Helena Rivero: una dama entre el arte y el vino

Bodegas Tradición recupera la esencia de sus preciados vinos jerez mientras su pinacoteca celebra la pintura española

El vino de Jerez llegó a ser, junto al champagne, el rey de las bodegas. De las vides traídas por los fenicios y criadas en lo que hoy se llama el Marco de Jerez, salía vino ya en la baja Edad Media hacia Inglaterra, Flandes, Francia y Génova. El jerez viajó en las bodegas de la nao Victoria en lo que sería la primera circunnavegación marítima de la Tierra, sus botas fueron saqueadas por Francis Drake y en el siglo XIX alcanzaba los precios más altos del mercado mundial. Incluso se siguió exportando a los EEUU durante la ley seca para uso ‘medicinal y religioso’.

Luego vendrían las sombras. Y no solo por la plaga de la filoxera. “El vino de Jerez tuvo años de abandono. Como bien diría mi padre se necesitan tres o cuatro generaciones para hacer un buen vino y cinco años para destrozarlo si no se cuida con esmero, se embotella más rápido de lo necesario y no se le da el mucho tiempo de descanso en la bota que este vino especial pide a gritos”. Lo cuenta Helena Rivero, al frente de Bodegas Tradición, pionera en la elaboración de VOS (Vinos de más de 20 años de vejez calificada y calidad excepcional) y VORS (vinos con más de 30 años).

Bodegas Tradición

Nos encontramos con ella en el restaurante Mantua que se alza en la plaza de Aladro 7, bisagra entre el casco antiguo de Jerez de la Frontera y la zona nueva, de los años sesenta. Una mujer joven, vestida con vaqueros y camisa, de serena sonrisa y mirada cálida nos da la bienvenida y se sienta a la mesa para compartir el menú degustación creado por el chef Israel Ramos que irá maridado de principio a fin con los vinos exclusivos de las Bodegas Tradición.

Helena Rivero. Foto Bodegas Tradición.

Disfrutando del jugo de molusco de aperitivo, Helena desgrana su historia con sencillez y sabiduría. “Cuando mi padre barajó la idea de regresar a sus orígenes bodegueros que se remontan a la bodega CZ (iniciales del fundador de la bodega, Diego Cabeza de Aranda y Zarco), del siglo XVII y proveedora oficial de la casa Real Británica, entre otros méritos, le dijeron que se olvidara, que el vino de Jerez estaba muerto”.

«Cuando mi padre barajó la idea de regresar a sus orígenes bodegueros le dijeron que se olvidara, que el vino de Jerez estaba muerto»

Helena Rivero

Era 1998 y la bodega fundada en 1650 -renombrada Rivero CZ en 1791- se había vendido en 1978 a Grupo Carbonell. Joaquín Rivero, en su afán por recuperar la vinculación histórica de su familia con el vino, adquirió un antiguo casco en pleno centro histórico de Jerez. “Comenzó lo que sería el camino al revés. Recuperó soleras importantes de Jerez que habían tenido su vida en bodega. Una media de 20-23 y hasta de 30 años en barrica que se irá reponiendo con vino nuevo, siguiendo el proceso a la antigua, como se hacía antes. Caldos naturales hechos a base de mimo y del paso del tiempo”.

Se trata de una crianza, continúa, “opuesta al resto de los vinos, que le hace único y que solo se da en tierra jerezana, salvando el vino de Oporto. La uva joven le da energía a la añeja, y ésta le presta su elegancia y sabiduría. Igual que pasa con las personas”, finaliza Helena Rivero recordando a su padre, en su día presidente de Metrovacesa.

El mejor de los maridajes

A la mesa sale el buñuelo de ortiguillas con alioli de manzanilla que lleva la esencia del mar en su bocado. Le acompaña el oloroso suave, rotundo, del que Helena comenta “se puede beber a cualquier hora del día, es un vino muy completo. El fino es más versátil y conocido y los dulces tienen su momento; son como el té inglés que se reserva para una hora especial del día. A mi me encanta tomarlo con queso fuerte a las siete de la tarde y con cuidadito, pues entra muy fácil”.

El fino es el vino de la bodega del que se Helena Rivero se siente más orgullosa. Foto: Bodegas Tradición.

Mientras saboreamos el lenguado pochado en grasa de vaca vieja madurada 300 días y a la pregunta de qué vino está más orgullosa Helena responde “Quizás del fino, pues es el que más trabajo da y hemos conseguido un producto diferenciador. Un fino como el nuestro es francamente difícil. Lo he seguido desde el primer día siendo testigo de toda su vida”.

La comida termina con la agradable sensación de haber saboreado un menú exquisito acompañado por un Fino Tradición de 8 años, el Palo Cortado de 37, un Amontillado de 36, un Pedro Ximénez de 23 y el Cream de 25 añitos, mientras que el Oloroso ya cumple los 42. Vinos con solera que acarician el paladar, suaves, aromáticos y apropiados para cada bocado.

Exclusividad y buen hacer

Las Bodegas Tradición solo crean vinos cualificados. Joaquín Rivero comenzó con 500 botellas de oloroso y amontillado y fue pionero en las categorías VOS y VORS (reconocidas oficialmente en el año 2000). Hacen trabajo de bodega y la uva se compra seleccionando cuidadosamente los viñedos, aunque planean en un futuro cercano hacerse con sus propias viñas.

