Café Majestic, el ave fénix de Oporto

Ni guerras, ni bancarrotas ni, más recientemente, instagramers o pandemias. Nada impide que el Majestic resista como emblema cultural portuense

Ninguna historia que se precie sobreviviría sin la memoria de las abuelas. En el sistema de vasos comunicantes que es la familia, las ‘más mayores’ actúan como incuestionable bisagra entre el pasado reciente y el mundo tal y como lo conocemos.

En términos antropológicos, el Café Majestic es esa abuela centenaria cuya influencia, elegante, sabia y portentosa, resulta esencial para legitimar los modos y maneras del universo cultural de Oporto.

Café Majestic

En la portada del desaparecido diario madrileño La Nación, impreso el martes 12 de junio de 1934, una diminuta reseña reza, sin tildes y en caja alta: Cafe Majestic. El mas centrico de la ciudad de Oporto reformado recientemente exquisitas naranjadas especiales, solo de este cafe (sic).

El café abrió sus puertas en 1921. Foto: Café Majestic.

En el ecuador del árido verano de 2020, decidimos dejar de lado los remilgos de esta época para descubrir las ‘exquisitas naranjadas especiales’ y otras bondades del café del número 112 de la rua Santa Catarina.

A lo lejos, su instagrameable fachada art decó invita a descubrir un salón cuajado de espejos, madera, mármol y de una colección de relatos acontecidos en 99 años. Al fondo, un gran piano de cola y una escalera de estilo belle époque anteceden a un patio interior –diseño de Pedro Mendes da Silva en 1925– donde poetas, escritores, músicos y artistas han inmortalizado su ingenio.

Es aquí donde nos recibe, con una serenidad peligrosamente contagiosa, Fernando Barrias, propietario del Majestic, ‘el café más bonito del mundo’. Así lo corroboran los guías locales, una escritora escocesa, las decenas de viajeros de a. C. (antes del coronavirus) y hasta un Jefe de Estado brasileño.

La Nación del martes 12 de junio de 1934.

Los (intensos) años veinte

En la Europa todavía convaleciente de la Primera Guerra Mundial, Oporto operaba como una de las grandes damas de la marina mercante. Y como imán de las nuevas y sofisticadas empresas de ultramar, un selecto surtido de comerciantes, intelectuales, artistas y destacados miembros de la burguesía y de aristocracia campaban a sus anchas en la ciudad del Douro.

En 1921, un preciosista café abrió sus puertas con el nombre de Élite –por si quedaba alguna duda de sus aspiraciones– para alegría de esta nueva comunidad. Proyectado por el arquitecto João Queiroz a la manera de la incipiente belle époque, el café se acomodó en su fama de bastión de la intelectualidad portuense.

Barrias recuerda que “Se convirtió en el lugar donde se cocía lo último en arte, literatura, moda…”. Décadas antes de la llegada del turismo de masas, “se organizaban semanalmente tertulias, debates políticos, recitales, desfiles, presentaciones de libros”.

Recién estrenado el siglo XXI, con el despegue de Booking y el aterrizaje de decenas de vuelos diarios al nuevo aeropuerto de Oporto, decenas de turistas se amontonaban a las puertas del ‘lugar emblemático de Santa Catarina’: “Hemos llegado a tener a unas 80 personas haciendo cola. Fuese invierno o verano, el café Majestic ha sido uno de los hits de la ciudad hasta marzo de 2020”, sentencia su propietario.

Salvado por los vecinos

El café Majestic nunca se cerró definitivamente. “Durante la crisis portuguesa de los 60, entró en bancarrota”, aclara Barrias. Pero un grupo de clientes habituales proclamó su salvación y, el 31 de agosto de 1983, el Majestic fue declarado Edificio de Interés Público. “Fue entonces cuando mi padre, Agostinho Barrias, adquirió el Majestic, así como el Guarany (1933). Ambos continúan abiertos”.

Y continúa, orgulloso: “La pasión de mi padre por estos dos cafés emblemáticos fue clave para entender su proceso de recuperación. Hace unos años, encontré unas fotos del Majestic de 1921. Eran de un fotógrafo portugués y di con un descendiente suyo para que me prestara los negativos. Son documentos valiosisímos que forman parte de nuestro patrimonio y de nuestras paredes”. 

