Homenaje a los sabores de toda la vida con un toque sofisticado

Bodega Pasaje 1986 homenajea a la cocina tradicional en un ambiente que recuerda a los restaurantes de barrio

“El problema es que no se decir que no”. Así explica Xavi Alba, gestor de grupo El Barri, de Albert Adriá, la razón de su nueva aventura gastronómica: Bodega Pasaje 1986.

A este restaurante (en Gran Vía 162-164, local 32, Barcelona) no se llega por casualidad, como esos establecimientos de decoración moderna y vanguardista que seducen antes por los ojos que por el menú.

Una sorpresa en un barrio periférico

El local se encuentra al fondo en una galería anodina del barrio La Campana, no muy lejos de la frontera de Barcelona con L’Hospitalet, zona de grandes bloques de viviendas y comercios de tradicional sencillez.

Vista de Bodega Pasaje 1986. Foto: JP Chuet-Missé
Vista de Bodega Pasaje 1986. Foto: JP Chuet-Missé

Y sin embargo tiene casi todas sus mesas llenas.

A pesar de estar lejos del circuito de restaurantes de renombre, Bodega Pasaje 1986 tiene su aforo casi lleno. Y eso que lleva pocas semanas de vida

Aunque sea viernes o sábado a la noche, muchos restaurante de Barcelona (y de España, vamos) sobreviven como pueden entre las limitaciones de aforo y la desaparición del turismo.

En cambio en sus cinco semanas de vida la Bodega no da abasto. Y eso que tiene capacidad para 55 comensales (el día que se levanten las restricciones, podrá atender a 148 personas).

Ensaladilla rusa. Foto: JP Chuet-Missé
Ensaladilla rusa. Foto: JP Chuet-Missé

El nuevo desafío

Mientras los restaurantes de El Barri, como el Tickets, Enigma o Santa Paka mantienen el botón de pausa, Alba con su socio Emilio Ballester aprovecharon para rehabilitar un mesón gallego con un par de generaciones de historia.

Alba diseñó un menú de tapas, raciones y platos que con las manos del chef Patrick Picarín homenajea a la cocina tradicional, esa de toda la vida pero con una interesante relectura de presentaciones y sabores.

Tomate de Barbastro con cebolla y piparra. Foto: JP Chuet-Missé
Tomate de Barbastro con cebolla y piparra. Foto: JP Chuet-Missé

Aire de bar de pueblo

La decoración es sencilla, con mesas pequeñas de mármol y sillas de madera, lámparas esféricas blancas, mosaicos hidráulicos y espejos rotulados.

De casualidad Alba encontró un anuncio del antiguo restaurante, con el menú de día a 1.000 pesetas, que lo enmarcó para homenajear a la historia del lugar.

Mejillones de Bouchón. Foto: JP Chuet-Missé
Mejillones de Bouchón. Foto: JP Chuet-Missé

Aunque Alba se reconozca como un renegado de las redes sociales, su llegada entre los círculos gastronómicos llevaron a que la Bodega tenga una clientela que oscila de los vecinos de los barrios La Magória-La Campana, La Marina o Santa Eulaia, ya en L’Hospitalet; así como de otros puntos de Barcelona que quieren conocer su nueva etapa.

Entre tapas y raciones

En este ambiente de bodegón cercano e informal, la propuesta no falla. Las raciones fueron encabezadas por los chicharrones al estilo Casa Manteca con ralladura de limón, una ensaladilla rusa con los ingredientes en proporciones justas y rodajas de ‘tomate feo’ de Barbastro, un injusto nombre para una fruta caratulada como verdura de sabor bien fresco, con láminas de piparra y cebolla; y la patata hervida con judías.

Los mejillones de Bouchot, pequeños, tenían un gusto concentrado que por suerte estaba muy lejos de aquellos bivalvos de textura arenosa.

Calamar rellena de carrillera y estofado de aleta de raya al ‘all cremat’. Foto: JP Chuet-Missé
Calamar rellena de carrillera y estofado de aleta de raya al ‘all cremat’. Foto: JP Chuet-Missé

Mar y montaña

Ya en los platos, la combinación de mar y montaña de los calamares rellenos de carrillera de ternera eran una muestra de cómo los ingredientes tradicionales se pueden combinar en preparaciones innovadoras.

El plato fuerte, la tierna carne de Waygu, es una de las preparaciones a la brasa que se elaboran en un horno Josper

La misma tónica se presentó con el estofado de aleta de raya al ‘all cremat’, un pescado de una gran suavidad que rinde honor a una tradicional receta marinera.

Carne de Waygu con guarniciones. Foto: JP Chuet-Missé
Carne de Waygu con guarniciones. Foto: JP Chuet-Missé

La cumbre, en este caso, fue la tierna carne de lomo alto de Waygu, acompañado de pimientos del piquillo cortado en láminas finas, patatas Monalisa y cogollos de lechuga.

Más brasas

Cocinado en un horno Josper, aquí también se preparan otros platos fuertes como la entrama de ternera con patata panadera o el impactante chuletón con cogollo braseado, un plato al que hay que animarse en otra ocasión si es que uno se entretuvo con tapas y raciones.

Tarta de queso payoyo y frescas y melocotones con vermú y helado de naranja sanguina con Campari. Foto: JP Chuet-Missé
Tarta de queso payoyo y frescas y melocotones con vermú y helado de naranja sanguina con Campari. Foto: JP Chuet-Missé

De postre, la tarta de queso payoyo aportó un suave cierre junto con las frescas y  melocotones con vermú y helado de naranja sanguina con Campari.

Una bodega bien variada, un ambiente tranquilo lejos de sofisticaciones y una atención correcta y sin postureos permiten que Bodega Pasaje 1986 construya una identidad de barrio con bienvenidos toques delicatessen.

a.
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