Bodega Montoro o cómo construir una bodega exclusiva en torno a una uva diferente

En la isla de la Gomera, la uva forastera gomera es la auténtica razón de ser de Bodega Montoro y sus vinos de calidad

Para presentar a la Bodega Montoro y a sus propietarios debemos hacer hincapié en cómo muchas veces de lo difícil, de la adversidad, nace la excelencia. Teniendo en cuenta que a La Gomera se le ha comparado con un exprimidor de limones dada su redondez y la sinuosidad de su orografía en que los barrancos protagonizan desde la agricultura y la ganadería hasta su forma de comunicarse –el famoso silbo gomero, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco-, la isla ha logrado extraer lo mejor de sí misma. 

El valle de Hermigua goza, dicen aquí, del mejor clima del mundo. No es una afirmación que extrañe, cuando se observa cómo escalonadamente crecen todo tipo de frutas, especialmente el aplaudido plátano canario y hortalizas que saben a lo que son (de verdad). En el pueblo homónimo, coloridas casas se deslizan por la pendiente formando una bella postal que se puede contemplar tranquilamente sentados en la Dulcería Carmita, disfrutando de sus galletas de mantequilla, antes de echar un vistazo al Hotel Escuela Rural Casa Los Herrera, de aspecto colonial, con rincones para perderse y habitaciones que invitan a saborear otro tipo de vida. Por allí se pasean los estudiantes que ocupan parte de la casa en su aprendizaje de hostelería.  

De la adversidad nace la excelencia  

Para presentar a la Bodega Montoro y a sus propietarios debemos hacer hincapié en cómo muchas veces de lo difícil, de la adversidad, nace la excelencia. Teniendo en cuenta que a La Gomera se le ha comparado con un exprimidor de limones dada su redondez y la sinuosidad de su orografía en que los barrancos protagonizan desde la agricultura y la ganadería hasta su forma de comunicarse –el famoso silbo gomero, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco-, la isla ha logrado extraer lo mejor de sí misma. 

Para presentar a la Bodega Montoro y a sus propietarios debemos hacer hincapié en cómo muchas veces de lo difícil, de la adversidad, nace la excelencia. Teniendo en cuenta que a La Gomera se le ha comparado con un exprimidor de limones dada su redondez y la sinuosidad de su orografía en que los barrancos protagonizan desde la agricultura y la ganadería hasta su forma de comunicarse –el famoso silbo gomero, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco-, la isla ha logrado extraer lo mejor de sí misma. 
Viñedos de Bodega Montoro. Foto: Bodega Montoro.

Es el caso, entre otros, de Bodega Montero. Los hermanos Alejandro y Mario Rodríguez son sus propietarios, con una tradición vinatera que se remonta al año 1951, cuando su abuelo José Rodríguez compró los viñedos. “Mi abuelo venía cada día andando a la ladera donde crecen las viñas, a una altitud de 400-500 metros. Entonces no había carreteras y la única forma de llegar era caminando o en burro desde Hermigua, el pueblo más cercano, o incluso desde San Sebastián, la capital de la isla”, cuenta Mario.  

«Defendemos la uva forastera gomera a muerte»

Alejandro Rodríguez

Don José cuidaba los viñedos plantados en bancales, hacía el mosto, lo cargaba en el burro y lo bajaba a destilar a Hermigua, ya que entonces no disponía de bodega propia. “Mi padre aumentó la producción y mi hermano y yo buscamos seguir con esta hermosa pero nada fácil forma de vida”, continúa el bodeguero. Consiguen no solo que sea rentable, sino que sus vinos blancos, elaborados con la variedad forastera gomera, destaquen por su calidad.  

“Incluso, aunque tenemos nuestra propia uva, compramos a otros viticultores de la isla para animarles a seguir cultivando la viña en esta variedad tan especial”.  

Viticultura de riesgo 

De profesión arqueólogo, Alejandro tras unos años trabajando en diferentes yacimientos en las Islas Canarias y la península, especialmente en Alcoy, decidió regresar a casa y ejercer de enólogo de las bodegas. Su objetivo era conseguir un vino extraordinario cuya estrella fuera la uva forastera gomera que, si bien autóctona de La Gomera, se cree que pudo surgir hace cientos de años de un cruce entre verdejo blanco de Portugal y palomino fino andaluz. 

Para presentar a la Bodega Montoro y a sus propietarios debemos hacer hincapié en cómo muchas veces de lo difícil, de la adversidad, nace la excelencia. Teniendo en cuenta que a La Gomera se le ha comparado con un exprimidor de limones dada su redondez y la sinuosidad de su orografía en que los barrancos protagonizan desde la agricultura y la ganadería hasta su forma de comunicarse –el famoso silbo gomero, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco-, la isla ha logrado extraer lo mejor de sí misma. 

Bodega Montoro es una de las primeras que empezó a embotellar bajo el paraguas de la D.O. Vinos de la Gomera. De hecho, la madre de los Rodríguez, Armenia María, una mujer de amplia sonrisa que emana fuerza y contagia su pasión por la vida, fue hace años presidenta de la D.O. de los vinos canarios. También esta gran mujer está orgullosa de su vino, que se elabora artesanalmente desde el primer momento, cuando en la misma vendimia se seleccionan los racimos que no llegan a dar más de 3.500/4.000 kilos por hectárea.  

