Botero en Madrid: exaltación de la femineidad

CentroCentro acoge la más ambiciosa muestra del artista colombiano en nuestro país. Su hija Lina Botero y la comisaria Cristina Carrillo de Albornoz nos desvelan las claves

Fernando Botero (Medellín, 1932) mantiene su compromiso con el arte figurativo, la monumentalidad de su estilo y con las tres mujeres que lo acompañan en esta última etapa artística. Además de las que ocupan sus lienzos, las damas que gravitan en torno al polifacético pintor no escatiman en poder, sabiduría y elegancia.

Coleccionista de arte, comisaria, “sus ojos y sus oídos”, Lina Botero es la hija de su primer matrimonio con la figura de referencia de la cultura colombiana, Gloria Zea. La artista griega Sophia Vari es su esposa desde 1978. Y la española Cristina Carrillo de Albornoz, que ha comisariado la exposición, es crítica de arte, autora de varios libros de Botero y fiel colaboradora desde 2000.

A dos días de la inauguración de la mayor retrospectiva realizada en España del pintor, y que ha producido la compañía italiana Arthemisia en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, Lina y Cristina reciben a Tendencias en mitad de un amasijo de montadores, cuadros y emoción: “Sois los primeros en ver la exposición casi acabada”.

‘Botero. 60 años de pintura’

En medio del caos y de la magia que envuelve todo montaje artístico que se precie, la comisaria de Botero. 60 años de pintura nos adentra en el primer capítulo: “Cuando Fernando donó su colección privada de arte (un puñado de maravillas que van desde los impresionistas a Miquel Barceló) al Museo de Botero de Medellín, le propuse organizar una exposición en Madrid. Él accedió encantado y salió increíble (en lo que es hoy El Corte Inglés de Serrano)”.

La exposición ‘Botero. 60 años de pintura’ incluye 67 cuadros de gran formato.

Desde ese momento, continúa, “se consolidó nuestra relación. Tiempo después, Arthemisia planteó la posibilidad de usar este espacio en el que nos encontramos para esta gran muestra. Al principio, a Botero no le convenció –recordaba su fachada barroca y él prefiere espacios limpios–. Más tarde, al ver las salas, cambió de idea”.

Con la clase, el deje melódico y la dentadura perfecta de los colombianos, Lina Botero, que hoy vive entre México, Francia e Italia, se presenta: “Trabajo con mi papá desde hace diez años y es fascinante ver cómo mantiene su compromiso con el arte. Entre otros proyectos, he sido comisaria de varias de sus exposiciones y participé en la mayor retrospectiva de su obra, que fue en 2012, en el Palacio de Bellas Artes de CDMX”.

Como productora ejecutiva del documental Botero (Don Millar), estrenado en España durante la edición de DocsBarcelona 2019, Lina declara: “Tuvo una acogida maravillosa. Se presentó en Colombia, México, Canadá, Estados Unidos, Italia, Países Bajos… y ha participado en más de 30 festivales de cine. A partir de octubre, se podrá ver en su canal nacional de cultura (La 2)”.

«Su obra está ligada a un verso de Octavio Paz: El asombroso olvido de estar vivo. Es un mensaje que ahora tiene mucho sentido»

Cristina Carillo de Albornoz

Como entusiasta coleccionista de arte, la hija de Botero mantiene los pies en la tierra: “La colección de arte que uno pueda poseer es la que el bolsillo le permite armar. Tengo una colección modesta, pero digna. Para quien ama el arte, la crisis no ha sido un problema. ¡La prueba es que se estamos a punto de inaugurar esta exposición!”.

Antes de zambullirnos entre los pliegues y perfiles de las figuras de su padre, no nos resistimos a preguntar por la mujer más poderosa del mundo del arte en Colombia, Gloria Zea. “Mi mamá fue un referente. Para mí y para Colombia: fue Ministra de Cultura, directora de la Ópera de Colombia, directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá (durante 47 años), directora del Ballet Nacional y, además, del Coro Nacional. Siempre he tenido mujeres fuertes en mi entorno y en el mundo del arte. Creo francamente en la fuerza y en la autonomía de la mujer”.

