La Gavina: la mayor leyenda de la Costa Brava

Una oportunidad para darse un gran homenaje en una fusión de lujo para los sentidos entre gastronomía, glamour y arte en estado puro

El Hostal de La Gavina, con un nombre que suena a mito, se encuentra en el corazón de Costa Brava, envuelto por el Mediterráneo e integrado suavemente en un entorno donde los aromas de los pinos y las buganvillas perfuman el ambiente. En una pequeña península confluyen, en su extremo, dos vientos —Tramuntana y Garbí— y dos bahías, san Pol y Sa Conca, con su playa de arena cada una.

El Hostal de La Gavina, con un nombre que suena a mito, se encuentra en el corazón de Costa Brava, envuelto por el Mediterráneo e integrado suavemente en un entorno donde los aromas de los pinos y las buganvillas perfuman el ambiente. En una pequeña península confluyen, en su extremo, dos vientos —Tramuntana y Garbí— y dos bahías, san Pol y Sa Conca, con su playa de arena cada una.

La Gavina es el único Resort Grand Luxe de cinco estrellas que hay en Cataluña y está asociado al exclusivo grupo The Leading Hotels of the World. Esto significa garantía de distición, señorío y elegancia. Y así es. Por mucho que se busque no se va a encontrar en España —y va a ser difícil en Europa— un lugar que reúna todos los ingredientes para darse un merecido homenaje en él.

Un emprendedor visionario

Este ícono turístico se gestó cuando Josep Ensesa, un emprendedor de Girona, cobró una deuda harinera —su especialidad— de un cliente que le ofreció hacerlo en especies en un lugar que llamaría S’Agaró. El nombre corresponde al arroyo que por allí discurría.

 Vestíbulo de La Gavina. Foto: Silvia Brenes
Vestíbulo de La Gavina. Foto: Silvia Brenes​

Esta propiedad incluía una península —un lugar de belleza salvaje en la que solo había cabras, algún pescador, los campos y las playas próximas—. Todo ello, situado entre Sant Feliu de Guíxols y Castell d’Aro. 

[Para leer más: Así es como Notre-Dame resurgirá de las cenizas]

Ensesa compró las fincas circundantes y comenzó a invertir en un gran proyecto (casi de visionario) en esa pequeña península donde hoy se levanta La Gavina. Allí también circunda un bellísimo Camí de Ronda, obra del propio Ensesa, sobre un camino abrupto previo para controlar el contrabando.

Trajeron agua potable y electricidad desde Sant Feliú de Guíxols y S’Agaró, y el proyecto comenzó a tomar forma. En paralelo, crecería el número de visitantes de calidad a partir de un primer crucero de Trasmediterránea.

Sala de la chimenea en La Gavina. Foto: La Gavina 
Sala de la chimenea en La Gavina. Foto: La Gavina

La Gavina empieza a tomar forma

Era 1924 y Ensesa construyó su casa, la “Senya Blanca” origen de La Gavina, con diseño del discípulo de Gaudí Rafael Massó. En ese momento se iba gestando el proyecto de levantar un conjunto de torres en una especie de ciudad jardín para promover los baños de agua salada en las vecinas playas, tal y como se hacía en la Costa Azul o en la Riviera italiana. Tambien, en menor medida se hacía en San Sebastián y en Santander, pero en ningún otro lugar más en España.

A las torres les siguieron unas coloridas casetas en la playa y un merendero, convertido hoy en el exclusivo restaurante, la Taverna del Mar —también vinculado a La Gavina—. Los arquitectos Florensa y Folguera fueron los encargados de diseñar 30 casas. Y así nació S’Agaró, uno de los más exclusivos lugares para veranear en el centro de lo que a principios del siglo XX el poeta Agulló bautizaría como Costa Brava.

Llega el glamour y la leyenda

En 1932, Josep Ensesa inauguró La Gavina, un hostal con 11 habitaciones y un restaurante que, a pesar de convertirse con el paso del tiempo en un exclusivo Resort Grand Luxe de cinco estrellas, conservaría hasta hoy su apelativo como hostal.

