Pasteles que son obras de arte: la repostería de Kioto llega a los museos

Mucho más que un alimento, Kyogashi, la repostería tradicional de Kioto, es una obra de arte que da pena comerse

“Dicen que el cuerpo humano pierde 21 gramos cuando morimos. El peso de un puñado de monedas, de un colibrí, de una chocolatina… o quizá el del alma humana” elucubraba el personaje interpretado por Sean Penn en la película 21 gramos (2003) de Alejando González Iñárritu. En unos pocos gramos más, alrededor de 50, se condensa el alma de la ciudad imperial de Kioto, concretamente en un Kyogashi, los pasteles autóctonos que son tan hermosos como ricos.

Con siglos de historia y tradición, la repostería artesana de la capital imperial salta a los museos en una exposición única, Naturaleza Zen en la palma de la mano, que pone el acento el budismo Zen y en la ceremonia del té, dos aspectos fundamentales de la cultura nipona de las que son protagonistas estas pequeñas delicias.

‘Kyogashi’

Kyogashi, literalmente ‘dulces de Kioto’, son mucho más que pasteles. En primer lugar, porque se aprecian a través de los ojos, los oídos y el paladar. A la vista, destacan los exquisitos motivos que representan las distintas estaciones con formas, y colores que inspiran los sentidos. También reflejan su universo artístico con forman abstractas y sofisticadas en piezas, de no más de 50 gramos, que cuentan historias y sorprenden por su nivel de detalle.

Delicadeza, creatividad y arte en los Kyogashi. Foto Turismo de Kioto.
Delicadeza, creatividad y arte en los Kyogashi. Foto Turismo de Kioto.

Elaborados con pocas herramientas pero grandes dosis de habilidad y oficio, los pasteles incluyen ingredientes que juegan con los equilibrios de sabores y los productos de temporada.

Desde la época imperial se han considerado parte fundamental de la ceremonia del té o chanoyu, pero también una potente herramienta de comunicación artística, donde la creatividad se pone de manifiesto en intrincados detalles y adornos para dar lugar, no sin una elevada dificultad técnica, a piezas hermosas y minimalistas que aúnan arte y gastronomía. Cada uno, además, recibe su propio nombre -por supuesto, elegante y figurativo- que alude a la historia y la cultura de Japón, que también se reflejan en características de la forma o el color.

El dulce de la corte imperial

Derivados de los Karagashi (dulces chinos) traídos por el enviado japonés a China en el siglo VIII, y luego de los Wagashi (dulces japoneses), los Kyogashi se desarrollaron de finales del siglo VIII al siglo XII para ser ofrecidos en los rituales de la corte. Los Yusukugashi (dulces nobles) se hicieron populares a medida que la ceremonia del té se extendió a toda la población. Manteniendo el estilo sofisticado distintivo de Kioto, sus hermosas formas y tonalidades, se desarrollaron estas obras de artesanía comestibles que han llegado a nuestros días.

Expo ‘Naturaleza Zen en la palma de la mano’. Foto Turismo de Kioto.

Hoy se pueden encontrar Namagashi -dulces frescos-, Higashi -dulces secos-, Mochigashi (dulces de pastel de arroz), Mushigashi (dulces al vapor), Manju (dulces de dumpling) o Yokan (gelatina) entre otros.

Confitería y ceremonia del té

La literatura tradicional, especialmente la poesía waka y sus temáticas ligadas al costumbrismo y a la naturaleza niponas, han jugado un papel importante en la creación de temas y aspectos visuales para estas pequeñas obras de arte, que suelen servirse con Koicha (té verde matcha espeso).

En su sexta edición, la exposición ofrece una nueva mirada sobre la influencia del Zen en la sensibilidad y la estética de los japoneses, y cómo esta filosofía ha modelado aspectos de la cultura del país, teniendo como ejemplos la ceremonia del té y el kyogashi

Un total de 50 creaciones, seleccionados en un certamen previo a la muestra y con nombres tan evocadores como Corazón en calma, Gotas, El sonido del bambú, Jardín de Luna o Tarde de verano se exponen en un total de cuatro puntos de Kioto: el prestigioso centro de estudios japoneses Kodokan, la espectacular Villa Mitsui Shimogamo, reconvertida hoy en museo, los Jardines Imperiales de Kioto y el centro comercial Isetan.

Para la exposición se han escogido 50 creaciones de Kyogashi. Foto Turismo de Kioto.

En los dos primeros, además, los visitantes pueden disfrutar de la tradición del Kyogashi probando una selección de dulces con té matcha para descubrir la magia, los colores y sabores representados en la muestra.

Naturaleza Zen en la palma de la mano estará abierta al público hasta el 15 de noviembre, y también se puede explorar a través de una visita virtual a la sección de la exposición instalada en el centro de estudios culturales de Japón Kodokan, disponible en la web del evento.

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