Madrid: t(i)empo de danza

De la mano de coreógrafos, docentes y bailarines, analizamos el estado de salud de la danza contemporánea de una ciudad que, como gran cantera de intérpretes, carece de un apoyo institucional a la altura y una programación diversa y audaz

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.

Estas son algunas de las conclusiones a las que hemos llegado después de conversar con Daniel, Poliana, Ana, Alba, Lucas, Josefina y Antonio, coreógrafos, docentes, investigadores y bailarines, una lúcida representación de los demiurgos de la danza en Madrid, cuyas instituciones, aseguran, no terminan de comprender la magnitud antropológica de un arte que abarca buena parte de las disciplinas culturales. Echan en falta el sustento público, el interés privado, la valentía a la hora de programar y un mayor recorrido de sus obras en cartel, tal y como ocurre en Bruselas, Barcelona, París o Ámsterdam. Es Madrid… y, sin embargo, se mueve.

Danza en tiempos de covid

En los primeros meses de 2021, los acontecimientos han sucedido a golpe de restricciones, de aforos sacudidos por la pandemia, nevadas masivas con nombre de señora y el ruido ensordecedor de unos comicios primaverales nada halagüeños. De todo ese circo ha sido espectadora Josefina Gorostiza (Buenos Aires, 1984), aterrizada en la capital la víspera del Año Nuevo.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Josefina Gorostiza.

Licenciada en Composición Coreográfica, la creadora porteña consolidó en su ciudad natal todas las facetas de su carrera: intérprete, coreógrafa y docente. Un día de finales de 2020, Gorostiza decidió sustituir la estabilidad profesional de Buenos Aires por un Máster en Práctica Escénica y Cultura Visual en Madrid. En estos meses, Gorostiza se ha propuesto construirse una red profesional que le permita compaginar sus estudios con la docencia.

Becada en Argentina por el Fondo Nacional de las Artes, su labor de investigación de la danza parte de una premisa: “el cuerpo es un ente de enorme potencial creativo”. Tras su paso por salas en Bélgica, Italia y España, esta ‘nueva madrileña’ reconoce que, a pesar de la dificultad de “armar una red de alumnos y de colaboraciones”, se siente motivada porque ha empezado a darse a conocer en escuelas como Estudio 3 o BambúDanza. Y añade: “Aún es pronto para dar mi opinión, lo que observo en Madrid es una gran ebullición de clases, propuestas de investigación e iniciativas como MoverMadrid”.

«Danzar no te convierte en otro, te cambia la forma de mirar la vida»

Daniel Abreu

Algo se danza en Madrid

Por tercer año consecutivo, y con una pandemia que fulminó buena parte de la programación de 2020, la Sala Cuarta Pared retoma MoverMadrid, una iniciativa de Poliana Lima y Lucas Condró que tiene lugar durante una semana al mes, de enero a junio. Se trata de espectáculos de gran carga experimental que quedan fuera de la programación oficial por su naturaleza innovadora. Las piezas, que orbitan en torno a una temática mensual concreta, se refuerzan con charlas pedagógicas, talleres y debates. El cierre de la edición de 2021, con el sugerente título La danza en el tiempo, tendrá lugar el primer fin de semana de junio.

A Poliana Lima, coreógrafa madrileña nacida en Brasil en 1983, le corre la danza por las venas desde la niñez. Formada en clásica y contemporánea en São Paulo, Lima ha producido varias obras, algunas de las cuales podrán verse en festivales europeos en este 2021. Como bailarina y docente –forma parte del profesorado del Centro BambúDanza desde 2012–, reconoce que “la danza siempre ha sido mejor acogida para bailar que para ser contemplada. Desde el ángulo pedagógico, la danza aporta goce individual, es una expresión de la libertad, te reconecta y contribuye al conocimiento de uno mismo. Es un arte que atraviesa varias capas: social, sensorial, mental y emocional”.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Lucas Condró.

Lucas Condró (Buenos Aires, 1977) suscribe las palabras de su compañera de BambúDanza y de la iniciativa MoverMadrid: “Falta apoyo a la danza contemporánea. Esto impide que se generen espacios de investigación y de creación en Madrid, como ocurre en Barcelona o París”.

En 2012, Condró puso en marcha el proyecto de investigación Asymmetrical-Motion, centrado en la relación asimétrica entre los tres ejes principales del cuerpo para crear movilidad. Sus alumnos se reparten entre Chile, México, Colombia, Suecia, Francia, Bélgica y España. En 2016, un año después de su llegada a Madrid y como colofón a su investigación, publica el manual Asymmetrical-Motion/Notas sobre pedagogía y movimiento (Continta Me Tienes), junto al dramaturgo Pablo Messiez.