Óleo, acuarela, pastel, tinta china, sanguina, lápiz… Botero es un maestro que domina multitud de técnicas.

La culminación del Boterismo

“Botero es un gran maestro que se une con la tradición pictórica. Aprendió de los grandes y luego se inventó su propio lenguaje. Es el nuevo ismo del siglo XX: el Boterismo”, apostilla la comisaria.

Para Cristina, su estilo es un género en sí mismo y sus formas amables no siempre retratan la felicidad: “Ante un cuadro, Botero se enfrenta a los propios problemas de la pintura, como la técnica o la composición. Luego cada cual que interprete lo que quiera. Su obra está ligada a un verso de Octavio Paz: El asombroso olvido de estar vivo. Es un mensaje que ahora tiene mucho sentido. Botero siempre defendió su estilo, incluso cuando se puso de moda el expresionismo abstracto. Lo que sí comparte con esta corriente son los lienzos de gran formato”.

Lina, por su parte, destaca su faceta como artista polifacético (muralista, escultor, pintor, dibujante): “Una de las cosas fascinantes de Botero es que ha logrado una maestría en técnicas diversas y eso hoy es algo inusual. Mi papá trabaja con mucho dominio el óleo, la acuarela, el pastel, la tinta china, la sanguina, el lápiz a color, la escultura… Botero tiene una frase increíble: Los buenos artistas buscan soluciones, los grandes artistas buscan problemas. Él siempre se busca nuevos retos que le obligan a evolucionar”.

«Botero tiene una frase increíble: Los buenos artistas buscan soluciones, los grandes artistas buscan problemas. Él siempre se busca nuevos retos que le obligan a evolucionar»

Lina Botero

Con vocación pedagógica confiesa que “muchas veces la gente se pregunta por qué Botero no cambia su estilo. Los artistas contemporáneos cambian constantemente. Esto no sucedía antes, un artista se mantenía fiel a su estilo, porque era el reflejo de sus convicciones artísticas y de sus ideales. Botero está comprometido con un estilo sin perder de vista una evolución permanente”. Y zanja: “En un momento dado, se impuso hacer escultura. Dejó de pintar un año entero para aprender a trabajar el bronce o el mármol, fue capaz de llevar su obra, de por sí volumétrica, a la tridimensionalidad”.

Fernando Botero, Gente del circo con elefante, 2007, óleo sobre lienzo.

Amor por Europa

Botero es el único escultor latinoamericano cuya obra forma parte del mobiliario urbano de MadridLa mano, La mujer reclinada y El rapto de Europay de BarcelonaEl gato y El caballo–.

Lina recalca su vínculo con España: “Madrid fue su punto de llegada a Europa, con 19 años. Acababa de ganar el Premio del Salón Nacional de Artistas (unos 7.000 dólares) y llegó acá para inscribirse en la Academia de San Fernando. Fue sólo un día a clases. Pasó el resto del año en las salas del Museo del Prado con lienzo y caballete, copiando las obras de los grandes maestros de la pintura”.

Y añade que España “es una fuente de inspiración enorme, como podrán ver en la serie de La corrida. Un tío de mi papá le inscribió en la escuela taurina de la plaza de toros de Medellín. Enseguida supo que no tenía la valentía para ser torero (risas), pero desarrolló su pasión enorme por la corrida”.

A sus 88 años, Fernando Botero ha dejado atrás sus idas y venidas como artista itinerante. La comisaria de Botero. 60 años de pintura subraya: “Él siempre ha defendido que un artista es nómada. Tenía estudios en París, la Toscana, en Nueva York, en Colombia, en México… y ahora se mueve entre Montecarlo y Grecia, país de origen de su mujer. Con su edad, despliega una energía y capacidad de trabajo ejemplar”.

España es una gran fuente de inspiración para Botero, como se puede ver en la serie de ‘La corrida’.

