Bel Mondo, la nueva trattoria italiana que conquista Madrid

El grupo Big Mamma aterriza en la capital y lo hace pisando fuerte. Buongiorno Madrid!

Tigrane Seydoux y Victor Lugger. Quizás no te suenen sus nombres, pero se trata de los fundadores de un prolífico grupo hostelero francés conocido como Big Mamma. De hecho, es posible que te hayas sentado a la mesa de sus restaurantes de París, Lille, Lyon o Londres y disfrutado de su genialidad. Pues bien, estamos de enhorabuena, porque el grupo acaba de desembarcar en Madrid. Su restaurante, Bel Mondo, se ha convertido, casi de inmediato, en la sensación del otoño.

¿Por qué aquí y en este momento concreto? “Siempre hemos tenido el sueño de abrir un restaurante en España, y especialmente en Madrid. Nos encanta la cultura española y la cultura gastronómica que hay aquí, el buen rollo que se respira y el ambiente acogedor del sitio y de la gente. Pero, sobre todo, el saber disfrutar”, relatan sus creadores a Tendencias. No son ajenos a la situación, claro, y reconocen que “es verdad que es un momento especialmente particular y difícil para abrir un restaurante, pero queremos seguir compartiendo esta loca pasión, ofrecer un momento especial en el día de nuestros clientes”.

Con las ideas más que claras, Tigrane y Victor se lanzaron a la piscina y, con la ilusión que es marca de la casa, abrieron las puertas de Bel Mondo con esa receta del éxito que todos quieren. ¿Cómo han conseguido estar en boca de todos en tan poco tiempo? “Imaginamos que puede ser por la relación con los buenos productores, la comida generosa a precios accesibles y un lugar en el cual te diviertes, ya que es la definición perfecta de lo que para nosotros es un buen momento en un restaurante”, matizan.

La entrada a Bel Mondo anticipa una experiencia, por lo menos, diferente. Foto Jérôme Galland
La entrada a Bel Mondo anticipa una experiencia, cuanto menos, diferente. Foto: Jérôme Galland

Sea como fuere, Bel Mondo ha triunfado. Y las cifras son apabullantes. 900 metros de local que se despliegan en el que fuera Loft39 (Velázquez, 39), 300 asientos (ahora adaptados a las restricciones por la Covid-19) y 85 trabajadores, gran parte de ellos italianos.

Pura ‘Dolce Vita’ en el centro de Madrid

Cuando uno llega a Bel Mondo, queda instantáneamente prendado. Una tímida fachada, adornada con plantas y flores naturales, poco hace presagiar lo que nos espera dentro. El primer impacto se recibe con su escalera de acceso, donde es imposible no detenerse a sacar mil y una fotos a su neón ‘Forno Star’.

“Bel Mondo está concebido como la mezcla perfecta entre una villa de verano a orillas del Lago di Garda y el apartamento de un chico chulo de los 80. Son 900m2 de pura alegría” comparten Tigrane y Victor. Y no podemos sino constatarlo. Es estar en Italia y eso lo han conseguido gracias a su estudio de diseño, Studio Kiki, que viaja por las regiones de Italia para buscar auténticas joyas que conviertan el espacio en un lugar único.

Bel Mondo supone el aterrizaje en Madrid del grupo Big Mamma. Foto Credit Jérôme Galland
Bel Mondo supone el aterrizaje en Madrid del grupo Big Mamma. Foto: Credit Jérôme Galland.

“Disponemos de distintos espacios, cada uno con su propio espíritu, que hacen que puedas venir tantas veces como quieras sin tener la misma experiencia. Como nuestra sala del bar, donde podrás perderte entre los 30.000 vinilos vintage mientras te tomas un delicioso cocktail”, confiesan.

Añadamos su espectacular terraza de 235m2 cubierta de pérgolas y vegetación (jazmín y flores coloridas) que nos hace olvidarnos de que estamos en Madrid. Y más: una zona que han bautizado como ‘el túnel del amor’, lleno de plantas, perfecto para una cena romántica. “Al final el restaurante es un lugar grande pero lleno de rincones acogedores para cualquier tipo de ocasión. Nos gusta crear restaurantes en los cuales uno se sienta bien y a gusto”, apuntan.