El coreógrafo, pedagogo y bailarín imparte seminarios en varias compañías internacionales y en escuelas como Estudio 3 o BambúDanza: “En Buenos Aires, hay espacios alternativos que gozan de libertad para la investigación. Acá hay un estereotipo de obras que se repite y es la que entra habitualmente en la programación. Debemos tener la posibilidad de buscar un modo autónomo de pensar y de percibir la danza para promover rasgos singulares a través de la reflexión”.

«La danza contemporánea atraviesa varias capas de nuestra existencia:social, sensorial, mental y emocional»

Poliana Lima

Artistas… y programadores

“No me siento programadora, me siento artista. Por eso me gusta haber creado un entorno creativo que viene necesitando Madrid, echo en falta el riesgo a la hora de programar”, recalca Poliana Lima. Lucas Condró continúa: “El ciclo surgió del deseo de generar contenido dentro de un espacio independiente. De ser docentes y bailarines hemos pasado a pensar en la producción y en la programación, y esa parte de nuestra labor puede ser muy imaginativa y fascinante. Tratamos de dar visibilidad a creadores que no han mostrado su trabajo y de dar cabida a obras que ya se estrenaron”. A lo que Poliana añade: “Ha sido un año duro, pero estamos satisfechos con MoverMadrid 2021”.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Daniel Abreu.

En esa dirección, descansa la opinión del también coreógrafo, intérprete y pedagogo Daniel Abreu: “Destaco la apuesta de los programadores por lo local, aunque sea por la situación excepcional que vivimos. Me gustaría ver una programación más plural, hay muchos artistas que enriquecerían la agenda con sus piezas”.

Al igual que Abreu, el coreógrafo Antonio Ruz (Córdoba, 1976) ostenta un Premio Nacional de Danza (2018) y una escuela que cumple diez años de creaciones audaces: “Siento que formo parte de esta década tan importante para la danza contemporánea en Madrid. Espero que la próxima generación vea los resultados de nuestra labor”.

En cuanto a referencias internacionales, Ruz no lo duda: “Francia es ejemplar. Cuidan la cultura desde la esfera pública. Y ocurre también en Bruselas y Berlín”. En abril, la pieza de Antonio Ruz, In Paradisum, creada para la Compañía Nacional de Danza, se estrenó en los Teatros del Canal con motivo del 36º Festival Madrid en Danza 2021. Las localidades se agotaron en menos de 24 horas: “No pude ni avisar a los amigos. Existe una falsa creencia de que la danza no llena teatros, no es cierto. Si haces una buena difusión y amplías la programación a semanas, hay una respuesta inmediata de un público necesitado de espectáculos”.

En mayo, la edición de MoverMadrid cerró con dos pases, en la Sala Cuarta Pared, de Piel. O de cómo volver a pasar por el corazón, una pieza con una poderosa carga sensorial a cargo de la compañía de Alba González (Madrid, 1987) que, de la mano de Alba y de los intérpretes Ana Erdozain y Fran Martínez, investiga sobre el contacto entre pieles y la comunicación entre cuerpos.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Alba González. Foto: @Claudia Herrán.

Creadoras, bailarinas y profesoras, Alba y Ana, que arrancaron sus respectivas carreras en la escuela de Carmen Senra, comparten alumnado en el centro madrileño BambúDanza, donde también ejercen Poliana Lima y Lucas Condró.

Alba González continuó su formación con el Professional Dance Master SEEDS de Cobosmika Company (Girona) y como freelance con un buen puñado de creadores nacionales e internacionales. Desarrolla su faceta de intérprete con diversos creadores del panorama nacional, como performer actúa en varios proyectos audiovisuales y exposiciones de arte. Como pedagoga trabaja en Carmen Senra, Cobosmika SOLC, Carmen Roche, Danza 180º o BambúDanza, y pone en marcha su compañía homónima, en 2011, de donde surgen piezas como Glitter, Nudo y la citada Piel, o de cómo volver a pasar por el corazón, que se estrenó meses antes en el marco del Festival Surge Madrid 2020.

«A mí la danza me ha salvado la vida»

Antonio Ruz

Por su parte, Ana Erdozain (Ferrol, 1981), residente en Madrid desde 1987, profundizó en la investigación del movimiento en Sala Cuarta Pared, el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma y en los centros de Henny Jurriens Dance y School for New Dance Development, ambos en Ámsterdam.

