La pasión de Chillida por la naturaleza a través de su obra más desconocida

El museo Chillida Leku estrena una exposición sobre una etapa poco conocida del escultor, la de su fascinación por las maravillas de la naturaleza

Casi como un científico o, mejor, un naturalista, Eduardo Chillida se acercó a la naturaleza con un profundo asombro. Fue una inagotable fuente de inspiración para él y, aunque poco conocidas, muchas de sus obras iniciales, especialmente de los años 50, estuvieron motivadas por la naturaleza y sus leyes.

Foto: Chillida Leku.

Casi como un científico o, mejor, un naturalista, Eduardo Chillida se acercó a la naturaleza con un profundo asombro. Fue una inagotable fuente de inspiración para él y, aunque poco conocidas, muchas de sus obras iniciales, especialmente de los años 50, estuvieron motivadas por la naturaleza y sus leyes.

Ahora estos trabajos, que incluyen desde dibujos de plantas y animales a trazos de naturaleza abstracta pasando por fotografías, manuscritos, fósiles y minerales que el artista atesoraba en su estudio, protagonizan una muestra en el caserío Zabalaga que acoge el museo dedicado al escultor vasco.

En total, dos esculturas y 21 dibujos de corte casi científico se ordenan bajo el título de Leges Naturae, leyes de la naturaleza en latín, precisamente la lengua que se utiliza en biología para nombrar las especies.

Obras raramente expuestas

La sala 5 del museo Chillida Leku (Hernani, Guipúzcoa) acoge esta muestra de piezas que revelan una nueva faceta del artista y en la que tiene cabida también la escultura en piedra tallada en forma de cruz, ejemplo, según el museo, “del vínculo existente para el artista entre naturaleza y un Dios creador”.

Abierta hasta el próximo 10 de junio -aunque de momento solo accesible para el público local debido al confinamiento perimetral decretado como consecuencia de la pandemia-, la muestra se acompaña de una serie de actividades paralelas que echarán a andar después de Semana Santa.

Chillida y la naturaleza

Como explica el hijo de Chillida y comisario de la exposición, Ignacio Chillida, el artista aseguraba que había aprendido más de arte estudiando la biología que visitando museos. Así se refleja en sus escritos de finales de los años 40 y principios de los 50 incluidos en la muestra, que se acompañan de dibujos de plantas y animales, pequeños cuadros y fotos familiares, entre otros.

La muestra incluye 21 dibujos y dos esculturas muy desconocidas y raramente expuestas

En esos años Chillida dibujó amapolas, muérdagos o hiedras en un estilo parecido al de las láminas científicas de los botánicos. También animales, que pintó en sus visitas al zoológico de París durante una estancia en la capital francesa.

Una vitrina muestra libros de su biblioteca personal, entre los que se encuentran títulos como La naturaleza y el hombre, de John Ruskin, y Goethe desde dentro, de Ortega y Gasset, mientras en otra se exponen algunos de los fósiles que recogían los hijos del artista o que él mismo adquirió en diferentes lugares y que sirvieron de inspiración para algunas de sus obras.

Casi como un científico o, mejor, un naturalista, Eduardo Chillida se acercó a la naturaleza con un profundo asombro. Fue una inagotable fuente de inspiración para él y, aunque poco conocidas, muchas de sus obras iniciales, especialmente de los años 50, estuvieron motivadas por la naturaleza y sus leyes.
Leges naturae se podrá ver hasta el 10 de junio. Foto: Juan Herrero | EFE.

Esculturas naturalistas

También se pueden observar fotos de las estancias de la familia Chillida en el Molino de Los Vados, situado en la sierra de la Demanda (Burgos), donde pasaban las vacaciones, y que fue demolido años después para construir la presa de Castrovido.

Precisamente de los muros de ese molino se rescató la pieza titulada Gurutz (Cruz) que Chillida había incrustado en una de las paredes y que solo había sido expuesta una vez, en 2014, en la exposición El viento que no vemos, en Haro (La Rioja).

La segunda escultura que incluye esta exposición es La casa del poeta, una obra en tierra chamota que recuerda a las construcciones aztecas.

Baños de bosque

Cuando comiencen, las actividades paralelas incluirán visitas dialogadas y baños de bosque, una propuesta inspirada en la práctica japonesa conocida como Shinrin-yoku que invita a reconectar con la naturaleza como terapia para superar la ansiedad y el estrés.

Rodeado de un entorno natural imponente, el Chillida Leku será el escenario en que la guía profesional y experta en esta práctica Itziar Insausti propondrá estos  baños de bosque.

Las actividades al aire libre ya cosecharon un gran éxito la pasada temporada, especialmente actividades como cine al aire libre, conciertos al atardecer y clasees de yoga por la mañana. Solo en julio y agosto visitaron el museo 14.000 personas, la mitad de 2019 (cuando el centro se reabrió tras 8 años cerrado). Una cifra que sus responsables califican de “muy positiva” teniendo en cuenta el confinamiento y las restricciones de movilidad ocasionadas por el coronavirus que “reafirman la línea de trabajo”.

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