Bel Mondo está concebido como la mezcla perfecta entre una villa de verano a orillas del Lago di Garda y el apartamento de un chico chulo de los 80

Una auténtica trattoria italiana

La propuesta gastronómica está a la altura del concepto y del local. “Nuestro objetivo es ofrecer una cocina generosa y gourmet con la mejor relación calidad-precio. Queremos ofrecer la crème de la crème de los productos italianos a la mayor cantidad de gente posible y que nuestro restaurante se traduzca en un viaje sensorial al completo”, explican.

Bel Mondo. Sí, está en Madrid, en plena calle Velázquez. Foto Jérôme Galland
Sí, está en Madrid, en plena calle Velázquez. Foto Jérôme Galland

Bel Mondo sabe a Italia. Desde sus antipasti a los postres, pasando por la pasta y las pizzas. ¿Cómo lo hacen? Trabajando con productos traídos directamente del país. “Trabajamos directamente con más de 150 productores italianos; pequeñas pymes familiares que cuidan y aman su trabajo artesanal y transmiten su saber hacer de generación en generación. Parte del equipo viaja a Italia para conocer personalmente a los productores y ver de primera mano como trabajan su producto”, comparten.

Calidad ante todo y producto como epicentro de su propuesta. “Por ejemplo, los tomates de San Marzano son cuidadosamente plantados por Paolo Ruggiero en las laderas del Vesubio, lo que les da un sabor agridulce único que, una vez pruebas, te transportan directamente a otro mundo. Seleccionamos estos productos porque conocemos sus increíbles cualidades”, matizan. ¿Hay hueco para los productos de aquí en la carta de Bel Mondo? “No hemos dudado en seleccionar productos locales de España como el cerdo o la carne de vaca, que están reconocidos entre los mejores del mundo. Es un increíble dolor de cabeza logístico, pero de este modo podemos garantizar el mejor resultado posible para todos nuestros clientes”.

Todo ello se materializa en una carta de sabores genuinos -y divertidos-, creada por Ciro Cristiano, chef del grupo. El menú se divide en una selección de productos, entre los que probar mortadela al tartufo, culatello -embutido típico de la zona de Parma-, burrata con un toque de albahaca o una divertida contraposición entre productos italianos y españoles, como la que hacen con el prosciutto di Parma vs jamón ibérico o la bresaola vs cecina de León.

La Gran Carbonara que sirve Bel Mondo. Foto Sophie Chanimbaud
La Gran Carbonara que sirve Bel Mondo en una rueda de pecorino. Foto: Sophie Chanimbaud.

La pasta en una nueva dimensión

Entre los antipasti no hay que perderse la ‘Croquestar’, rellena de bechamel a la trufa con jamón y un toque de trufa fresca, el vitello tonnato, que preparan con redondo de ternera española y su ‘No puerro más’ un puerro asado al Josper con salsa verde casera, stracciatella y alcaparras.

La pasta en Bel Mondo adquiere nueva dimensión. Se elabora cada día a mano, con sémola traída de un pequeño molino artesanal en Altamura (Puglia) y se emplea en recetas como los papardelle al ragú de cordero, cocinado durante 16 horas y aromatizado con limones de Amalfi y terminado con cilantro fresco y salsa de Parmigiano D.O.P. 24 meses. Otro de los que ha pasado directamente a sus platos estrella es la Gran Carbonara, que se remata en mesa, preparando los espaguetis con yema de huevo y guanciale crujiente dentro de una rueda de pecorino delante de nuestros ojos.

Pizza Napoletana de Bel Mondo. Foto Sophie Chanimbaud
Pizza Napoletana de Bel Mondo. Foto: Sophie Chanimbaud.

Solo hacen falta 90 segundos para que en Bel Mondo tengan listas sus pizzas. Se cocinan a nada menos que 420º y al estilo napolitano, en recetas como la clásica Margherita o una For Four Tomatoes, con cuatro tipos distintos de tomate. También la Rey a la fuga, con paleta ibérica, champiñones y olivas, o la Shuffle Truffle, con base de ricotta, salsa tartufata, setas y escamas de trufa fresca de Molise.

El final dulce convierte la visita en apoteósica. Uno de los postres más visuales es su tarta de limón, que viene coronada con un merengue flambeado de unos 15 centímetros de altura. No falta un tiramisú clásico, profiteroles alla napoletana rellenos de queso fior di latte, ‘Te queso mucho’, su particular y deliciosa tarta de queso, y los helados caseros, que van variando entre sabores como el de pistacho, de vainilla, de nocciola del Piamonte… Lo que decíamos; apoteosis versión gastronómica.

a.
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