Premiada en el 28º Certamen Coreográfico de Madrid y en el III Certamen DanzaXtrema, de Cáceres, Ana ha participado como asistente de movimiento en la Compañía de Teatro El Pontflotant, junto a Alba, en diversos espectáculos con Carlota Ferrer, y en el espectáculo de Julia de Castro, Exhalación: vida y muerte de La Puríssima, y, también en mayo, presentó su solo 12 // 04 en el Teatro Pradillo.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Ana Erdozain. Foto: @AlbaGonzález.

Tanto Ana como Alba coinciden en que “Madrid cuenta con muchas salas alternativas que programan danza, pero no siempre las condiciones son idóneas (caché, difusión, aforos, condiciones de montaje o tamaño). Y es necesario que la programación de danza, que suele estar tres días en cartel, se equipare a la del teatro, que puede llegar a estar un año”.

Mente sana, cuerpo en movimiento

En la última década, la proliferación de centros y escuelas de danza para no profesionales ha puesto de manifiesto dos cuestiones esenciales de esta rama escénica: su condición pedagógica y la puesta en valor de un arte que siempre ha estado a la cola de la cultura.

En este punto, las docentes Ana y Alba reconocen que la danza recupera patrones de movimiento que hemos perdido con los años y potencia el autocontrol y el poder sobre el cuerpo: “Es una forma de socializar y de acercarse a lo poético. Las escuelas ayudan a acercarnos a la sociedad y eso, a su vez, educa el gusto del espectador”.

Josefina Gorostiza asegura que “la investigación en danza propone diferentes caminos para construir un vínculo único con una misma. Adquieres vitalidad y potencia lo que somos sin necesidad de buscar un cuerpo normativo. Las clases fomentan ese camino que te deja ‘liado’ con la danza de por vida”.

En sintonía con ese pensamiento, Daniel Abreu (Santa Cruz de Tenerife, 1976), Premio Nacional de Danza en 2014, subraya: “La danza no te convierte en otro, te cambia la forma de mirar la vida”. Amante de la astrofísica y autor de una obra escénica que apela a cuestiones psicológicas profundas –las últimas, La desnudez, Abisal y El hijo–, el coreógrafo canario afincado en Madrid desde 1999 insiste: “Anima a la salud física y emocional, amplía las sensaciones, ayuda al desarrollo creativo y cognitivo y cuida la autoestima. Desde una perspectiva antropológica, contribuye a la felicidad”.

Formado en flamenco, danza y ballet clásico, su vida en Madrid arrancó en 1992, con una beca de la Escuela de Víctor Ullate, donde se convirtió, años más tarde, en primer bailarín de su compañía. Después de una temporada como bailarín en Ginebra y Lyon, regresa a Madrid para trabajar en la Compañía Nacional de Danza. Con ese precedente curricular, Antonio Ruz proclama sin pestañear: “A mí la danza me ha salvado la vida. Es un vehículo de comunicación, de ideas, de emociones y de conceptos que nos da esa conciencia del momento presente y una dimensión más espiritual, tanto el que baila como el que mira. La danza, además de mejorar el equilibrio, es beneficiosa para el trabajo en equipo y para aprender a escuchar. Es la alianza de todos los sentidos”.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Antonio Ruz. Foto: @Alba Muriel.

Y, asegura, se siente emocionado al ver la transformación que experimentan las personas que no han bailado jamás: “En mi última pieza, la violista Isabel Villanueva me confesó que la danza le ha abierto una dimensión corporal inédita. Porque, además, la danza tiene el poder aglutinador de disciplinas: es música, imagen, teatro, literatura, artes plásticas, moda, cine… La danza está entrando ahora mucho en el mundo audiovisual, lo cual es un gran paso”.

Y concluye: “Para celebrar estos diez años de vida, hemos realizado una pieza audiovisual de danza, que es un homenaje a nuestra resistencia e ilusión: AÚN (2021). Era una obra que se iba a estrenar en 2020 en el CBA y terminó convertida en audiovisual, codirigido por Manuel Rodríguez, en el que han colaborado 21 bailarines y profesionales increíbles, gracias al apoyo del INAEM, del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid. Un homenaje a esta década que estrenaremos próximamente”.

