¿Y si Picasso hubiese ilustrado cómics?

Quizás no profundizó en el campo de la ilustración, pero esta exposición en el Museo Picasso de París revela cómo influyó el cómic en su obra

Pintura, escultura, cerámica y hasta poesía. Si algo tenemos claro es que Pablo Picasso fue un artista total que no se resistió a probar ninguna disciplina que atrajese su atención. Ahora descubrimos que incluso las que no desarrolló, como la ilustración, tuvieron un destacado impacto en su obra. Una exposición en París explora por primera vez su relación con el mundo del cómic.

Picasso et la bande dessinée es el nombre de la exposición con la que el Museo Picasso de París celebra su reapertura tras el parón motivado por la Covid-19 y que muestra al creador del Guernica desde una nueva perspectiva.

Y es que, aunque al final de su vida, tal como relata el crítico especializado Paul Gravett en su libro Comics Art (2013), Picasso se arrepintiese de no haber ilustrado cómics, las caricaturas y viñetas satíricas, así como los códigos propios del cómic, habían sido una fuente constante de inspiración desde su juventud.

A través de dibujos, grabados y láminas originales, esta muestra revela la pasión de Picasso por los cómics que le llevó, ya de niño, a crear sus propios periódicos ilustrados.

La exposición explora cómo Picasso habría adoptado códigos propios del cómic en su obra.

Su colección y sus propias obras

La coincidencia entre el nacimiento del pintor malagueño y este arte, a finales de siglo XIX, hizo que la ilustración se cruzase en su camino. “Las ilustraciones, las revistas que empezaban a desarrollarse… Picasso devoraba todas las imágenes” explica el comisario de la exposición en el Museo Picasso de París, Johan Popelard.

De hecho, entre las sorpresas de la exposición están sus propios cómics, álbumes y diarios, que van de Pim, Pam, Poum a Tintín o Little Jimmy pasando por ejemplares de la revista The New Yorker y sus portadas ilustradas, sello inconfundible de la publicación.

A su llegada a París, Picasso accedió a suplementos de periódicos que publicaban cómics y viñetas y quedó fascinado con el ‘noveno arte’

Pero también, claro, creaciones del propio Picasso, como su llegada a París junto a Jaime Andreu Bonsons en 1901, que plasmó con aire caricaturesco, su retrato, junto a su amigo Sebastià Junyer i Vidal, en una serie ilustrada con comentarios, y viñetas como Sueño y mentira de Franco.

Pero fue su llegada a la capital francesa la que alimentó su afición por este género, que él mismo había practicado de niño pintando viñetas ilustradas para sus hermanas Lola y Conchita. En París pudo acceder a suplementos de periódicos estadounidenses que alimentaron su fascinación, según cuenta la coleccionista y amiga de Picasso Gertrude Stein en su Autobiografía de Alice B. Toklas. Ella misma le guardaba los cómics Pim Pam Poum que Rudolph Dirks publicaba en el suplemento del New York Journal a principios del siglo XX.

La muestra incluye dibujos, grabados y ejemplares de la biblioteca del propio Picasso. Foto: Mohammed Badra | EFE | EPA.

Qué hay del cómic en Picasso

Los comisarios de la exposición van un paso más allá al analizar la influencia de los códigos del cómic en su obra. Consideran que fue este mundo gráfico, de figuras deformadas, violentas, vibrantes y grotescas las que le permitieron salir de la continuidad en el arte e introducir en los retratos esa apariencia caricaturesca, que se apreciaba ya en su famoso cuadro de Gertrude Stein (1906).

Como explica el también comisario de la exposición Vincent Bernière, “En Picasso siempre intrigan los ojos, su posición, su desnivel, su carácter desorbitado: puede que otra herencia de sus lecturas apasionadas, esos famosos ojos grandes popularizados por el dibujante Palmer Cox (1840-1924)».

La muestra, que se prolongará hasta el próximo 3 de enero, indaga también en la alianza entre el humor y la imagen, un rasgo inherente al cómic y también una constante en la obra del cubista.

Por último, analiza la importancia de la figura de Picasso para autores y cómics contemporáneos, como Reiser, Clément Oubrerie, Milo Manara o Art Spiegelman: todos ellos lo convirtieron en un personaje y lo integraron de una forma y otra en sus propias obras.

La exposición podrá verse hasta el próximo 3 de enero. Foto: Mohammed Badra | EFE | EPA.

Picasso, también poeta

En paralelo a esta muestra, el Museo Picasso de París ofrece otra exposición, Picasso poeta, centrada en la vertiente literaria del malagueño, especialmente a partir de 1935. La exposición, procedente del Museo Picasso de Barcelona, ahonda en la importancia de la escritura poética, “una actividad regular que estuvo en el centro de su trabajo” explica la comisaria Androula Michael. Una “obra en sí misma” y que además permite comprender mejor su arte y su proceso creativo, por ejemplo, destacando los vínculos entre escritura y pintura, analizando el trabajo de los textos a través del collage, las repeticiones o las variaciones.

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