Bodegas Tradición presume además de ser de las más antigua de Jerez con un archivo documental que data del siglo XVII como cuenta con orgullo Manolo Marín, el encargado de los documentos. Nos habla del importante paso de los almacenistas a bodegueros y de cómo, cada vez que investiga esos archivos rotulados con la caligrafía impecable de los escribientes de entonces, se encuentra con alguna nueva sorpresa de la ciudad fronteriza.

Los secretos del Jerez. Foto Manena Munar.
Los secretos del Jerez. Foto: Manena Munar.

“El documento más antiguo marca la fecha de 1679. Las cartas y pedidos tardaban tanto en llegar que se hacía copia del texto y al contestarla se mencionaba la fecha de la carta recibida” dice.

“Mi padre empezó a invertir en arte pensando que para mi madre y para mi sería un legado más manejable que el de la bodega, un seguro para la familia, un valor que no fuera fácilmente liquidable”

Elena Rivero

El archivo está lleno de estanterías donde los documentos encarpetados en cartón que cierra el cáñamo guardan la historia de Jerez de la Frontera y la de aquel vasto mundo, de Londres a Manila pasando por Rusia, China o Cuba que compraba en la lejana bodega ese vino de Jerez preparado para la navegación y destinado a llenar las copas del Zar, de los caballeros en los clubes londinenses o las de las veladas tropicales de Manila.

Al frente de la bodega desde 2016, a Helena le brillan los ojos al traspasar ese túnel del tiempo mientras narra anécdotas: “El Zar de Rusia mandaba su propia botella de cristal que era lisa por debajo, sin la habitual oquedad de las botellas, pues temía que al servirle su sumiller particular escondiera en ella el anillo que pudiera contener veneno”.

Archivo histórico de Bodegas Tradición. Foto Manena Munar.
Archivo histórico de Bodegas Tradición. Foto: Manena Munar.

Le siguen otra anécdota y otra más y su pasión se enciende. Puede pasar horas mirando los pedidos de siglos pasados que, además, servían como noticiarios ya que, al tiempo que hacía el pedido, el comprador relataba los acontecimientos de su país.

De sorpresa en sorpresa

En la visita a Bodegas Tradición, las sorpresas están servidas a cada paso. En una bota de roble, dibujando con tiza, el joven Eduardo explica el proceso de los añejos caldos con claridad diáfana. Después, una exposición fotográfica revela evocadoras fotos en blanco en negro, pero también imágenes actuales; la última, de Pio Cabanillas.

Helena retoma la palabra cuando llega el momento de acceder a una pinacoteca que corta la respiración. “Mi padre empezó a invertir en arte pensando que para mi madre y para mi sería un legado más manejable que el de la bodega, un seguro para la familia, un valor que no fuera fácilmente liquidable”.

“Empezó adquiriendo piezas a su gusto y fue haciéndose cada día más experto, aprendiendo a comprar, algo nada fácil en el mundo del arte”. Se especializó en pintura exclusivamente pintura española y su evolución a través del tiempo, desde el siglo XIV, cuando se pasa de la talla a la pintura, hasta el XIX.

Pinacoteca de Bodegas Tradición. Foto Manena Munar.
Pinacoteca de Bodegas Tradición. Foto: Manena Munar.

“Es una colección muy buscada, pensada y comprada ‘cuando te dejan’” matiza Helena, recalcando que, a día de hoy, tanto bodega como pinacoteca guardan en su corazón un lugar preferente. De los 300 cuadros con que cuentan, sesenta se van alternando en la bodega y el resto están en una zona habilitada de la casa familiar.

A sorbos de Brandy

La impresión va in crescendo cuando tras contemplar unos platos de cerámica de un joven Picasso, se pasa a la galería abovedada donde esperan un espectacular San Francisco de Asís del Greco, obras de Murillo, Romero de Torres y su mujer morena, un Velázquez, Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma pintados por Francisco de Goya, un Zurbarán…  

Helena nos ofrece para la ocasión un Brandy Tradición Platinum Solera Gran Reserva de 50 años, mientras explica la colección con la elegancia y el saber que le caracterizan. “Estaba gestionando una galería de arte cuando en 2004 comencé a trabajar con mi padre catalogando la colección ¡Qué maravilla! Recuerdo esos años con tanto cariño. Empecé a vivir otro mundo, viendo obras excepcionales, conociendo a los artistas y disfrutando de estar con mi padre a quien acompañaba cuando compraba las obras, hasta que en un momento determinado decidimos incluir parte de la colección en la bodega”.

Recuerda el primer cuadro que compraron juntos y al que tiene especial cariño, “un Diógenes de Miguel March, pintor valenciano barroco del siglo XVII”. Al preguntarle sobre la forma de catalogar la colección explica “Al ser una colección viva no hay un catalogo concreto pero sí nos sirve de plataforma nuestra revista Arsmagazin”.

La jornada termina bebiendo alguna otra copita del más excepcional de los vinos de Jerez bajo la parra del histórico edificio de Rincón Malillo que acoge a las Bodegas Tradición.

a.
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