Foto histórica del Café Majestic.

Éramos pocos y escribió la Rowling

A finales de 1992, el café se sometió a una profunda restauración. “Aquello duró dos años y fue el punto de inflexión de su resurgimiento. Una vez abiertos y sin ser en absoluto conscientes de ello, una joven Joanne Rowling ya formaba parte del paisanaje de nuestro salón”, confiesa Barrias.

Por ese entonces y bajo el anonimato, la autora escocesa contrajo matrimonio y un embarazo con un periodista portugués. Hace apenas tres meses, Rowling hizo público lo que Fernando conocía hacía décadas. La creadora del fenómeno literario de Harry Potter reconoció que era “la cafetería más bonita donde había estado” y donde escribió parte del primer libro de la saga, La piedra filosofal (1997).

La entrevista dio que hablar, sobre todo, porque Rowling confesó que jamás había pisado la librería Lello, uno de los lugares de peregrinaje de los seguidores del aspirante a mago.

Fachada de mítico Café Majestic.

Fernando corrobora la discreción canónica del Majestic: “Sabíamos que Joanne había escrito algunas páginas aquí. Tras la publicación del primer libro, en 1997, empezaron a llegar las primeras hordas de turistas en busca de respuestas, pero preferí no corroborar una información privada de una etapa muy complicada de su vida”. Barrias calla un instante y concluye: “Lo que sí he hecho es enviarle a Joanne una invitación formal para la celebración de nuestro centenario”.

Lo que siempre quiso saber del Majestic y nunca se atrevió a preguntar

“Este (casi) siglo ha dado para mucho”, sonríe Barrias, misterioso y predispuesto. “Una de las visitas más célebres, como saben, fue la de Jacques Chirac. Fue a finales de los noventa cuando recibimos un fax del Elíseo donde se solicitaba una visita por deseo expreso del entonces presidente francés. No supimos más. Tiempo después, se presentaron unos señores a inspeccionar la cafetería, de arriba abajo. Chirac apareció en el Majestic el 5 de febrero de 1999”.

Pero mucho antes, en 1955, el rincón de Santa Catarina ya había consagrado su leyenda con la visita del que se convertiría en presidente de la República de Brasil, Juscelino Kubitschek, un año después.

Quedó tan fascinado que, ya como presidente, mencionó las bondades del Majestic en una entrevista: “el café más bonito del mundo”. Y le concedió una medalla cuya foto guarda a buen recaudo Barrias en el móvil.  

El café más bonito del mundo

Más allá de sus celebridades, ‘el café más bonito de Oporto’ sustenta la magia gracias a una infinidad de historias anónimas. Algunas de ellas forman parte de los recuerdos de Fernando Barrias: “Unos años antes de que llegara el euro, estando en París, se me ocurrió ir a Bruselas en coche. A la altura de Breda, paré a tomar un café. Entré en una cafetería y pregunté si podía pagar con francos. La propietaria negó con la cabeza y, a continuación, me sirvió un café. Como agradecimiento, le prometí devolverle la invitación en Oporto. Le mencioné el Majestic…”.

Fernando hace otra de sus pausas sin contener el entusiasmo: “A aquella mujer le dio un ataque de risa y, cuando se calmó, me dijo: ‘Te voy a mostrar mi escritorio’. Al llegar, encontré las paredes del estudio forradas con imágenes del Majestic. Según me contó eran de un enamorado suyo, fotógrafo portuense, que le hizo llegar por correo. No podía creerlo. ¡Había dado con una fan en una ciudad holandesa!”.

Como depositario de mitos, el café también atesora tragicomedias a la manera de la belle époque: “En una ocasión, el dueño de una agencia de publicidad me confesó: ‘¿Sabe que el Majestic fue el detonante de mi divorcio?’. Asombrado y preocupado, quise averiguar. Resulta que su mujer era ‘una chica del cable’ y trabajaba en una operadora próxima a Santa Catarina. Al marido no se le ocurrió otra cosa que hablar con su amante desde el teléfono del Café Majestic… ¿Adivinas quién interceptó la llamada clandestina?”.

Como suele ocurrir con el imaginario de nuestras abuelas, el Majestic supera en fantasía a los mas ingeniosos escritores.

a.
Ahora en portada