Benzina: la nueva cocina italiana tiene ritmo de rock & roll

El restaurante Benzina, en el barrio de Sant Antoni, hace una relectura de las tradiciones italianas con el espíritu de las carreteras

¿Cómo puede sobresalir un restaurante en medio de la abundante oferta, casi diríamos saturada, de propuestas gastronómicas del barrio de Sant Antoni, nuevo epicentro de tapas, vermut y platos vanguardistas de Barcelona?

Respuesta: presentando lo que nadie (o casi nadie) ofrece.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Sala de Benzina. Foto JP Chuet-Missé

Que haya un local con capacidad para 90 comensales en este barrio, donde los espacios suelen ser mínimos, es una rareza.

Ayer un taller, hoy un restaurante

La razón, y de ahí viene el nombre italiano de gasolina, es que antiguamente había un taller de coches, que aprovechaba el espacio-tierra-de-nadie del pasaje Pere Calders, donde ahora se acomoda un bar al lado del otro en una prolongación de lo que sucede en la calle Parlament.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Badr Bennis y Nicola Valle. Foto JP Chuet-Missé

El restaurante Benzina ocupa el espacio que pertenecía a un taller mecánico, en el pasaje Pere Calders

Esto permite que el local pueda estar lleno, con terraza incluida, y haya espacio para transitar y no estar paranoico con las distancias de seguridad.

Motores y rock & roll

Una mirada al sitio reparará en que allí hay un diagrama de motores de Mercedes Benz, en la entrada hay dos bidones metálicos de gasolina, y una gigantesca foto muestra a un coche en llamas; para recordar que donde ahora hay mesas, barra y camareros transitando a velocidad de vértigo décadas atrás había grasa, herramientas y expertos en reparar lo imposible.

A un lado, una gran batea de vinilos y un tocadiscos marcan la estética sonora del lugar: rock y pop clásico, artistas que no conocen el paso del tiempo y que forma parte de una de las numerosas playlists que la gente de Benzina ha creado para amenizar las veladas.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Bennis preparando los cócteles. Foto JP Chuet-Missé

El responsable del local es el restaurador inglés Badr Bennis, acompañado por el chef italiano Nicola Valle al frente de los fogones.

Antes de abrir Benzina Bennis sabía que quería llevar adelante un restaurante de cocina italiana moderna. Y fue Valle quien le dio el toque que buscaba.

El propietario es de raíces marroquíes, el cocinero proviene de Brescia, y los dos se encuentran en Barcelona tras haber pasado por restaurantes y hoteles de Londres, Nueva York, Ecuador e Italia.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Scamorza con judías romano, olivas negras . Foto JP Chuet-Missé

Por ejemplo, Valle estuvo en varios locales de estrella Michelin, como el Pétrus del mediático Gordon Ramsay (“a quien solo vi una vez en un año”, revela) en la capital británica y en el Giancarlo Perbellini (dos estrellas) en Verona.

Oda al cóctel

Antes de que la pandemia llegara para poner patas arriba el mundo, el local se convertía en coctelería hasta las tres de la mañana, pero Bennis no está muy seguro que, para cuando vuelva la normalidad, vuelvan a esa opción de trasnoche.

Sin embargo, antes o después de la comida se puede saborear preparaciones que saludan al rock & roll, como el Hotel California (tequila, mezcal, jalapeño y algave), Green River (manzana, flor de saúco, pepino y menta), Paint it Black (vodka, piña, orgeat, licor & bitter chocolate negro) o Sweet Emotion (ron añejo, jengibre, fruta de la pasión, menta y soda).

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Scarpetta de ragú napolitano, con pan de coca, limón, parmesano y albahaca. Foto JP Chuet-Missé

Para no tentar al peligro con el estómago vacío, preferimos un Summer Breeze (prossecco, frambuesa y fruta de la pasión) y un Club Tropicana (Aperol, piña, fruta de la pasión y prosseco).

Una carta en continua evolución.

La carta gira en torno a media docena de entrantes, otros tantos platos de pasta y cuatro de carnes y peces. Que nadie diga que es poca variedad: “El 80% de la carta la renovamos cada dos meses”, puntualiza Bennis.

El 80% de la carta de Benzina se renueva cada dos o tres meses, señala Badr Bennis

El restaurante se concibió para el público local, y Benzina busca que puedan volver al corto plazo y siempre encuentren novedades para probar, señala a Tendencias Hoy.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Linguine aglio con peperoncino con bogavante y aceite de cardamomo. Foto JP Chuet-Missé

Lo mismo sucede con la carta de vinos, con blancos, tintos y rosados provenientes de Italia. La razón no es solo para tener una continuidad con los platos, sino también “para que la gente conozca sabores nuevos. Si ponemos vinos de aquí, los clientes siempre pedirán lo que ya conocen”.

Sabores de ayer y hoy

La cocina es una interesante relectura de sabores tradicionales mezclados con la vida cosmopolita de los dos pilares del restaurante.

Siguiendo las recomendaciones del personal, que tienen toda la paciencia del mundo en traducir algún nombre italiano o explicar cómo se elabora un plato, nos decantamos por una scamorza (queso de vaca curado y a la plancha) con judías romano, olivas negras (¡y crujientes!), tomates confitados y berros.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
El chef Nicola Valle hace una relectura de los sabores italianos. Foto Benzina

Y por la scarpetta de ragú napolitano, con pan de coca, limón, parmesano y albahaca, que es un homenaje a las sobras del plato de salsa al que uno le pasa un barquillo de pan tamaño portaviones.

Otras opciones a tener en cuenta son el fritto misto de calamares, gambas y boquerones, el steak tartar, o la berenjena confitada a la parmigiana con helado de parmesano.

Nuevas combinaciones

No fue fácil decidirse con los segundos. Esta vez aparcamos los posibles peces y preparados carnívoros por algunas de las pastas frescas.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Postre Caprino. Foto JP Chuet-Missé

Si uno cree que un aguacate no tiene nada que ver en un plato de pasta, que pruebe el linguine aglio, con peperoncino con bogavante y aceite de cardamomo.

Según explica Bennis, la inclusión de la baya comestible es influencia de los cocineros latinos que conoció en Nueva York. Anímate y triunfarás, le habrán dicho.

También probamos el passatelli, con ragú blanco de pollo, queso stracchino, migas de comino, naranja y cebollino, que no defraudó.

Las combinaciones de los spaghetti quadrati, el risotto de guisantes, los ravioli de pesto o los gnocchi (bue, ñoquis) de ricota con pescados, mariscos quesos estacionados por 36 meses, salsas y vegetales demuestran las infinitas combinaciones de la cocina.

Benzina es un restaurante italiano, sí, pero con la huella que los transalpinos han dejado en sitios como Nueva York.
Postre Sferamisú. Foto JP Chuet-Missé

Los postres

De postre, los amantes del postureo gastronómico en Instagram deberían pedir el sferamisú, donde una esfera de chocolate colapsa para descubrir una combinación de mascarpone, savoiardi al café y helado de vainilla.

O sino, probar el exquisito caprino, un mousse de queso de cabra con frutos rojos y pistacho.

Un cóctel para rematar la faena, un rock & roll que suena por los altavoces, y es momento de encender los motores para dejar atrás a este antiguo taller reconvertido en un ejemplo de la fusión entre Barcelona, Nueva York e Italia.

a.
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