Fina Miralles, la artista “sorprendentemente ausente” de los libros de arte

A lo largo de su trayectoria, Fina Miralles se ha buscado a fondo y se ha encontrado. ‘Soy todas las que he sido’ recorre sus 45 años de trabajo en el arte conceptual

En 1973 Fina Miralles (Sabadell, 1950) se enterró en la tierra y suplantó a un árbol como parte de la acción Translaciones. Mujer-árbol; en 1974 se metió en una jaula entre otros animales encerrados como parte de su exposición Imágenes del zoo en la Sala Vinçon de Barcelona; y en 1975 se cubrió con arena, paja, hierba o agua buscando fundirse con un elemento distinto en su proyecto Relació del cos amb elements naturals.

La naturaleza es, de hecho, uno de los elementos transversales abordados por la artista en todo su trabajo, una trayectoria de 45 años que ahora recupera el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) en una muestra, si la covid lo permite, hasta el próximo 5 de abril de 2021.

Con el nombre Soy todas las que he sido y comisariada por conservadora de exposiciones del museo Teresa Grandas, la exposición ahonda además en otros de los temas cruciales abordados por Miralles, como el lenguaje, la pertenencia, la autoridad, el poder (máxime bajo una dictadura como la que ella nació), el orden establecido o el trasfondo histórico, político y social que determina y condiciona nuestra vida y obra.

Fina Miralles, Macba. Foto: Quique García | EFE.

Todas las que ha sido

Al margen de cualquier orden cronológico y a través de sus acciones, fotografías, instalaciones y pinturas, la muestra propone una aproximación a los trabajos que constituyen el eje de la práctica de Miralles. Son trabajos que cuestionan realidades, que desdibujan conceptos como los de arte, artista y espectador, que ponen de manifiesto que “una imagen poética puede poseer también un contenido político”, según la comisaria.

Miralles ha sido adscrita de forma tradicional al movimiento conceptual de los setenta, así como al land art o incluso el feminismo

Adscrita de forma tradicional al movimiento conceptual de los setenta, así como al land art o incluso el feminismo, recuerda Teresa Grandas, su trabajo rompe con las propuestas academicistas de las escuelas de arte de la época y con una historiografía que después no atendió “a la amplitud y complejidad de sus propuestas, que desbordan los límites de esas etiquetas; y quizás por ese motivo su obra es tan poco conocida en el ámbito internacional”.

Dislocar conceptos

Entre las acciones destacadas de la artista se encuenta la mencionada Imágenes del zoo, en la desaparecida Sala Vinçon de Barcelona, un espacio expositivo dentro de una tienda de objetos de diseño.

Imágenes del zoo, 1974. Foto: ©Fina MIralles.

“El gesto de presentar una exposición de arte a modo de visita a un zoo dislocaba no solo el contexto, ya de por sí inusual, aunque cabe recordar que la ausencia de espacios institucionales culturales en ese momento promovió la aparición de exposiciones en espacios alternativos o en contextos fuera del ámbito del arte”, señala la comisaria.  

La exposición se convertía en una visita a un zoo creado por la artista en una sala cultural y Miralles exponía una serie de animales enjaulados, entre los que estaba la propia artista. “La dislocación, la crítica a la autoridad y el cuestionamiento de lo que es natural o artificial son recursos que Miralles utiliza para enfrentarnos a nosotros, espectadores del arte, a una exhibición del artista, de la mujer, del individuo, como objeto que se expone y se contempla, como obra de arte», añade Grandas.

De hecho, la condición de las mujeres, en una situación de inferioridad social en ese momento, sujetas a la autoridad masculina y a una legislación restrictiva específica que determinaba principalmente códigos morales de comportamiento y las encaminaba a la formación y cuidado de la familia como destino único es otra de los ejes temáticos que atraviesa la obra de Miralles.

Obras como Naturaleza muerta (1972), un bodegón en el que se muestran los elementos que constituyen un paisaje, pero presentados como un catálogo de los ingredientes que componen el espacio de lo natural: agua, algas, piedras, arena, hojas…; Naturalezas naturales, naturalezas artificiales (1973), Mujer-árbol (1973), en la que la propia artista suplanta a un árbol y se arraiga en la tierra; y los recorridos fotográficos Relación del cuerpo con elementos naturales en acciones cotidianas (1973) están en esta exposición.

Foto: Quique García | EFE.
Foto: Quique García | EFE.

Además, la película Huellas (1976), que documenta un recorrido de Miralles por su ciudad caminando con unos zapatos que impregnan en el suelo su nombre, en una reflexión sobre la apropiación del espacio público; Standard (1976) que analiza cómo a través de la educación, la cultura, la religión y el poder se nos connota como individuos; Enmascarados (1976); Fragmentos (1980), El rastro de la sirena (2014) o El retorno (2012) forman también parte de la muestra.

‘Sorprendentemente ausente’

El conjunto de obras que se exhiben en el Macba, muchas de ellas donadas por la artista para la exposición, rompe los límites de las convenciones artísticas como puede verse en los paisajes monocromos, la pintura como gesto o la conversión de la artista como objeto artístico en un trabajo “muy comprometido y de gran trascendencia política, que subvierte las convenciones artísticas y que replantea críticamente las convenciones sociales que nos conforman como personas”.

Según la comisaria, la muestra pretende dar a conocer la obra de esta artista excepcional, “sorprendentemente ausente de los libros de arte de los años setenta o de las grandes revistas y publicaciones que, desde ese periodo hasta la actualidad, reflexionan sobre las prácticas artísticas más radicales”, a la vez que “restituir su lugar en la historiografía del arte”.

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