Finca La Laja: el único cafetal de Europa está en Gran Canaria

En el Valle de Agaete, Finca La Laja cultiva la cotizada variedad arábica typica, un café exclusivo que se vende a 70 euros el kilo

A menos de una hora de las Palmas, en el noroeste de Gran Canaria, la subida al Valle de Agaete, una extensión de 45 km2, es una sorpresa más del paisaje canario. Los colores que dibujan su postal fluctúan entre el negro volcánico del suelo, el blanco de los pueblos encalados y los diferentes verdes que pintan su flora tropical: mangos, naranjos, plataneros y también el del pino canario que viste el Parque Natural de Tamadaba, reserva de la biosfera.

Nadie diría que en el Valle de Agaete se cultiva un excelente café de especialidad. Foto: Getty Images.

A menos de una hora de las Palmas, en el noroeste de Gran Canaria, la subida al Valle de Agaete, una extensión de 45 km2, es una sorpresa más del paisaje canario. Los colores que dibujan su postal fluctúan entre el negro volcánico del suelo, el blanco de los pueblos encalados y los diferentes verdes que pintan su flora tropical: mangos, naranjos, plataneros y también el del pino canario que viste el Parque Natural de Tamadaba, reserva de la biosfera.

Al llegar a La Finca La Laja el oído se agudiza intentando desentrañar los trinos de los pájaros y la conversación de loros y cacatúas, mientras los ojos deciden por donde empezar el festín ¿Por el rojo cereza de los granos de café que cuelgan de los cafetales? ¿los árboles frutales que explotan de color? ¿la pequeña iglesia que recibe a los visitantes? ¿o quizás la terraza que domina el exuberante valle?

Víctor Lugo Jorge, anfitrión y propietario de Finca la Laja da la bienvenida y explica cómo la plantación del café en el Valle de Agaete data de finales del siglo XIX, tiempo en que la familia de Armas, oriunda de la zona, probó con éxito a plantar café en el Valle. Víctor pertenece ya a una quinta generación de cafeteros y su cafetal se precia de haber sido durante más de doscientos años el único de Europa donde se cultivaba café.  “Ahora hay algunos más en las Islas Canarias pero no tienen la solera del nuestro”puntualiza.

A menos de una hora de las Palmas, en el noroeste de Gran Canaria, la subida al Valle de Agaete, una extensión de 45 km2, es una sorpresa más del paisaje canario. Los colores que dibujan su postal fluctúan entre el negro volcánico del suelo, el blanco de los pueblos encalados y los diferentes verdes que pintan su flora tropical: mangos, naranjos, plataneros y también el del pino canario que viste el Parque Natural de Tamadaba, reserva de la biosfera.
Víctor Lugo Jorge propietario de Finca la Laja muestra orgulloso los granos de café de la variedad Arábica Typica. Foto: Manena Munar.

Arábica typica, la joya de los cafés

El café normalmente crece entre los Trópicos de Cáncer y el de Capricornio, con temperaturas de 20º alturas de 1.600 m; así suceden con los cafetales de Guatemala, Brasil, Kenia… “Sin embargo, el nuestro que se sitúa apenas a 300 m sobre el nivel del mar produce un café excelente gracias a las condiciones climatológicas privilegiadas en el Valle de Agaete, caldeado por el sol y acariciado por los alisios”.  Cuando la icónica variedad arábica typica se había dejado de cultivar prácticamente en todo el mundo por ser proclive a plagas, especialmente al hongo la roya, aquí sobrevivió, explica orgulloso Víctor, “y nosotros la seguimos cultivando y cuidando con el esmero que se merece una la joya de tal categoría. No da mucha fruta pero la calidad es magnífica. Sus aromas son de regaliz, chocolate y toques de azúcar” concluye. La producción anual apenas supera los 1.500 kg.

Hace algo más de 200 años la familia Armas probó a plantar cafetales en las fértiles tierras volcánicas del Valle de Agaete dando lugar a la primera plantación de café de Europa

¿Por qué no se escoge el café?

Durante el recorrido por la finca hay varias paradas. La primera de ellas en el cafetal donde Víctor pela un grano color cereza de ese café arábica typica que se recoge grano a grano y se trata con celo hasta conseguir el café único que testifican su aroma, su tostado natural y su precio de 70 euros el kg. Víctor aprovecha para exponer la poca importancia que se le da en las comidas al café que, al fin y al cabo, suele ser el último sabor con el que se queda el comensal. “Es como si en un restaurante estrella Michelin solo se tuviera una marca de vino. Eso pasa con el café. Nadie pregunta qué tipo de café es, qué marca, si viene de África, de Centroamérica o del Valle de Agaete”.

A menos de una hora de las Palmas, en el noroeste de Gran Canaria, la subida al Valle de Agaete, una extensión de 45 km2, es una sorpresa más del paisaje canario. Los colores que dibujan su postal fluctúan entre el negro volcánico del suelo, el blanco de los pueblos encalados y los diferentes verdes que pintan su flora tropical: mangos, naranjos, plataneros y también el del pino canario que viste el Parque Natural de Tamadaba, reserva de la biosfera.
Fértil tierra volcánica en el Valle de Agaete. Foto: Finca La Laja.

