‘Mujeres de Lot’ o cómo mirar al pasado puede destruirte

Javier Viver inaugura una muestra en Pamplona que revisa el mito bíblico de Edith con un conjunto de esculturas de sal que desintegran con el paso del tiempo

Puede que el arte tradicional aspire a la inmortalidad, a perdurar y permanecer, a superar el tiempo. Todo lo contrario que el conjunto de esculturas efímeras que el artista Javier Viver ha instalado en el patio del Museo Universidad de Navarra. Realizadas en sal pétrea, las Mujeres de Lot irán descomponiéndose a la intemperie bajo los efectos de la climatología hasta desaparecer totalmente.

El conjunto escultórico, explica el imaginero, escultor y fotógrafo madrileño, “tiene que ver con lo ancestral, supera el tiempo, nos remite incluso a Grecia, a esa labor arqueológica de ir conservando estatuas, ruinas que se desmoronan, pero con la voluntad de mantenerlas en el tiempo”. Esto contrasta con el material con el que se han elaborado las piezas, un componente efímero y frágil. “Esa lucha entre lo intemporal y lo perecedero le da a la instalación un toque tremendamente arcaico y, a la vez, se nos va de las manos. Ha sido maravilloso”, subraya.

Las Mujeres de Lot. Foto Museo Universidad de Navarra.
La obra recupera el mito bíblico de Edith. Foto: Museo Universidad de Navarra.

Esculturas efímeras

El conjunto escultórico representa un grupo de mujeres sedentes que recrean el pasaje bíblico de Edith, la mujer de Lot, cuyo relato en el Génesis narra cómo Yahveh salvó a la familia de Lot de morir en el fuego que arrojó sobre la ciudad de Sodoma. En su huida hacia Zoar, les ordenó no mirar atrás. Sin embargo, Edith desobedeció y se convirtió en estatua de sal.

Las esculturas de mujeres, de tamaño real y unos 90 k de peso por pieza, se cocieron en un horno a 300º de temperatura hasta conseguir piezas compactas

Partiendo de este pasaje y del contexto universitario en el que se enmarca la obra -dedicado a la investigación y formación de nuevas generaciones-, la instalación plantea “una reflexión sobre la forma de mirar al pasado para no quedarse cristalizado en sus seguridades y proyectarse hacia el porvenir”. Lo que muestra es, así, “esa actitud de mirar hacia el pasado de una forma casi un poco enfermiza, en la que te quedas ‘enjaulado’ en tu seguridad, en esas nostalgias del pasado”, recalca Vives, que asegura haber utilizado las Mujeres de Lot “casi como un ‘memento mori’, un ‘acuérdate de que todo desaparece’”.

Mujeres de Lot implica, además, una dimensión social, la posibilidad de que el individuo forme un colectivo que mira en una dirección, tanto para avanzar como para retroceder.

Las Mujeres de Lot. Foto Museo Universidad de Navara.
El proceso de creación ha tenido una dimensión experimental. Foto: Museo Universidad de Navara.

Estatuas horneadas

La obra se ha realizado en el transcurso de un taller impartido por el artista en la Universidad. Junto a los alumnos, Vives rellenó con sal húmeda los moldes de aluminio, realizados con alrededor de 50 piezas atornilladas entre sí. Después de compactar los moldes y consolidar el material, las esculturas se cocieron en el horno artesano de Burlada a 200º de temperatura hasta conseguir piezas compactas. Una vez conseguidas las formas de las mujeres, a tamaño real y de unos 90 k de peso por pieza, se trasladaron al Patio Norte, donde permanecerán hasta que la huella del tiempo las destruya.

La propuesta ha conllevado, según el artista, “un grado de experimentación considerable”, ya que se trata de procesos escultóricos experimentales que implican una gran innovación y un cierto grado de incertidumbre. “Se ha cocido la sal de una forma muy natural, casi como se hace con la sal”.

También destaca la participación de los alumnos: «El objetivo no era aprender escultura, sino compartir con el artista el proceso creativo y así ver cómo actuaba y tomaba decisiones. Ha sido como volver a esos orígenes de los talleres de artistas, a la figura del aprendiz”

Alumnos de la Unviersidad de Navarra trabajando en una de las esuclturas del conjunto Mujeres de Lot. MANUEL CASTELLS
Alumnos de la Unviersidad de Navarra trabajando en una de las esuclturas. Foto: Manuel Castells.

Arte con fecha de caducidad

La idea pasa por hacer arte efímero, recalca Vives, que ya expuso Aurelia Immortal en el Museo en 2017. “La gracia de la pieza es que vamos a ir viendo cómo se van desmoronando las estatuas de sal, lo que tiene ese atractivo de ver las piezas como ruinas y ver todo ese proceso de degradación hasta que sea simplemente un charco de sal”.

También el tiempo que aguantarán las piezas a la intemperie es una incógnita, ya que no todas están igualmente expuestas a la lluvia y al viento.

Pese a que se trata de una expresión de arte efímero, no todo se perderá por efecto del clima de Pamplona, ya que toda la documentación de la piezas y las fotografías de su descomposición se convertirá en el “material definitivo” de la obra, cuando las esculturas ya no existan.

Las esculturas se irán degradando hasta quedar convertidas en charcos de sal.
Las esculturas se irán degradando hasta quedar convertidas en charcos de sal. Foto: Manuel Castells.

Javier Viver

No es la primera vez que Viver (Madrid, 1971) coquetea con el arte con fecha de caducidad. Su obra ficticia de arquitectura efímera ESpHeM (2001) planteó el uso de sistemas de embalaje para habitar el mundo y fue mostrada en el Museo Nacional Reina Sofía, el Queens Museum of Arts de Nueva York, la Recoleta de Buenos Aires o la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma, entre otros.

También es autor del fotolibro Révélations (Editorial RM), por el que recibió el Premio al Mejor Libro de Arte del Año, otorgado por el Ministerio de Cultura.

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