/uploads/s1/10/97/61/33/info2.png

 

Tras la Guerra Civil, el conjunto creció y se convirtió en un centro de peregrinación de la distinción, como explica Josep Pla en su Guía de la Costa Brava: «el S’Agaró de Ensesa es una lección de buen gusto y un ejemplo de orden puesto al servicio de la dignificación del país», un «orden humano perfecto».

Este buen gusto de los 40 fue convenientemente aderezado en los años 50 por el glamour y la magia de Hollywood, que lo convirtió en plató y en un exclusivo centro de pregrinación de mitos de las artes escénicas como Elisabeth Taylor, Ava Gardner (acompañada de un celoso Sinatra), Orson Welles, Claudia Cardinale, Peter Sellers, Bogarth y Bacall y Sean Connery, entre muchos —sin olvidar a Chaplin o Meel Broks—.

Unas cosas seguirían a las otras, y a los actores se les sumaron los escritores, primero fue Josep Pla que vivía en la 113, pero después llegaron los Octavio Paz, Hemingway, Cela y Gordon, y los cineastas, y los músicos, y los Premios Nobel y los políticos, junto a reyes como los del Reino Unido, España y Bélgica, por ejemplo.

La piscina de agua de mar. Foto: La Gavina
La piscina de agua de mar. Foto: La Gavina​

Y lo que empezó en los 50, creció en los 60, evolucionó en los 70 y se multiplicó hasta la madurez de nuestros días. Tiene más de 16 películas y series de televisión filmadas, entre muchas: «El jardinero español», «Los viajes de Gulliver», «Simbad y la princesa», «Ella dice sí», «Nicolás y Alejandra”

Hotel plató: grandes películas y muy grandes actores

Un mito de La Gavina es «Pandora y el holandés errante» (1951), en cuyo rodaje Ava Gardner y Mario Cabré, que tenían un romance, fue interrumpido bruscamente por una bofetada a Ava en el bar de La Gavina a cargo de un airado Frank Sinatra (aún casado, por cierto) y desplazado expresamente a S’Agaró desde Nueva York, en cuanto le explicaron el tema. 

[Para leer más: El norte también existe, y para San Juan aún más]

Orson Welles, vivió, dirigió y protagonizó en La Gavina el rodaje de su «Mr. Arkadin» (1955). Un revuelo sin precedentes lo causó la chica de los ojos violetas, Elisabeth Taylor cuando subió de la piscina con el bañador empapado y se durmió sobre una colcha que valía más que su nómina en «De repente el último verano» (1959), que rodaba con Montgomery Clift

Y después vendrían Nicolás y Alejandra (1971), de Franklin Schaffner y más recientemente “Hache» de Netflix, «The Promise» de Terry George. De manera que no es nada extraño que cualquier huesped pueda cruzarse tranquilamente con Bono y sus U2, o Lady Gaga tomando un baño en la piscina. O coincidir en uno de sus bares o de sus cinco centros gastronómicos de elite con Shakira, Charlotte Le Bon o Carlos Santana, que prácticamente vive en S’agaró.

INFO1         

La obsesión permanente por el arte

La Gavina, declarada «Bien Cultural de Interés Nacional», es un establecimiento de lujo que actualmente no tiene rival en su categoría. El hostal ofrece los grandes servicios de un resort de exclusivo: cinco ámbitos gastronómicos mayores y dos menores, Jornadas Gastronómicas internacionales, organización de eventos, jardines de gran superficie, club de tenis, club de pádel, piscina con agua de mar y vistas a la playa de Sant Pol.

Y un spa con masajes y terapias sensoriales y de belleza con los tratamientos de la veneciana firma Valmont, además de organizar cualquier actividad vacacional de alto nivel. Y sobretodo mantener un entorno de arte que lo envuelva todo.