Según este firme defensor del café de especialidad, no hay porque conformarse con un expreso’. Igual que se cata el vino para apreciar cómo es en nariz y en boca, con el café debería pasar lo mismo. “Habría que poder distinguir entre los tipos de arábica, de robusta y saber que nada tiene que ver un café de Colombia con otro de Kenia… ¡Que yo sepa lo que me estoy bebiendo!  Hay que generar una cultura del café”. Poco a poco, reconoce, se va haciendo en establecimientos de Madrid y Barcelona. Y menos mal, suspira el propietario de La Finca La Laja.

Un café que viaja sin tener que exportarlo

Continuando el paseo, se entra en la recoleta Iglesia dedicada a la Virgen del Pino, patrona de Canarias y cuya celebración el 7 de Septiembre es motivo de fiesta en la Finca, como lo son los bautizos y bodas familiares que allí se celebran.

De cuando en cuando Víctor ofrece un mango “en esta temporada otoñal se dan los mangos de agua” aclara. Mangos deliciosos que se deshacen en la boca y, según dicen por aquí, tienen la propiedad de mejorar el humor. 

A menos de una hora de las Palmas, en el noroeste de Gran Canaria, la subida al Valle de Agaete, una extensión de 45 km2, es una sorpresa más del paisaje canario. Los colores que dibujan su postal fluctúan entre el negro volcánico del suelo, el blanco de los pueblos encalados y los diferentes verdes que pintan su flora tropical: mangos, naranjos, plataneros y también el del pino canario que viste el Parque Natural de Tamadaba, reserva de la biosfera.
Recolectando los granos manualmente. Foto: Finca La Laja.

Las naranjas ya están maduras en el árbol y al probarlas explota un genuino y olvidado sabor. Se pasa debajo de las parras enzarzadas en un techo que protegen del sol a los cafetales y dan esa uva tan canaria, listán negro, que tratada de forma artesanal acabará en la bodega Los Berrazales, también dentro de La Finca. Allí la familia Lugo Jorge tiene sus barricas donde producen unos blancos y tintos que llenan la copa de los sabores y aromas del valle. Una bonita foto de la familia al completo protagoniza la bodega. A su lado cuelga otra que testifica la visita de Stephen Hawking a Finca la Laja.

A la pregunta de a dónde se exporta el exclusivo café, Víctor contesta con un gesto irónico “nuestro café viaja a más de 40 países del mundo sin necesidad de exportación. Los propios visitantes a La Finca, unos 80.000 al año, se lo llevan puesto a su país de origen”.

Finca La Laja, escenario de Masterchef

Subiendo a la terraza del ático, Víctor cuenta cómo entre varios candidatos Finca la Laja fue elegida por Masterchef para grabar allí un programa de su octava edición en pleno confinamiento (se emitió el 8 de junio). Parte de la elección supuso un homenaje a los municipios que sufrieron el incendio de 2019 situados en Las Montañas Sagradas de Gran Canaria, patrimonio de la UNESCO, entre las que se encuentra Agaete

A menos de una hora de las Palmas, en el noroeste de Gran Canaria, la subida al Valle de Agaete, una extensión de 45 km2, es una sorpresa más del paisaje canario. Los colores que dibujan su postal fluctúan entre el negro volcánico del suelo, el blanco de los pueblos encalados y los diferentes verdes que pintan su flora tropical: mangos, naranjos, plataneros y también el del pino canario que viste el Parque Natural de Tamadaba, reserva de la biosfera.
Vistas del Barranco de Guayedra en el Valle de Agaete. Foto: Finca La Laja.

“Tuvo algo de simbólico. Realmente, la decisión a favor de nuestros cafetales se debió a la ubicación perfecta para su programa” especifica Víctor. No es de extrañar. Desde la enorme terraza se divisa la belleza del valle y al Paraje Natural del Barranco de Guayedra, pueblos moteados entre palmeras, aguacateros y guayabos. Sobresalen en la panorámica las casonas románticas que aún albergan balnearios -que no spas- pues, como bien matiza Víctor “en los balnearios el agua brota del manantial mientras que en el spa son aguas tratadas”.

Los secretos de un buen café

El punto álgido de la visita llega cuando Víctor muele el café y lo vierte en una cafetera para después, con mucha parsimonia y mimo, ir derramando el agua, mientras comparte con sus oyentes lsus cinco imprescindibles para obtener un buen café: “que sea arábica, pues es más aromático, agradable en boca y bajo en cafeína. Por supuesto natural y siempre en grano. Hay que molerlo al tiempo que se va a tomar, de lo contrario pierde el 60% de su aroma. Y, como último consejo, os diré que se conserva mucho mejor en la nevera”. Dicho esto sirve un café que acaricia el paladar (y justifica su precio).

A menos de una hora de las Palmas, en el noroeste de Gran Canaria, la subida al Valle de Agaete, una extensión de 45 km2, es una sorpresa más del paisaje canario. Los colores que dibujan su postal fluctúan entre el negro volcánico del suelo, el blanco de los pueblos encalados y los diferentes verdes que pintan su flora tropical: mangos, naranjos, plataneros y también el del pino canario que viste el Parque Natural de Tamadaba, reserva de la biosfera.
Secretos del buen café. Foto: Finca La Laja.

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