Armenia se ríe cuando le preguntamos cómo puede subir sin pestañear y casi a diario ese barranco cuya carretera corta la respiración de conductores y pasajeros y dónde parece imposible que se pueda hacer nada más que contemplar un paisaje tan hermoso como estremecedor.  

La uva forastera gomera supone hoy alrededor del 90% de producción de la isla de La Gomera, que crece especialmente entre terrenos accidentados y bancales

Y, sin embargo, al llegar a los viñedos todo cambia. Lo primero que compensa con creces la aventura es la serenidad y hospitalidad de la familia que recibe a sus huéspedes como amigos mientras les enseñan sus viñas escalonadas y les invitan a probar un vino tan exquisito como singular. “El Montoro Blanco es nuestro vino más emblemático, un blanco joven que tiene el 85% de forastera gomera, un 10% listán blanco (el listán es la uva canaria por excelencia) y un 5% de marmaluejo. Es un vino con notas de manzanilla, florales y frutos secos”, nos explican.  

También elaboran otro joven, Tres Vertientes, con un 50% de forastera gomera y un 50% de listán negro, así como un exclusivo 100% forastera gomera, con crianza de seis meses en roble francés y seis meses en botella. “Por último, nos hemos lanzado a un prodigioso rosado que obtenemos de listán negro, con un 10% de negramoll y un 5% de forastera gomera” cuenta Mario. 

Para presentar a la Bodega Montoro y a sus propietarios debemos hacer hincapié en cómo muchas veces de lo difícil, de la adversidad, nace la excelencia. Teniendo en cuenta que a La Gomera se le ha comparado con un exprimidor de limones dada su redondez y la sinuosidad de su orografía en que los barrancos protagonizan desde la agricultura y la ganadería hasta su forma de comunicarse –el famoso silbo gomero, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco-, la isla ha logrado extraer lo mejor de sí misma. 
Alejandro Rodríguez, Bodega Montoro.

La pasión se sentir, sobre todo al hablar de su uva estrella, la forastera gomera, que en la isla se defiende como parte importante de su patrimonio. Hoy la variedad supone alrededor del 90% de la producción de La Gomera, donde encuentra su razón de ser, especialmente entre terrenos accidentados y bancales de la isla canaria.  

Su singularidad también radica en que no estuvo expuesta a la plaga de la filoxera y permaneció siempre aislada en unas condiciones geográficas y climatológicas muy particulares. Se cree que puede tener hasta 500 años de vida, frente a los poco más de 150 del resto de variedades europeas. 

Etiquetas de diseño 

Le preguntamos a Armenia sobre las vanguardistas etiquetas de las botellas, especialmente del rosado. “Realmente son etiquetas muy especiales, con diseño de Domingo Ayala, un artesano que fabrica su propia bisutería a mano y la vende luego en mercados internacionales desde Nueva York a Australia”.  

Las etiquetas de Tres Vertientes, Montoro y Forastera, por su parte, son obra del diseñador David Trujillo, creador del espacio Ars Septem Gallery en Hermigua, una ilusión personal de Trujillo para difundir el arte gomero. “Ambos son muy conocidos en La Gomera, donde nacieron” concluye Armenia posando con la botella de rosado que pinta una bonita silueta femenina.  

Para presentar a la Bodega Montoro y a sus propietarios debemos hacer hincapié en cómo muchas veces de lo difícil, de la adversidad, nace la excelencia. Teniendo en cuenta que a La Gomera se le ha comparado con un exprimidor de limones dada su redondez y la sinuosidad de su orografía en que los barrancos protagonizan desde la agricultura y la ganadería hasta su forma de comunicarse –el famoso silbo gomero, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco-, la isla ha logrado extraer lo mejor de sí misma. 
Foto: Bodegas Montoro.

Los jóvenes y el oficio del vino 

Hablando sobre el futuro del vino en un terreno tan peculiar, Alejandro comenta que “los jóvenes han de aprender de la piedra, la uva, del vino. Si son capaces de trabajar, lo serán de producir. Tiene que haber una profesionalidad en el campo: sacarle el mejor rendimiento y ganar dinero con él. Para ello “hay que saber cuánto cuesta producir, cuál es la singularidad de tu vino y a cuánto hay que vender la botella”.  

Vino que, por otro lado, es parte del proyecto turístico de La Gomera y de la naturaleza de la isla ya que sus bancales protegen el querido Parque de Garajonay, haciendo las veces de cortafuegos. Y aunque se vende principalmente en La Gomera y Tenerife, ya va entrando en algunos sitios especiales de Madrid donde tiene su éxito dadas su calidad y peculiaridad.  

Terminamos la jornada en el imponente Mirador de Abrante que, por si fuera poco con su espectacular ubicación, cuenta con un suelo de cristal en los siete metros de voladizo en los que pende sobre el vacío ofreciendo una espectacular panorámica del Valle de Agulo e, incluso, del majestuoso Teide que asoma sobre la isla vecina de Tenerife.  

Y ahora sí, nos despedimos con un potaje con berros de La Laguna Grande en el Parque Nacional de Garajonay. 

a.
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