El arte es uno de los late motiv del proyecto Ensesa, lo fue en la fundación del centro y lo sigue siendo ahora en que sus estancias están decoradas con tapices flamencos, lámparas de cristal de Bohemia y Murano, boisseries francesas, tallas románicas, bargueños del XII, incluso un busto de Madame Pompadour, jarrones de Sévres, óleos de Grau Sala, o la Venus de S’Agaró de Joan Rebull que preside la piscina de agua salada.

Blue Bar de La Gavina. Foto: La Gavina
Blue Bar de La Gavina. Foto: La Gavina​

Sus 74 habitaciones y 22 suites son todas distintas, tanto por su distribución como por la decoración con objetos de arte y antigüedades de diferentes estilos con numerosas piezas propias de museo. La familia Ensesa ha ido adquiriendolas a lo largo de cuatro generaciones durante multitud de viajes. El vestíbulo de por sí ya es un auténtico museo en donde no falta ninguna pieza preciada de arte suntuario —desde mosaicos y jarrones hasta mobiliario, tapizados y maderas nobles, etc—.

Restauración de extrema calidad y abierta al exterior

La Gavina está apostando fuerte por tener la mejor restauración de toda la Costa Brava y para tal misión ha encomendado sus fogones de cinco espacios distintos (Candelight, Garbí, El Barco, Villa d’Este y la anexa Taverna del Mar, además de la terraza Gavina y el Blue Bar) a uno de los chefs del momento, Romain Fornell. Éste fue el más joven cocinero en conseguir una estrella Michelin y el mismo que obtuvo una en Francia y otra en España al mismo tiempo.

Fornell dirige también el restaurant Caelis en Barcelona (con una estrella Michelin), el legendario Casa Leopoldo, el Café Turó y Casa Tejada, entre otros. En Sa’Agaró, Romain ha desarrollado en estos cinco años unas cartas excepcionales junto con otras iniciativas importantes que situan a La Gavina en el olimpo de la oferta gastronómica. Y lo ha hecho con la colaboración de grandes profesionales como Lluís Planas que firma La Taverna del Mar.

INFO3         

En este sentido, este extraño curso, a pesar de todo, no ha podido impedir que se celebren las Jornadas Gastronómicas de La Gavina con el Festival Candlelight, un clásico ya para aficionados, fieles repetidores y personajes del mundo de la gastronomía. Cuenta con la presencia de Rafa Peña, del Gresca, Albert Adrià, y Paolo Casagrande del tres estrellas Lasarte de Martín Berasategui.

En las anteriores ediciones participaron Nandu Jubany y David Romero (del Solc en el Majestic Spa & Hotel de Barcelona) y Michel Sarran y Bernard Bach, además de Albert Adrià que repite por tercer año consecutivo y cuyo brunch en la zona de la piscina ya se ha convertido en una cita emblemática.

Los que están detrás del éxito

La familia Ensesa que sigue cultivando este amor por el arte, sigue siendo la propietaria en cuarta generación y está formada por cuatro hermanos: Julia, Carina, Virginia y Josep —omnipresentes en el resort— y que hace poco años confiaron el presente y el futuro de la gestión diaria de un hostal que abre desde primavera hasta el otoño a Alberto Depau. Éste es un experto en puestos de responsabilidad similar en establecimientos de lujo, también exclusivos, como los hoteles Arts, Fairmont y Juan Carlos I de Barcelona. 

/uploads/s1/10/97/63/97/info-4.png

 

Este joven directivo tiene la misma edad que llevan algunos de los empleados más veteranos (hasta cien durante el verano) y está empeñado en mantener la relación legendaria de afecto cliente-servicio, unos profesionales muy comprometidos con la firma, por incrementar la clientela repetidora (normalmente el 60%, el 53% en los peores momentos). También se empeña en abrir las instalaciones a personas cada vez más jóvenes, recuperar mercados clásicos como el británico, el alemán o el local (actualmente el más importante es el norteamericano), y ampliar las ofertas y la temporada. En este sentido yo aconsejaría darse un homenaje.

a.
Ahora en portada