orientales y aires latinos, en una propuesta sazonada con espectáculos y música en vivo

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.

Este restaurante abrió hace pocas semanas en Enric Granados 86, Barcelona, y rápidamente subió a la liga mayor de los restaurantes más audaces de la capital catalana: tiene 2.000 metros cuadrados y un sábado a la noche no hay forma de conseguir mesa si no es con reserva.

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.
El restaurante imita a la densidad de una jungla. Foto Restaurante Salvaje

La ciudad devorada por la jungla

Los memoriosos recordarán que hasta fines de 2018 allí estaba el Bellavista del Jardín de Norte, impulsado por los hermanos Iglesias y Lionel Messi. De la antigua decoración, que simulaba espacios deportivos de una ciudad, no quedó ni rastros; como si hubiera sido devorada por la maleza chic de Salvaje.

Pareciera como si el antiguo restaurante fue devorado por la maleza chic de Salvaje

Sí se mantiene una cierta distribución, con el piso superior destinado a salas vip, una pequeña terraza con vistas a la calle, una barra de cócteles en la entrada, otra barra con vistas al ejército de cocineros que danzan entre fogones y una sala donde algunos tramos imitan a cuevas de paredes blancas.

Esta diversidad se replica en el mobiliario, donde conviven sillas de diseño minimalista con otras que imitan manos gigantes.

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.
Eclecticismo y arte inspirado en la selva. Foto Restaurante Salvaje

Fusiones y herencias

El chef panameño Fermín Azkue, de padres vascos, realiza una fusión a varias bandas en sus platos, que los presentan como “el lado salvaje de la cocina japonesa”.

Son creaciones de las tierras niponas, sí, pero combinadas con toques propios de su cocina latina y la influencia de sus ancestros.

Los platos, ya sean las variedades de sushis, sashimis, nigiris y hosomakis, dialogan con elaboraciones como los langostinos tempurizados con wasabi, kale frito y cebollino; los tacos Salvaje de vacío salteado con wok con pasta de yuzu y napa; la costilla a la brasa (ahumado por 12 horas en madera de manzano) o el solomillo madurado por 40 días glaseado con holandesa de yuzu; entre otros.

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.
Los cócteles: be-wild y wabi-sabi. Foto JP Chuet-Missé

Como balance a la hora de beber, es mejor ponerse en las sugerencias de los cócteles preparados por Borja Goikoetxea, como hemos dado fe con el kanso (ginebra Tanqueray ten, flor de saúco, spicy sandía, cítricos y champagne Perrier Jouet) y el porn star salvaje (vodka Ciroc, vainilla, maracuyá, lima y champagne), continuado por el wabi-sabi (tequila Don Julio blanco, miso, arroz, aloe vera, jalapeño, shisho verde y algodón de wasabi) y el be-wild (vodka, sansho pepper, lemongrass, sirope de albahaca, cítricos y refresco de jengibre).

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.
Ikuras y nigiris con dumplings de hongos. Foto JP Chuet-Missé

Los platos

Tras unos dumplings de hongos con salsa demiglass de des, crema trufada, desfilaron las preparaciones orientales como el ikura de huevas de salmón y huevo de codorniz, los nigiris kampachi (pescado japonés medio graso) y de carne wagyu, y los rollos de cangrejo rey ‘super dinamita.

Ya en el capítulo de los principales, primero pasó un contundente cauliflower boom, coliflor con coulis ahumado, ají amarillo y aderezo de tofu feta elaborado con tres tipos de cocciones; seguido por un bacalao negro glaseado con ciruela japonesa y carne de acelga.

De postre, unos elegantes mochi-mochi de té verde y chocolate.

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.
Cauliflower boom, coliflor con coulis ahumado. Foto Lys Ortega

Las cenas-espectáculos

Con un local inaugurado a principios de año en Madrid, y con restaurantes en Panamá, Bogotá y Miami, el lugar incursiona en la moda del show gastronómico.

Cada tanto las bailarinas y el cantante de La Troop regalan números musicales, interactuando con los comensales

Palmeras de ficción, un espacio central que parece una choza africana, estatuas de animales, chicas que reciben en ajustados vestidos con estampado de leopardo, muchas pero muchas plantas de plástico. Obviamente, un sitio así tiene que llamarse Salvaje.
Cada tanto llega un espectáculo de La Troop. Foto JP Chuet-Missé

A lo largo de la cena hay dos DJs en sesión permanente (música de discoteca arriba, pop retro en la planta baja), y cada tanto, la gente de La Troop regala algún número musical, con un cantante y cuatro bailarinas que van cambiando de vestuario (mujer-fatal, mujer-leopardo, mujer-serpiente, indias sioux) como quien alterna de plato en plato.

Sonríen, bailan, seducen y ríen con los comensales, que enseguida sacan sus móviles para recordar fragmentos de los momentos.

Salvaje llega en el momento en que se levantan las restricciones y aprovecha a fondo su propuesta de sofisticación, cosmopolitismo y pasarela de brillos y sonrisas para ser la nueva meca chic de Barcelona. La apuesta está hecha.

a.
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