Su hija va más allá: “Aunque los médicos le han desaconsejado viajar a Madrid, mi papá está muy bien de salud. Sentirse creativo y recibir propuestas como esta le hace sentir verdadero entusiasmo por la vida. Un día de trabajo de mi papá arranca a las once de la mañana en el estudio, descansa a mediodía un ratito y continúa toda la tarde. Lleva una vida dedicada al arte, tal vez por eso se mantiene joven”.

Prueba de su trabajo reciente son las piezas de la sala Acuarelas sobre lienzo, de 2019, realizadas en su estudio de Montecarlo, con vistas al puerto que “le regaló en vida el Príncipe Rainiero hace 30 años. Fue una iniciativa hermosa para impulsar las artes en Mónaco”. Lina concluye con orgullo: “Otro lugar donde mi papá tiene estudio es en la isla de Eubea, en Grecia, de donde es su esposa y artista, Sophia Vari. ¡Les une una relación de más de 40 años!”.

La mayor retrospectiva en nuestro país

En rigurosa sintonía con sus maneras voluptuosas, el conjunto de obras que componen la exposición se impregna de este característico estilo en permanente evolución –para algunos desmedido, procaz o infantil, para otros sencillamente prodigioso– que se decanta por la viveza cromática, la exacerbación del volumen, la sensualidad de sus formas y composiciones.

Nos seduzca su género o no, la experiencia de contemplar un Botero, en su grandiosidad de formatos, termina por ser una reconciliación con la pureza del maestro del arte moderno. Ante nuestra fascinación, Lina interviene: “Pronto entendimos que el espacio pedía no un orden cronológico, sino una separación por temáticas. Ha sido un gran trabajo de equipo con Cristina, una curadora maravillosa, con mi papá, con Arthemisia y CentroCentro”.

Dividida en sietes secciones (salas), el conjunto de 67 cuadros de gran formato ocupa el sótano del edificio que alberga el Ayuntamiento de Madrid. En una de ellas, cinco grandes cuadros apoyados sobre el suelo distan de los colores del resto de sus hermanos. Cada uno de los lienzos exhibe una figura humana cuyo trazo en acuarela nos devuelve a los primeros años del creador.

Fernando Botero, Naranjas, 2008, óleo sobre lienzo.

Cristina apunta que “Botero recupera con estas últimas obras una técnica de sus primeros años y lo hace sobre lienzos de gran formato. Se ve a la perfección la fineza de trazo, que no ves cuando está impregnado de color”.

En definitiva, Botero. 60 años de pintura termina por ser un viaje a través de sus seis grandes temas –América Latina, Versiones, Naturalezas Muertas, Religión, Corrida y el Circo, estos tres últimos como los grandes temas universales de su obra– más la última sección de Acuarelas sobre Lienzo, que bebe de la técnica del fresco, tan de la Italia de los cincuenta.

En ese abanico de retos en el que el colombiano explora las posibilidades artísticas, radica su contundencia plástica y la magia de su trabajo.

Ante la última, y no siempre acertada, cuestión –la de las preferencias, los favoritos, las obras que nos sacuden–, Lina Botero asume el desafío con diligencia: “Hay tantas obras de la exhibición que adoro… Hay un cuadro que me fascina por su particular fuerza: el de la pera. Mi papá siempre dice que las formas más sencillas de la naturaleza, como la manzana o la naranja, son las más complicadas de pintar, porque en esa sencillez tiene que quedar impreso el estilo y cualidades de un artista”. Y, con un guiño, concluye: “Es un reto magnífico ya que, siendo un tema sencillo, tiene una monumentalidad maravillosa en sus convicciones artísticas”.

La exposición podrá verse hasta el 7 de febrero en CentroCentro (Plaza de Cibeles, 1) de lunes domingo en horario de 10:00 h a 20:00 h. Las entradas tienen un precio de 12 euros (general, 9 reducida) y pueden adquirirse a través de la web www.boteromadrid.org.

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