La hermana pequeña de las artes escénicas

La Memoria Anual 2019 del INAEM, que da cuenta de las principales actuaciones desarrolladas cada año en las Artes Escénicas y de la Música, estima que la dotación total de subvenciones y transferencias nominativas en 2019 ascendió a 26.802.840€. De esta cantidad, tan sólo 429.910€ fueron destinados al sector de la danza en la Comunidad de Madrid, en contraste con los 11.139.980€ en subvenciones autonómicas dirigidos a las artes musicales. Teniendo en cuenta que la Comunidad de Madrid aglutina en torno al 40% de la dotación nacional del INAEM, el sustento público a la danza se mantiene en niveles claramente insuficientes para el gran volumen de producciones de la capital.

«Es necesario que la programación de danza, que suele estar tres días en cartel, se equipare a la del teatro, que están mínimo diez días»

Ana Erdozain y Alba González

Sobre esta cuestión, Poliana Lima argumenta sin tapujos: “Lo que sucede es que los grandes centros generadores de discurso, como Bruselas, París o Berlín, donde sí hay recursos, terminan definiendo estereotipos con respecto a la danza. La responsabilidad de las instituciones públicas es promover una reflexión profunda y Madrid carece de un buen soporte por parte de estas. El arte tiene una labor social que requiere de tiempo y dinero: para dedicarte a la experiencia creativa has de tener tus necesidades cubiertas. Es nuestra responsabilidad social mantener viva la danza”.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Poliana Lima.

Y remata: “Es un arte que tiene más que ver con la poesía, con un lenguaje abstracto que exige trabajar la sensibilidad visual y táctil”. Alineadas con este sentimiento, Ana Erdozain y Alba González, proclaman “la creación de una casa de la danza, un espacio para hacer ‘comunidad’ y compartir las inquietudes del sector, como sucede en otras ciudades. Ayudaría también contar con compañías asociadas a los teatros y que el paro de artistas esté cubierto, como sucede en Francia y Bélgica”.

Daniel Abreu, que conoce los pormenores de la gestión cultural madrileña, afirma: “Madrid goza de ‘buena danza’, otra cosa es cómo se defiende. Seguimos siendo unos desconocidos para el gran público, a pesar de que las cifras de aficionados aumentan. Esta carencia en las programaciones está condicionada muchas veces por razones políticas conservadoras que temen que el público reclame lo de siempre. Un buen espectáculo cautiva, porque hay algo único que sólo da la danza”.

Y Antonio Ruz recuerda que “Madrid cuenta con una programación puntual de danza: un ciclo, un festival concreto…, que se sostiene gracias a la labor de centros como Teatros del Canal, Matadero o Conde Duque. Son pocos los teatros que programan danza regularmente, comparado con Barcelona o con Berlín. En Madrid se ponen etiquetas: esto es moderno, esto no es danza, esto es artes vivas… En contraste, esta ciudad es una gran cantera de bailarines que trabajan por todo el mundo, ya que existe un potente circuito de escuelas alternativas”. El coreógrafo hace un llamamiento: “Si tu pieza ha estado programada en un ciclo del año en curso, aunque sólo haya sido dos días, ya no entra en las agendas de los gestores culturales. Los programadores necesitan tener un compromiso con los profesionales. Hay obras de teatro que están en cartel tres semanas y los espectáculos de danza están tres días”.

Decía la poetisa y activista afroamericana Maya Angelou que todo en el universo tiene ritmo, que “todo baila”. La danza es la armonía entre la corporalidad, la emoción y las sensaciones. Es el paradigma de la poesía visual. La gran herramienta de integración social. Una vía de escape con infinidad de posibilidades. Es la terapia definitiva.
Imagen documental ‘Aún’, homenaje diez años Compañía Antonio Ruz. Foto: @María Alperi.

En definitiva, sea desde la cósmica de la creación escénica, sea desde su perspectiva pedagógica, sea como vía de escape emocional, la labor de los protagonistas de este reportaje, punta de lanza de la vanguardia escénica local, constata una evidencia: algo se mueve en Madrid. Para Poliana Lima, este movimiento pasa por reconocer que “la danza es el lenguaje artístico de la integración. Es una forma de comunicación de cohesión social brutal”. Y en el caso de Alba González y Ana Erdozain su amor por este arte se traduce “en acercar las virtudes de esta práctica a los alumnos, como docentes, y en la comunicación con nuestro público, como creadoras. La danza es un espacio para abandonarse y dejar que emociones y sensaciones nos atraviesen”.

(Foto de portada ‘Piel’ (MoverMadrid) | @anaerdozain).

a.
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